El tiempo de la continuidad en las misiones populares

Francisco Javier Fernández ChentoMisiones popularesLeave a Comment

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Autor: Luis María Martínez Sanjuan, C.M. .
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¿Y qué pasa luego?

P1010486Es una pregunta que ha quedado pendiente. He recalcado un montón de veces que la misión la entendemos como un «proceso«. Un proceso con tres tiempos básicos: preparación, tiempo fuerte y continuidad. Al referirme ahora al tiempo de continuidad, «¿qué pasa luego?» es la pregunta clave y la pregunta que se hacen la mayoría de las personas (no sólo los curas) que han vivido un tiempo fuerte.

Luego pasa lo que tantas veces dijeron Pablo, el evangelizador, y todos los apóstoles: que el Espíritu del Señor está vivo entre nosotros. Pero claro, no vale sólo con el Espíritu, pues la gran tragedia de la fe es que Dios Sí quiere, pero ha dejado al hombre como «portador» de su obra. Y lo que pase va a depender en gran medida de nosotros.

¿Qué pasa luego? Dos o tres cosas, fundamentalmente. Una comunidad puede decir: «No os preocupéis, ahora todo queda en buenas manos; en las nuestras» (Así me lo dijo un obispo). También puede decir: «Ahora necesitaríamos vuestra colaboración en esto y en esto«. Y la tercera cosa: «Se puede volver a las andadas», pues a veces no convencen las líneas apuntadas, o es difícil desarrollar un trabajo evangelizador que no quiere ser ni restaurador ni rutinario.

De todas las formas y una vez más, la continuidad es una labor de dialogo con la parroquia, de discernimiento y de compromiso activo.

Si la parroquia acepta o pide colaboración, nosotros la ofrecemos humildemente y siempre subsidiariamente (o sea, que procurarnos no meternos donde no nos llaman).

¿Me permitís citar ahora unas cuantas cosas que ofrecemos al presentar una misión?

¿Cuándo comienza la continuidad?

Según la dinámica propia de nuestra misión, en el Tiempo Fuerte de Misión, e, incluso, en el Tiempo de Preparación. No obstante, hay en nuestro plan de trabajo un momento especial para poner las bases de la continuidad: La Asamblea del Pueblo de Dios.

La Asamblea del Pueblo de Dios, como he señalado ya,  es una Celebración de la Fe en el Espíritu que sopla donde quiere. Para llegar a unas conclusiones de la Misión y a unos compromisos, al preparar dicha Asamblea se entrega en cada uno de los «Grupos de Encuentro» que han funcionado una hojita para que cada persona exprese y concrete su «deseo de continuar». Luego viene una tarea de organización que queda en manos del párroco y su Consejo.

Y repito que a continuación ofrezco unas sugerencias, con sentido de subsidiaridad, (sólo cuando la parroquia las pide y las necesita), y siempre en orden a crear comunión [Koinonía]. Son tareas diversas que miran las distintas funciones de la Iglesia: Liturgia, Diaconía [caridad-servicio], Kerigma [formación en la Palabra].

Ni que decir tengo que a nosotros nos preocupa de modo especial cómo se va a continuar anunciando la Buena Noticia a los pobres con obras y palabras.

Algunas ayudas/colaboraciones:

  1. Información, presentando «guías accesibles», para que la propia comunidad continúe realizando su propio Plan de continuidad.
  2. Posibilidad de continuar la formación de agentes, teniendo con ellos encuentro puntuales de 2 o 3 días.
  3. Proporcionar materiales adaptados a los Grupos, que varían según sus circunstancias y su edad. Señalamos algunos:
    1. Muy importante es el de los «matrimonios jóvenes» que tienen hijos (a veces también consortes) a los cuales se les encarga «evangelizar».
    2. Muy prácticos: Formación y ejercicio en Grupos de oración, de liturgia, de Biblia. Y la posibilidad de continuar los Grupos de Encuentro.
    3. Catecumenado Vicenciano para Adultos y/o Jóvenes, manteniendo la coordinación con nosotros para que no se pierda la identidad.
  4. Acciones con jóvenes y niños, encaminadas a llenar los vacíos que deja la catequesis parroquial ordinaria. Posible base para un movimiento.
  5. Tareas de revisión y de planificación, al final y al comienzo de un curso.
  6. Poner en marcha o potenciar servicios caritativo/sociales.
  7. A veces también, y esta resultando motivador, hay «seglares misioneros de la zona» que, en estrecha colaboración con el equipo, ofrecen su ayuda a comunidades necesitadas de personal para llevar adelante tareas específicas.

Estas son algunas de las acciones que se realizan en el tiempo de continuidad en colaboración. Con todas estas ayudas, pues, co-laboramos, en lo que podemos y cuando hace falta, en orden a promocionar la Comunión de comunidades misioneras y comprometidas.

Y no quiero terminar esta noticia sin referirme a un encuentro de dos días que estamos realizando en verano, todos los años, dirigido a Líderes Parroquiales o Misioneros, y programados desde la base en diálogo con las personas interesadas y con la intención de responder a sus necesidades. Y es una forma de potenciar un espíritu misionero demasiado ausente de nuestras iglesias. Pensad si no en lo que hace unos días decía el admirado J. D. Martín Velasco:

«A mí me extraña que la Iglesia, que viene hablando de evangelización durante toda su historia, por supuesto, pero con una insistencia enorme a lo largo de todo el siglo XX, lleve casi un siglo insistiendo en la necesidad de evangelizar y no haya conseguido movernos a evangelizar. ¿A qué se debe esto? Yo creo que deberíamos preguntárnoslo con seriedad».

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