Empezar de nuevo

Francisco Javier Fernández ChentoHijas de la CaridadLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Telmo Aldaz de la Quadra Salcedo .
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Hemos vuelto a Santo Domingo para recoger al padre José Miguel de Haro que viene en un vuelo de Air Europa al aeropuerto de Las Américas. Al salir de Puerto Príncipe nos paramos a preguntar en una interminable cola para que era. Nos cuentan que han perdido toda su documentación. Pasaportes, tarjeta de identificación, títulos académicos, toda constancia escrita de su identidad, no tienen papeles que demuestren quiénes son, ni cuál es su formación. En Haití, de repente una parte de la vida se ha borrado, no existe…

Cruzamos la frontera de Malpasse a Jimaní, tras cinco horas hasta Santo Domingo, llegamos al aeropuerto de las Américas.

Llevamos al Padre José Miguel a la Avenida 30 de Marzo, sede de los Misioneros Salesianos para pasar la noche. Allí le reciben como un hermano más.

Los misioneros Salesianos nos cuentan cómo han perdido a 500 alumnos y profesores muertos bajo los escombros de sus centros de formación de la capital haitiana…

Un marine en Ckité Soleil. (Cuesta)

Todos los días envían desde Santo Domingo ayuda en camiones a los diferentes campamentos de Puerto Príncipe.

Franklin Ortega prepara con el Padre de Haro la forma de trasladar los contenedores que han enviado por barco desde España con ayuda que ha recogido la Ong Acoger y Compartir para Haití.

Los tres Salesianos mayores recuerdan al Padre Vicente Rubio, Dominico español y uno de los mejores historiadores expertos en la época Colombina.

Al Padre Rubio lo conocí en Santo Domingo. Cuando hablabas con él, parecía que conociera a los descubridores españoles en persona, conocía todo del descubrimiento de America de una manera que parecía que él mismo había sido tripulante de las carabelas de Colón, de la Canoa de Diego Méndez, Cronista de Ojeda, Narváez, de Soto…

Salimos a las 3 de la mañana de Santo Domingo.cNo hay nadie por las calles de a capital a estas horas.

Paramos en Azua a tomar un café en un colmadito. En Azua estuvo de escribano Hernán Cortes antes de pasar a la Nueva España. También fue el puerto al que llego Diego Méndez, ilustre marino español que salvó la vida del Almirante y de toda la flota durante su cuarto viaje, al encallar durante un año en Jamaica.

Remando con Tainos en una canoa. Siendo la primera expedición conjunta por mar entre indígenas americanos y gentes del viejo Mundo. En 1995 navegamos con una canoa, rememorando la hazaña náutica tal como hizo Diego Méndez de Zamora en 1503.

El padre nada más pasar la frontera comienza a ver el dantesco paisaje de edificios en ruinas envueltos en hierros y polvo. Ya no habla, impresionado se le ve rezar entre dientes. Suena en la radio del coche una canción triste de Carla Bruni mientras los helicópteros ‘chinook’ americanos pasan en vuelo rasante sin parar. Entramos en Puerto Príncipe.

El Padre de Haro baja del coche entre miles de gentes que se afanan ya en picar los escombros de los edificios. Comienza la reconstrucción. Las máquinas dejan solares vacíos donde antes había casas y edificios.

En la casa de los Redentoristas reciben con lágrimas a José Miguel de Haro. Se abrazan. Le enseñan lo que queda de la residencia, su cuarto que ha sido sepultado por toneladas de cemento le recuerda al 12 de diciembre en la inauguración del centro recién construido. Todo eran sonrisas de niños y mayores. Un mes más tarde, en cinco minutos, todo esto se rompe: los sueños, la esperanza de un futuro mejor…

Pero el pueblo haitiano es un pueblo esforzado y saca fuerzas de flaqueza para empezar de nuevo.

Tiendas del Ejército

Descargamos las tiendas donadas por el ejército de tierra español y las tiendas donadas por MRS. Una de estas tiendas modulares la instalaremos mañana en la misión de las Hijas de la Caridad en el barrio de Silber Laplat. Aquí atienden cada día a más de 500 personas y dan de comer a otras tantas.

Camino de este centro de Maria Magdalena nos sigue el corresponsal de la Vanguardia Félix Flores para poder hablar con las Hijas de la Caridad en un moto-concho (moto con chofer, donde el pasajero va de paquete).

En el monumento del Mundo y las manos, al lado de la base norte americana del aeropuerto, una fila de más de mil mujeres se amontona para coger turno en el reparto de comida. Son todas de Cité Soleil, el barrio más conflictivo y pobre de la historia de Haití.

Reparten comida sólo a las mujeres, deben ir acompañadas de un hombre para que les lleve la caja con lo asignado para cada familia. La situación se pone bastante tensa, comienzan los empujones, peleas y carreras. Los soldados se repliegan.

Cierran las puertas Félix Flores vuelve resoplando y la cola se dispersa como por arte de magia. Dos jóvenes de Cite soleil me cuentan lo que casi todos repiten. No hay trabajo, no hay comida, no hay nada y lo poco que queda se lo llevó el terremoto.

Llegamos a la misión de la Hijas Caridad. Descargamos una de las tiendas modulares que nos cede el Ejército español. Las Hermanas tienen que atender a todos los heridos y enfermos debajo de unos plásticos atados con palos. No pueden hacerlo dentro, todo ha quedado destruido.

Nos dan de comer trigo cocido con lentejas. Dormimos en el patio junto a varios trabajadores que se refugian en este sitio. A las 18 horas ya es de noche. Dormimos viendo las estrellas, las mismas que vieron Los Tainos, Las mismas que guiaron a los barcos españoles en la conquista de estas tierras hace ya muchos siglos. Toda la noche se reúne mucha gente de toda la zona para la consulta de por la mañana.

Las Hermanas se levantan temprano, a las 4.30 horas de la mañana para comenzar a preparar el material médico para las consultas y la comida.

Todavía con la noche cerrada cuatro hombres mayores y muchos jóvenes nos ayudan a montar la tienda que servirá de consulta. En unas horas ya está montada. Vemos cómo, a pesar de ser sólo una tienda, la gente se anima, trabaja, se siente útil, ve como su trabajo sirve para algo, sirve para salir adelante con la ayuda de los demás pero con su esfuerzo.

Las Hermanas Hijas de la Caridad preparan en un minuto el interior y lo acondicionan para comenzar la consulta. Después de un rato llega el Padre José Miguel de Haro. Nos vamos a la sede de Naciones Unidas, que tiene la base en el aeropuerto.

Hay miles de carpas, coches y camiones. Buscamos a un amigo que trabaja en este sitio para pedirle carpas y algún transporte. Nadie sabe quién es.

Reunión de los familiares de las víctimas

Hoy se reúnen en el colego de San Gerardo todas las familias de las víctimas del derrumbe y los que se pudieron salvar. Familias enteras se sientan alrededor del padre Redentorista.

La vista sobre la bahía de la capital te hace olvidar la desgracia.

La luz se parece a la de África. La pena de oír las historias de todas las familias que una a una le cuentan al padre la pérdida de alguno de sus hijos, nietos, sobrinos, te encoje el alma. José Miguel trata de infundir fuerzas y esperanza.

Cuenta cómo toda España se ha volcado con Haití. Como desde instituciones, gobiernos, ayuntamientos particulares, familias, niños, han puesto su esfuerzo en ayudar a este país. Cuenta cómo el Real Madrid se ha comprometido a reconstruir la escuela entera de San Gerard.

Que el Ejército de España se ha interesado por el orfanato de Leogan y que esta aportando carpas para este fin, como el Canal Voluntarios de Canal de Isabel II de Madrid y la misma Comunidad de Madrid se ha brindado para la ayuda de emergencia y da las gracias a todos ellos. No se olvida de los cientos de familias de Boadilla y alrededores que no han parado de trabajar por esta causa. También a la de los jóvenes de MRS por su iniciativa. El Padre Haro nos dice: «Se han quedado en mi corazón los ojos de tantas madres hablándome de sus hijos muertos. Una verdadera tormenta de dolor…»

Muy temprano, el padre celebra una misa con unas cuantas personas del barrio… José Miguel reflexiona y dice: «De ahí viene una fuerza que me sorprende por momentos. Ante el Cristo caído y fragmentado de la iglesia San Gerardo, que sigue entre una de las vigas y los escombros… sólo he podido guardar silencio y dejar que las lágrimas trajeran paz y fuerza».

Todos rezan en una imagen única de emoción, tristeza y esperanza.

Tomado de Diario El Mundo

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