El Señor Portal y los suyos (1855-1926) (20)

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la MisiónLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Régis Ladous · Traductor: Máximo Agustín, C.M.. · Año publicación original: 1985 · Fuente: Les Éditions du Cerf, Paris.
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Capítulo IX: Protestantes de Francia y de Alemania

Portal descubre por fin a los protestantes franceses

Portal-AMientras sus colaboradores surcaban Gran Bretaña y Rusia, Portal integraba en sus actividades unionistas a los cristianos más alejados: a los protestantes franceses. Era el momento en que la mayoría de los católicos denunciaban la alianza de los hugonotes con los enemigos de la Iglesia, y en que una parte de los hugonotes se dedicaban esta acusación, como Eugène Réveillaud, diputado radical socialista de San Juan d’Angély , director del Signal, fundador y agente itinerante de la Misión interior evangélica que la Revue catholique des Églises calificaba de «obra de proselitismo en país católico144». De enero a octubre de 1904, la revista de Portal no habló de los reformados franceses más que para indignarse por sus tentativas de «protestantizar» Francia.

La mayor parte de ellos caminan con la francmasonería y con los librepensadores contra el catolicismo,

creyendo sin duda que podrán levantar templos con las ruinas de nuestras viejas iglesias145

Difícil de sostener este tono en un periódico que, al mismo tiempo, hacía el elogios del Dissent británico bajo la pluma del congregacionalista Selbie, Difícil sobre todo meter a todos los hugonotes en el mismo saco cuando se está rodeado de amigos católicos que conservan buenas relaciones con protestantes franceses, ya se trate de sabios como von Hügel muy unido a Paul Sabatier, de historiadores como Imbart de La Tour, que supo tratar de los orígenes de la Reforma de un modo científico, de conferenciantes como Leroy-Beaulieu, que denunciaba en el anti-protestantismo una «doctrina de odio» tan temible como el antisemitismo o el anticlericalismo, de filósofos como Fonsegrive, habituado por el Sillon a trabajar con protestantes por la defensa de valores cristianos comunes, de «políticos» como Hemmer, que dialogaba con pastores en el seno de la Unión por la acción moral, de «sociales» como Turmann que había dado a los Petites Annales estudios totalmente objetivos sobre las Uniones cristianas de jóvenes, sin hablar de los cercanos, Chevalier, Tavernier, Calvet, Morel. Sobre este particular, Portal no fue por supuesto un precursor, al contrario, fue empujado hacia delante y convertido por su amigos. Calvet y Tavernier desempeñaron un papel decisivo.

Calvet se encargó de recordar a los lectores de la Revista que la polémica anti-protestante era del todo extraña al método de San Vicente de Paúl, insistiendo mucho para Portal conociera un estudio publicado en la Revista (se trata del nuevo título del a Revue des Revues) del 15 de agosto, del 1 y 15 de setiembre de 1904: exponía bien en claro la existencia de una importante corriente ecuménica en el seno del protestantismo francés. Sobre veintidós personalidades preguntadas, diecinueve (entre ellas Tony Fallot, Jean Monnier, Wilfrid Monod, Ernest Naville, Charles Wagner) pensaban que había que entenderse con los católicos para salvaguardar los «intereses comunes» y trabajar juntos en la obra social que se imponía a los cristianos del siglo XX.

Hermosas conclusiones se podrían sacar de estos testimonios [insistía Calvet]. Me parece que ahí están los logros de la Revue catholique des Églises146.

No se sabía que Calvet fuera tan hugonote; pero sospechoso y bien pronto perseguido por los medios bien pensados de Toulouse la Piadosa, había hallado simpatía y comprensión entre universitarios reformados de Toulouse y de Montauban, quienes, entre otros temas, compartían sus vistas sobre las relaciones del Estado y de la Enseñanza superior confesional.

Otro abogado sorprendente de la causa protestante: Tavernier, muy hostil a la religión pretendida reformada, pero atento a todo cuanto permitiera desafiar a la ofensiva anticlerical. Fue él quien avisó a los lectores de la Revista de la evolución política de los reformados franceses: ahí están los que a su vez se mueven y declaran

unánimes en rechazar con todas sus fuerzas la ley salida del cerebro del Señor Combes. Sobre todo, se asustan por el artículo 8 que prohibe la unión de las asociaciones religiosas fuera de los límites de un departamento. Tales medidas, dicen, darían por resultado no la separación, sino la destrucción de las Iglesias.

