Solemnidad de la Epifanía
Is 60,1-6/Sal 71/Ef 3,2-3ª.5-6/Mt 2,1-12
Y postrándose, lo adoraron.
Llegaron de oriente, siguiendo una estrella que, según ellos interpretaron, era la señal del nacimiento del Rey de Israel. Lo encontraron en la humildad de un pesebre, en Belén. Postrados ante Jesús, lo adoraron y le ofrecieron regalos.
Estos personajes misteriosos y entrañables representan a todos los hombres de todos los tiempos (ahí estamos tú y yo), que reconocen y celebran en el nacimiento de Jesús el cumplimiento de las esperanzas de todos los pueblos de la tierra.
Esta fiesta te invita a contemplar, deslumbrado, el gran misterio del amor de Dios. Póstrate junto con los magos, toma al niño, abrázalo. Es el tierno Hijo de Dios que viene a responder a todas las preguntas, a abrir todas las puertas cerradas, a iluminar toda sombra de oscuridad. Es el Dios-con-nosotros que viene a caminar contigo y con todos, solidario y hermano. Acógelo, recíbelo, acéptalo. Nació para ti. Es tuyo.
Por cierto, ¿qué regalo le puedes ofrecer? ¿Qué cosa buena podrías hacer para que el Niño sonría, complacido?
Ponemos ante ti, Señor, el futuro de nuestros niños.







