El Padre Mariano Maller. Capítulo 11

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Autor: Desconocido .
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Capítulo XI: La procesión que el P. Maller llevaba por dentro

Es para asombrar la procesión que el P. Maller llevaba en su interior, sin que se dejase transparentar, durante toda su visita a Estados Unidos. Procesión dolorosa, de desierto interior, de “noche Oscura”. Y es para asombrar que esta procesión pudiera tener lugar entro una actividad exterior e interior a la vez, tan absorbente y acaparadora, sin que ninguna estorbara a la otra.

Sus detalles nos los van relatando una serie de cartas de las que se van desprendiendo los trozos del drama, otras tantas gotas de sangre que enrojecen su largo y complicado itinerario. Diríasela, en conjunto, un “diario” cuyas páginas se van escribiendo en Constantina, en Lión, en París, en Dublín, en Nueva York, en Niágara, en Nueva Orleans, en la Habana por no citar más que los puntos mas importantes, donde estaban fechadas. Así, esta procesión interior, con toda la negrura de su angustia, no tendrá otro cronista que él, el testigo más abonado de una tragedia, en que es protagonista y de la que salió más purificado y más de Dios, que así es Dios de rumboso, que, con los torcidos renglones de los hombres, sabe escribir las más bellas páginas de la santidad. El tema central del drama es el cambio de hábito que el P. Boré, siguiendo las huellas del P. Etienne, quería imponer a las españolas, en cuya tarea le implicaba la obediencia que no concebía de otro modo que tajante y a rajatabla, y que otros pretendían no quebrantar con el planteamiento de la cuestión ante el Papa.

Ahí está el drama todo entero, emergiendo de la pluma del protagonista, duro y escueto, con sus claros de esperanza y que cárdenos oleajes, que se estrellan contra loe bastiones roqueros de su obediencia al P. .General, de su respeto y sumisión al Papa y de su amor a sus Hermanos y Hermanas, los misioneros y las Hijas de la Caridad.

El hubiera sido el único náufrago en este mar, de no haberse aferrado tesoneramente, aragonesmente, a la tabla de la conformidad con la voluntad de Dios, que fue la única que triunfó en esta descomunal batalla interior. Y fue fortuna que así fuera, porque, aparte de que su santidad salió acrecentada, pulida y resplandeciente, la Congregación y España le conservaron todavía unos años más, durante los cuales las dos familias vicencianas, bajo su sabia y prudente batuta, se consolidaron definitivamente en España y se capacitaron para su expansión a escala casi mundial en lo que, va de siglo.

Las cartas que forman la cadena de. este Diario interior están casi todas ellas dirigidas al P. Valdivielso, que se quedó al frente de la Provincia mientras el P. Maller andaba en su gira angloamericana.

El P. Boré que había sucedido al P. Etienne, prosiguió, en su misma línea de imponer la llamada “corneta” a las Hermanas españolas. El P. Maller comprendió que la tarea era harto difícil, a causa de la oposición no sólo de las Hermanas y de los Padres, sino también de los Obispos, que veían con malos ojos este afrancesamiento como, se ha llamado, como pudo comprobarlo cinco años más tarde, el P Fíat. Únicamente el de Sevilla era indiferente en este asunto. En cierto sentido el P. Maller se alegró de verse lejos de este campo de agramante, si bien entristecido, porque la autoridad del  General se viera intervenida por la del Papa. Ni que decir tiene que para él, el Papa era superior al P. General, pero le era duro que esto hubiera tenido que ocurrir. Mas otra vez hemos topado con lo vidrioso del tema y nos vemos forzados a pasar por alto el diario íntimo, contentándonos con transcribir algunas líneas, dignas de catalogarse en una antología ascética, en el que el protagonista es la voluntad de Dios, que triunfa en él en toda la línea. El drama y las líneas empiezan así:

Marsella, 10 de marzo de 1877: “Dios hará de mí lo que tenga por conveniente. Cuando su divina Majestad lo tenga a bien, mandará a la tempestad que se calme y ésta se apaciguará y tendremos una gran calma. ¿Cuándo será esto? Solo Él lo sabe”.

Lyón, 21 de marzo: “Dios inspire a todos y a cada uno lo que sea para mayor gloria suya y bien de las almas. Procuraré estar en una entera indiferencia en lo que toca a mi pobre persona. Así, sólo así, conservaré la paz, de la que ahora estoy gozando”.

Dublín, 29 de mayo.—Yo creo que todo lo gobierna la divina Sabiduría y que la Iglesia está .particularmente regida por el Espíritu, Santo: Dios está en Madrid-, en París y en Roma, y en todas partes es el mismo Dios, infinitamente bueno y misericordioso, y tiene modos y medios de hacer conocer su santísima voluntad… Ya no pido otra , cosa a Dios N. S. sino que no tenga otra cosa que hacer, sino decir y repetir: “Loquere Domine, quia audit servus tuus… Paratum cor meum. Deus; paratum cor meum.”

Germantown (Filadelfia), 10 de. julio.- “!Dios nos ampare a todos! ¡Qué pobre criatura es el hombre! ¡Valga que Dios es Dios!.

