Epifanía del Señor (reflexión de Javier Balda, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

CREDITS
Author: Javier Balda, C.M. .
Estimated Reading Time:

baldaLos ángeles han regresado al cielo. Los pastores caminan otra vez, junto a sus ovejas en busca de nuevos y buenos pastos. Una estrella brilla con nueva luz y corre por el firmamento. Es la estrella que ven los magos, como un «signo milagroso», signo milagroso que ellos interpretan como una señal del cielo y por la que se dejan guiar hasta Belén.

Jesús, el niño de Belén, nace en un pueblo pero no es propiedad de ese pueblo. Jesús, el Hijo de Dios, ese niño envuelto en pañales, recostado en un pobre pesebre es el libertador prometido, pero no sólo del pueblo de Israel sino de toda la humanidad. Jesús, ese niño pequeño, indefenso, pobre, necesitado de amor, es el Salvador, no de un pueblo esclavizado por la tiranía de otro pueblo, sino el Salvador del mismo hombre, sin distinción de raza o nación, esclavo de sus propias injusticias, esclavo de sus propios pecados. Jesús, ese niño que llora, que tiene hambre y frío, ese niño que ni tiene camita para dormir, es el Mesías, el Redentor de todos los hombres; es la Luz que vio un día el profeta Isaías y que «ilumina a todos los pueblos», a todos los hombres.

Los gentiles, los paganos según el pensamiento judío, representados en los «tres magos de oriente», iluminados en su itinerario de fe por la estrella, se ponen en camino, buscan nuevas luces en su encuentro con los doctores y en las profecías de las Sagradas Escrituras, y superando toda clase de dificultades, encuentran al «niño con su madre María», lo adoran, le ofrecen sus dones: oro, incienso, y mirra, e iluminados por la nueva Luz recibida y por la voz de cielo que les habla, regresan a sus propios pueblos para ser testigos de su fe, para proclamar que el Dios de Jesucristo es el Padre de todos los hombres, que Jesús es el Salvador Universal, que todos los hombres están llamados a pertenecer al nuevo Reino de Dios implantado en el mundo con el nacimiento de ese Niño-Dios.

Al llegar le habían ofrecido sus dones. Al despedirse después de adorarlo le manifiestan su agradecimiento. Al marcharse le entregan su compromiso: Ser estrellas que iluminen el camino y la vida de otros hombres para que un día, también ellos, descubran y acepten la Nueva Luz que ha brillado en Belén y que señala el único y verdadero camino de salvación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *