El P. Vicente Ferrer, Primer Visitador (1774-1781) (VI)

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Author: Benito Paradela, C.M. · Year of first publication: 1928 · Source: Los Visitadores.....
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CAPITULO VI

Erección de la provincia de España y nom­bramiento del P. Ferrer para Visitador de la misma.—La gobierna durante siete años. (1774-1781 ) .

Dada la dificultad de las comunicaciones y la distancia que separaba a las casas de la Misión de España de la provincia de Lombar­día, de que formaban parte, los misioneros españoles pidieron que se estableciera aquí una nueva provincia. La décimacuarta Asam­blea general, que se celebró del 1 al 8 de ju­lio de 1774, accediendo a esta petición, acor­dó la erección de la provincia de España. El 30 de dicho mes y año lo comunicó el Supe­rior General, P. Jacquier, a, las casas ‘de Es­1infla con la siguiente carta:

«Habiéndonos sido presentados vuestros deseos y peticiones por los que de esas ca­sas de España fueron a la Asamblea provin­cial que se tuvo en Génova, asentimos a ellos espontáneamente y de muy buena voluntad, máxime que ya hace algunos años que éramos de este parecer. Sin embargo, la dila­ción hasta la Asamblea general no fue para vosotros sin provecho; porque de este modo algunos de nuestros sacerdotes fueron a Génova, asistieron a la Asamblea provincial y vieron prácticamente lo que prescriben las reglas y constituciones. Así, pues, implorado el auxilio y la luz de lo Alto, erigimos en provincia de nuestra Congregación las casas que están en los dominios del Rey Católico de las Españas y por nuestras letras patentes constituimos Visitador al P: Vicente Ferrer; Superior actualmente de la casa de Barcelo­na. Puede a la verdad desempeñar muy bien este cargo: a todos es notorio, y nosotros lo tenemos bien experimentado, la piedad, pru­dencia y celo de la observancia regular de que está dotado. No se nos oculta ciertamen­te que a su modestia y humildad le parecerá muy pesado este beneficio, pero tenemos plena confianza de que con vuestra sumisión, obe­diencia y regularidad aliviaréis sus angustias».

Y en la circular de 1.° de Enero del año si­guiente añadía el mismo P. Jacquier: «Encontrándose nuestras casas de España muy distantes de la provincia de Lombardía, de la que antes formaban parte, nos ha parecido conveniente en vista de la dificultad de los recursos y de las visitas en uso entre nos­otras, erigirlas en provincia aparte, nom­brando por su primer Visitador al P. Vicente Ferrer, Superior de la casa de Barcelona, hombre sabio, observante y lleno del espíritu de nuestro estado».

Bajío la acertada dirección del P. Ferrer las casas que formaban la nueva provincia continuaron desarrollando con celo y exce­lentes resultados las obras propias del Insti­tuto. «Los misioneros de España, decía el Su­perior General en su circular de 1.° de enero de 1779, trabajan con tanto éxito que les proponen muchas fundaciones». Pera par desgracia no eran en número suficiente para atender a las peticiones.

A poco de ser nombrado Visitador, procu­ró el P. Ferrer descargarse del oficio de Superior de la casa de Barcelona, siendo nom­brado para este cargo el P. Rafael Pi, que desde 1766 era Superior del Seminario de Barbastro.

En la casa de Barcelona se nota que au­menta el número de tandas de ejercicios para toda clase de personas. Así, por ejem­plo, en 1776 dieron doce tandas, y en 1777 diez y seis, sin contar las que daban, por lo menos, en todas las témporas, para ordenan- dos del obispado de Barcelona y de los res­tantes de Cataluña, a las que concurrían, uno con otro, unos trescientos ordenandos. Muchas de las tantas de ejercicios genera­les de estos años estaban compuestas casi exclusivamente de militares, clases y solda­dos. Durante el tiempo que fue Visitador, casi todos los años aparece el P. Ferrer predicando las pláticas en alguna de las tandas; en 1778 lo hizo en tres y el año siguiente en dos. Y se comprende que así lo hiciera: por­que la Provincia no tenía más que cinco ca­sas y todavía no habían puesto los pies en España las Hijas de la Caridad, de cuya di­rección tuvieron que encargarse sus sucesores.