No se confundan estos protestatarios con los anticlericales violentos.

En el momento en que Calvet y Tavernier aportaban a la Revista un tono nuevo y trataban de sacar a Portal de su anti-protestantismo, llegó una llamada de Lyon al Cherche-Midi. Provenía de Aimé Pallière, quien, por esa época, se presentaba aún como católico y animaba con el abate Samuel y el pastor Léopold Monod, de la Iglesia libre, una asociación de oraciones por la unión de los cristianos de todas las Iglesias. Caída en somnolencia desde su fundación, en 1893, en la dorada época del unionismo leoniano, la asociación se despertó cuando la llamada más tarde «escuela de Lyon» hubo creado entre Rhône y Saône un clima favorable a la audacia. Pallière, Samuel y Monod para el 13 de noviembre de 1904 una reunión de nuevo impulso; a ella invitaron a Portal, que conoció así la existencia de un grupo francamente ecuménico, donde católicos colaboraban con responsables protestantes como los pastores Léopold Monod y Aeschimann, también ellos en unión con colegas parisienses, comenzando por dos representantes de la innumerable tribu de los Monod, los pastores Horace y Théodore.

Portal lo meditó bien, midió su educación de las Cévennes con el ejemplo que le daban sus amigos, luego anunció su «conversión» a quien más la disfrutaría, Jacques Chevalier, que visitaba entonces comunidades metodistas y congregacionalistas del norte de Inglaterra:

Habría también creo yo en ese momento una posibilidad de acercamiento político que se operaría a espaldas del Señor Combes. Los protestantes están bien armados contra el proyecto de nuestro ilustre ministro y colocándose en el terreno de la independencia de la Iglesia frente al poder civil habría ocasión de hacer andar juntos a católicos y protestantes147.

No se trata todavía más que de una alianza política para defender la libertad de la Iglesia (un singular curioso, a propósito: ¿estarían los protestantes?). Pero en un artículo de dieciséis páginas que publicó en el número de diciembre en la Revista, un verdadero manifiesta que subraya el cambio de dirección con toda la amplitud deseable, Portal desemboca en una perspectiva Unionista.

Ese es para los católicos como para los protestantes un terreno en el que han de verse. Unos y otros deberán luchar por la independencia de la obra de Cristo: tendrán que defenderla unos y otros contra las invasiones del estado que quiere apropiársela y aniquilarla. El despertar que se observa entre los protestantes prueba lo que se puede esperar de su fe; y si es cierto que las amistades contraídas en campaña son las más fecundas, se puede esperar mucho por la unión de la guerra que se prepara148.

La guerra no tuvo lugar. El proyecto Combes cayó en las mazmorras parlamentarias, y Portal, extasiado, saboreó la virtuosidad de Aristide Briand que defendió y logró pasar una ley de separación cuyas grandes líneas satisfacen tanto a la mayoría de los protestantes como a los católicos concordatarios. El lazarista no se lucró menos del espíritu nuevo creado por la amenaza combista de anudar relaciones duraderas con la facultad de teología protestante y varias personalidades reformadas, como también con la Unión cristiana de jóvenes de la calle de Trévise, la misma que había descrito Turmann en los Petites Annales. Portal fue guiado por estas tierras que no conocía bien por Aimé Pallière y un amigo de Pallière, un miembro del grupo de Lyon, el católico Alberti Jounet, director de la revista Résurrection, quien le presentó a Horace Monod, su antiguo camarada de colegio. «Está dispuesto a asistir a una reunión fraterna y a llevar, si puede, a otros asistentes de su confesión149». Con eso el profesor Bonet-Maury se hizo del grupo, de manera que el 13 de diciembre de 1904 Portal pudo escribir a Chevalier:

Por fin creo que logramos entrar en los protestantes franceses. He visto a Bonet-Maury quien me ha prometido mandarnos algunos estudiantes de la facultad protestante y a Horace Monod, pastor, que debe hablar de nosotros a algunos de sus colegas. Nuestra tentativa ha interesado a uno y otro. Éste último me decía ayer: «Sólo temo una cosa y es que todos quieran venir». […] Acabaremos por descubrir entre ellos a dos o tres que estén en total armonía con nosotros y que quieran unirse en la tarea. Por ahora mis ojos están puestos en J. Monnier, joven profesor de quien hablan y no acaban.