Emmitsburgo, 27 de julio.- “Nada me importa, con tal que todo sea para gloria de Dios y bien de las almas; Cruces no han de faltar. Vengan, pues, las que Dios quiera y de donde Dios quiera. El 5 de septiembre, escribía por segunda vez. desde Emmitsburgo: – Yo desearía que el Sr. Masnou se quedase ahí en mi lugar y a mí me dejaran por estas tierras lejanas. Ayer cumplí 60 años y desearía un poco de descanso de espíritu para no pensar ya sino en la eternidad, que viene al galope, y no es cosa de broma. — ¡Es tan difícil desimpresionar a una persona! No hay nada más que tener paciencia con todos, como Dios la tiene con cada uno. Al fin y al cabo, todo pasa; y lo que pasa no es nada comparado con lo que no pasa.

Baltimore, 23 de septiembre.—Esperamos la decisión de los eminentísimos Cardenales, que acato de antemano y acataré, cualquiera que ella sea, y haré todo lo posible para que se efectúe, porque la miraré; como que viene de Dios, o efectivamente o permisivamente. En eso estoy, y llámenme aragonés o lo que quieran”.

Matchez, 8 de diciembre. —Dios sea bendito y alabado por todo. El nos asista para que en todo hagamos su santísima voluntad. Me alegro de que su Santidad haya decidido algo sobre nuestra situación y de lo más íntimo de mi alma acato todo cuanto haya dispuesto en eso, y en todo lo demás. Me atengo y atendré, con la gracia de Dios, a lo que de mí disponga la obediencia. Si he de continuar con la Cruz, a cuestas de la superioridad, bajaré la cabeza y prepararé el hombre. Lo que no quiero es dejarla por mi voluntad ni tomarla tampoco por mí mismo, sino dejarlo o tomarla por obediencia, cosa que, sin embargo se opone a que uno haga presente, a quien se debe derecho, lo que uno siente.!!

Sentimientos parecidos comunica al P. Arnaiz en Sigüenza, cuando dos días después le escribía también desde Natchez: “No he podido menos de alabar a Dios por el gran bien que con su gracia hace la pequeña Congregación en Sigüenza y en otras partes, según se desprende de la muy grata que de Usted he recibido, si señor; lo conozco y espero que su Divina Majestad se digne continuar bendiciéndola. Ahora que su Santidad parece ha decidido la gran cuestión, ya no habrá motivo para divisiones y desconfianzas. Hagámonos a lo decidido y a lo que en adelante se decida, si algo falta que decidir. Yo por mi parte acepto todo con entera sumisión de voluntad y de juicio, como si el mismo Dios me lo hubiera revelado, y de algún modo, aún más, pues en una revelación privada puede haber ilusión, pero no en obedecer a su Santidad”.

“Por lo que a mi hace, deseo se me conceda tiempo de penitencia para prepararme a bien morir, pero aun en eso, no  quiero que prevalezca mi deseo, si no es conforme a la voluntad de Dios. Eso es mi actual disposición de ánimo. Nadie es necesario en este mundo y sería intolerable presunción y soberbia en mi, creerme bueno para algo, sino es para echarlo todo a perder. Una de las cosas, pues, que debo pedir a Dios que libre a la Provincia de España de la calamidad que la pueda acarrear”

Habana, 10 de enero de 1878:.- La resolución de la S. S. no podía ser más conciliadora, .atendidas las circunstancias. Ahora conviene que todos nos ajustemos al espíritu y a la letra de dicha resolución.

Ahora es tiempo de callar y obedecer, ¡Ojalá nunca tenga, que hacer otra cosa que callar y obedecer! En cuanto a seguir gobernando, lo haré, si me lo exigen… Pocas ganas me quedan de ello. Me siento cansado, cansadísimo”.

Y veinte días después escribía también desde la Habana: “Las causas de mis disgustos no son las personas, sino las cosas…; el mal no está en aquellas, sino es éstas o, si se quiere, en las ideas, las cuales, como es sabido, del terreno de la lógica tarde o temprano pasan al de la práctica… Para mi es preferible que me dejen tranquilo, que me prepare a la muerte, que ya se .asoma y me está siguiendo de cerca. Acaban de decirme que ha fallecido el Ilmo. Sr. Domenec, Ángel, conno-vicio y condiscípulo mío… Sic transit gloria mundi: vanitas vanitatum. Tu solus Altissimus, Jesu-christe” Y el 12 de marzo: “Lo que me consuela en todo lo que sucede es que, de un modo u otro redundará en. la mayor gloria de Díos. Consilium meum estábil et omnis voluntas mea fiet. Bien pueden las criaturas por miseria o por malicia oponerse a sus designios, que cuando éstos son una absoluta voluntad de Dios, no hay que darle vueltas, fiet.

“En cuanto a mi regreso a España, si se verificará ó no, si será pronto o tarde, eso también lo dejo en manos de la obediencia, es decir, en manos de Dios. Así no me llevaré chasco… Lo demás me tiene sin cuidado. Si la obediencia me manda continuar con la cruz, continuaré resignado; si por el contrario, se me descarga, lo agradeceré.” Diez y siete días más tarde escribía desde Mobile: Por una carta que recibí el otro día del P. General veo que está decidido a que yo vuelva a España. Así, pues, no me queda más que bajar la cabeza y lo hago con entera resignación”. Sentimientos parecidos expresaba a su corresponsal de Madrid desde S. Luis el 31 de marzo y desde la Universidad de Nuestra Señora de los Ángeles del Niágara el 31 de abril. En esta escribía: “No me queda sino resignación y lo procuro hacer… Si me veo en el caso, yo procuraré que no prevalezca lo que dicta el corazón, sino más bien lo que indique la cabeza, es decir lo que exijan las circunstancias y la obediencia.”

Por fin desde Emmitsburgo escribía el 2 de mayo de 1878.: “Nuevas cartas del General me confirman en que tendré que volver, a Madrid lo más pronto que pueda. Obedeceré y confiaré en Dios, Qui potens est. Si procuramos hacer lo voluntad de Dios, siempre ganaremos algo. Hágase pues, su voluntad santísima”.

Efectivamente, el P. Maller volvió a cargar con la cruz del gobierno de las dos familias de S. Vicente; su repugnancia procedía de tener  que aplicar las decisiones de Roma, que eran contrarias a los puntos de vista del P. General, dos autoridades entre las que su corazón se sentía estrujado y que debía superar como lo saben hacer los buenos hijos de la Iglesia, sometiéndose a las órdenes del Jefe, supremo de la Cristiandad, aunque se doliera de no poder satisfacer los deseos del superior inmediato.

Dios premió esta humildad y esta obediencia haciendo que las cosas de España fueran mejor de lo que él temía. La decisión pontificia tuvo la eficacia de pacificar los espíritus y de meter a las dos familias vicencianas por los caminos de la prosperidad, bajo la alta dirección del P. Fíat, de espíritu más vicenciano y católico y, por tanto,  más comprensivo y adaptable a lo que en cada caso y país es más capaz de promover la gloria de Dios. Ocho año después, el panorama era muy otro y el P. Maller podía escribir al P. Valdivielso, su gran colaborador, desde Buenos Aires, a 15 de diciembre de 1886:

“Desde Montevideo acusé a usted recepción de las tres muy gratas de usted; fechas el 20 de octubre, el 6 y el 10 de noviembre, que tanto consuelo me causaron por las grandes bendiciones que veo que Dios está derramando sobre esa Casa y Comunidad. ¡Bendito y alabado sea Dios por todo!  ¡Amen! Verdad es que no faltan algunas miserias, como no faltarán jamás. ¿Qué remedio a eso sino animarnos a llevar la cruz, remediar lo que se pueda y tolerar lo que no se pueda? ¿Cómo no conformarnos cuando tan visiblemente nos protege Dios y María Santísima? ¿Cómo no confiar en un Dios tan bueno y tan misericordioso? Mire-usted lo que en los 11 años ha hecho por nosotros ¡Qué apuros! ¡qué trabajos! ¡que cambio en todo desde el 75 al 86! ¡Y eso en todo, en todo! ¡qué mejorados en terreno, en casa, en gente y, lo que es aún más, en espíritu!

Aquellas cuestiones, que tanto enojo causaban, están, si no resueltas, a lo menos calmadas. Las dos familias prosperan y, si así siguen, serán mutuo apoyo la una de la otra. Según-usted y el Sr. Moral me dicen, esa Casa, que tanto amo y que considero tan importante para la Provincia y aún para la Congregación, marcha bien ¡Oh! No hay noticia que más me agrade. Mientras que esa Casa, centro, corazón y cabeza de la Provincia de España, marche bien, nada, nada absolutamente temo ni del mundo, ni del demonio, ni de la carne. Líbrenos Dos del espíritu de rebelión, de soberbia y de relajación.

Yo comprendo los apuros que pueden acarrear a usted tantos pagos y la carestía de víveres, pero no desmaye. Dios le sacará a usted de esos v cualesquiera otros apuros. El descargo del oficio de Asistente le dará a usted más tiempo y facilidad de combinar y buscar, y Dios le ha dado a usted un talento muy particular para esas cosas. La Casa de los Paúles de Chamberí será un monumento que eternizará, como se dice ahora su memoria. No deje de hacer una reseña histórica de todo lo ocurrido, desde que compramos la casa a D. Joaquín hasta concluir la tapia”.

“Mucho me agrada la distribución de los misioneros para las diferentes casas que han hecho ustedes. La mayor parte de los cambios me parece bien hechos, aunque en ellos haya habido algo de debilidad. Dios lo habrá permitido así y quiera el Señor que marchen bien. Deseo saber que planes tiene el señor Jaume.

Sería de desear que saliesen también misioneros de Zaragoza y de Los Milagros, para que no hubiese casa, de donde nos salieran tres misioneros. Las Misiones son las que más nos han de traer vocaciones. Dios nos bendecirá, si nos damos a ellas y si no, se buscará otros y nos abandonará”.

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