Fin de enero, Portal devolvió la cortesía: fue en casa de Bonet-Maury donde dio a unos quince estudiantes protestantes una conferencia sobre la Iglesia anglicana. El anglicanismo explicado a jóvenes teólogos reformados por un sacerdote católicos: era el camino hacia el ecumenismo. A partir de entonces los contactos se diversificaron, se extendieron a grupos de acción social femeninos así como a la Unión cristiana de la calle de Trévise donde Portal fue a dar conferencias una de las cuales, a finales de 1907, sobre Vicente de Paúl y la Reforma católica. La amistad de Paul Sabatier, el pastor que había puesto su talento generoso al servicio –entre mil cosas más- de san Francisco de Asís, ayudó al lazarista a continuar por este camino peligroso. Peligroso, pues si los superiores de Portal no se emocionaron por sus relaciones con anglicanos y ortodoxos, vieron con muy malos ojos sus contactos con los hugonotes. Por eso Portal hubo de recurrir a organizaciones de fachadas, agrupaciones laicas donde, aparentemente, no intervenía, así el Lazo de unión de Olivier-Lacroye, Chevalier, Legendre y Wilbois. De esta forma fue cómo en mayo de 1906 Bonet-Maury dio en el Lazo de unión una conferencia sobre el acercamiento de los cristianos por los estudios bíblicos. Este necesidad de discreción explica quizás la evolución de la Revue catholique des Églises en este campo. En 1905, publicó una decena de notas y de crónicas que permiten seguir el esfuerzo de los protestantes para modificar la ley de separación y organizar sus comunidades sobre bases nuevas; sobre todo, un artículo de diez páginas acerca de «El último sínodo general oficioso de las Iglesias reformadas de Francia», artículo notable por ir firmado «un pastor». Después de los anglicanos, de los ortodoxos y de los protestantes extranjeros, un reformado francés acababa de dar a la revista portaliana un talante ecuménico.

Esta apertura no tuvo continuación. Después de 1905, todo se resume en algunas notas, informes bibliotecarios, informaciones breves. En cambio, las páginas numerosas que la Revista dedica a la situación religiosa en Francia no se olvidan del punto de vista y de las reacciones protestantes. Así los reformados no son tratados aparte sino como una parte integrante de la comunidad religiosa francesa . Por otro lado la Revista proporciona largos estudios sobre la Reforma en general que no excluyen evidentemente el caso francés. Por ejemplo «Reforma y particularismo150», que copia mucho de una obra de Bonet-Maury sobre Les Précurseurs de la Réforme et de la liberté de conscience, o también los cinco artículos de Chevalier y Legendre sobre «Católicos y Protestantes. Fin de una polémica», un verdadero folletín publicado en 1906. Estos trabajos de síntesis, al tomar altura, haciendo juegos malabares con los siglos y las ideas generales, se ahorraban la sensibilidad de los censores; marcan de este modo la tendencia de los portalianos a tratar del protestantismo como de un fenómeno global, a ir más allá de la problemática nacional para tratar de fijarse en los elementos de una evolución mundial, de integrar todo lo que habían aprendido de la Reforma en los países anglosajones, en Francia y en Alemania.

«Los von Luther»

La trayectoria del abate Morel demuestra que no era fácil esquivar el Luthertum, y ante todo por razones científicas. Pero el protestantismo alemán tenía contra él el verse identificado con el Kulturkampf y con el germanismo. Por eso a ello se debió que el cerrojo resistiera lo más posible antes de saltar. Al comenzar, la revista manifestó la misma hostilidad que hacia el calvinismo francés. El tono no cambió hasta 1905, bajo el empuje de los jóvenes del Cherche-Midi (Émile Amann, Jean-Baptiste Saulze, Calvet, Morel), pero también del grupo Pallière-Monod-Samuel. Muy influidos por el pacifismo cristiano, los lioneses habían buscado y obtenido la adhesión de varias asociaciones alemanas. La Revista reprodujo estas adhesiones y mencionó también, por primera vez, la existencia de un unionismo del otro lado del Rin. Portal se relacionó personalmente por carta con la Psalmenbund cuya revista, los Friedensblätter, reprodujo artículos de la Revue. Hubo también contactos con un grupo similar, el Gebetsverein, y con la revista Ut omnes unum del Dr Seltmann, periódico católico abierto a los protestantes para intentar establecer las bases de un diálogo teológico.

La Revista se dedicó a presentar un protestantismo germánico fértil en obras, y en obras admirables, como la Rauhe Haus, la casa salvaje, el hogar para jóvenes delincuentes del luterano Jean-Henri Wichern, el Ozanam alemán151. Revalorizado, el Luthertum perdió parte de su monolitismo; un artículo de junio de 1905 muestra que rivaliza en diversidad con el anglicanismo. Una vez más, descubrir al otro significa ante todo reconocerle el valor (Wichern iguala a Ozanam), luego discernir su complejidad: hay luteranos ortodoxos, aficionados a los símbolos y a las confesiones, hay «liberales» que quieren acomodar la fe «a las necesidades del siglo presente152». Esta evolución no trajo consigo ninguna reevaluación de los padres fundadores. Jacques Chevalier desacreditó a Lutero en el artículo en el que dio cuenta del Luther et le luthéranisme, de Cristiani, desacreditando el propio Cristiani a Melanchton en otro artículo de la Revista153. Lutero es el pecado original del protestantismo alemán, el hombre que fundó el despotismo moderno atribuyendo «al Estado todas las prerrogativas que la Edad Media reconocía a la Iglesia». Artículo anti-Lutero pero no anti-protestante. Después de afirmar que Lutero fue «esencialmente el teórico del absolutismo», Chevalier quiere señalar que fue a las sectas perseguidas por el protestantismo oficial a las que debía revertir el honor de formular por primera vez el principio de la distinción de las dos sociedades, espiritual y temporal, que había confundido totalmente la Reforma, y también de reivindicar para la Iglesia el derecho a una existencia autónoma y a una jurisdicción propia.

Chevalier cita entonces como ejemplo a los anabaptistas, a los presbiterianos y a sus queridos disidentes ingleses quienes, con los jesuitas, se asegura, fueron los «verdaderos instauradores de la era moderna».

El establecimiento de relaciones entre el Cherche-Midi y el protestantismo de Francia y de Alemania muestra cómo Portal, lejos de ser un perpetuo pionero, pudo ser empujado por los suyos. Asimismo demuestra que todas las iniciativas no venían de París. Pone además de relieve los límites del unionismo portaliano. Estos límites se destacan en un artículo de Jean-Baptiste Saulze, «El señor Harnack y el acercamiento entre protestantes y católicos154». En Adolphe Harnack, Saulze distingue a dos hombres. Por un lado «al historiador moderno, ingenioso, documentado, erudito, arrojado incluso, flotante a las veces», que tuvo el mérito de salvar la historia religiosa, y primero la de Jesús, «del romanticismo y del mitologismo de Strauss» para someterla a los métodos de la crítica textual y a los procedimientos científicos en uso para reconstituir el pasado de un Sócrates, por ejemplo, o de un Confucio». Pero el señor Harnack es también servidor de un Estado y de una dinastía, el político prusiano que sueña con reforzar la unidad del Imperio alemán mediante un acercamiento religioso de una especia inaceptable. «Se evitan los principios, ni siquiera se aluden». ¿Qué principios? Aquellos, escribe Saulze, sobre los cuales se debe fundar todo diálogo entre cristianos, y sin los cuales no existe unionismo sino confusionismo: «La creencia en Cristo-Dios y en la Iglesia universal única». En la medida en que el protestantismo liberal rechaza o pasa en silencio la «filiación divina de Cristo» y no confiesa «una Iglesia única, fundada por el Hijo único de Dios», se excluye radicalmente de todo proyecto de unión, se sale del campo de acción del unionismo, y eso porque no es ya una forma del cristianismo. Se convierte en un «moralismo filosófico», un «jesuismo» que «no es ni será nunca una religión». Sus adeptos son descreídos, como los Guignebert y los Debidour, cuyos trabajos no deja de censurar por otra parte la Revista. Gente interesante, sí, pero con la qua hay que ceñirse a los intercambios científicos. De esta forma se hallan claramente señalados , gracias al revelador protestante, los límites que el grupo Portal quiso hasta el final imponer a su acción.

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