Desde 1775 a 1780, ambos inclusive, to­dos los años pasó visita el P. Ferrer en la casa de Barcelona. En la del año primera­mente citado, dio algunos avisos referentes a las misiones, a las conferencias espiritua­les, «que deben ser instructivas de parte del superior y devotas y sencillas de parte de los otros», y a los estudios de los jóvenes. «A los estudiantes, dice, no se les permita tener libros de historia, ni de otra facultad; sí sólo el autor que dan y han dado, y el concederlo se reserva al Visitador. En esta casa, para la Filosofía se dará Goudin, para la Teologia, a Gonet y para Moral Wigandt, por ser autores de sólida doctrina y muy conformes a Santo Tomás, sin que se piense en adelante en variar más».

Por los libros de cuentas del Seminario de Barbastro consta que también pasó allí visi­ta en los años de 1776, 1777 y 1778. Lo mismo, poco más o menos, haría en las otras casas de Guisona y Reus. Por el contrario, en Mallorca no consta que la pasara mien­tras fue Visitador.

En el libro en que se iban anotando los que ingresaban en el Noviciado o Seminario interno de la casa de Barcelona, encon­tramos la nota siguiente:

«Nuevo Seminario de la casa de Barcelo­na y traslación al mismo de los seminaris­tas.—Habiendo el P. Ferrer, que entonces era Visitador, edificado un nuevo Seminario, por ser el que antes había poco capaz, y ha­llándose ya éste concluido y dispuesto, el día 24 de mayo de este año de 1777 dispuso pa­sasen a él los seminaristas para habitarlo.» Nombra luego al maestro de novicios, P. Jo­sé Costa, y a los once seminaristas que en­tonces había, y prosigue: «El día 25 de mayo, que era aquel año la dominica de la Santísima Trinidad, se dijo por el Director la primera Misa en la nueva capilla del Se­minario, en la que comulgaron todos los Hermanos seminaristas arriba nombrados, y los Hermanos Casamayor y Joaquín Lobera hicieron en ella los propósitos. Acabada la Misa se bendijo el Seminario según la fór­mula del Ritual Romano. Roguemos al Señor confirme ésta con su santa bendición, que haciéndonos acá buenos Misioneros y aman­tes suyos nos haga felices y dichosos por to­da una eternidad en la gloria. Amén.»

En el inmenso edificio, convertido hace un siglo en Hospital Militar, no es fácil en la actualidad dar con la parte que correspon­día al nuevo Seminario, edificado por el Pa­dre Ferrer. ¿Sería la parte que hace esquina entre las calles de Tallers y Valdoncella? Por ahora carecemos de datos para afirmarlo.

Siendo Visitador el P. Ferrer se concluyó la construcción de la iglesia del Seminario de Barbastro, y fue consagrada el 19 de octubre de 1777. De ella dice el .historiador de la ciudad Sr. López Novoa: «La iglesia, que en su única nave de piedra sillería cuenta sobre unos treinta metros de largo con catorce de ancho, adornada con seis capillas, tres en cada lateral, y separadas por graciosos arcos, así como el coro y tribunas levantándose en el centro, y como remate de la obra una elegante cúpula, con pinturas al fresco, forman un conjunto capaz de intere­sar la atención del curioso observador».

El 26 de septiembre de 1778 dirigió el Pa­dre Ferrer una circular a las casas de la Misión españolas, recomendando de un modo particular a los predicadores y confesores usen de la mayor cautela posible al tratar la materia de la castidad, procurando observar puntualmente los documentos y preservati­vos que sobre esto prescriben nuestras Re­glas y Constituciones. Son tan preciosos y de tan perenne actualidad los documentos que contiene, que los Misioneros no deben echarlos jamás en olvido.

En la primavera de 1870 presidió el Pa­dre Ferrer la Asamblea provincial que se tu­vo en la casa de Barcelona, siendo elegido para llevar las peticiones que en ella se for­mularon a la Asamblea sexenal el P. Rull, Misionero de la misma casa. Se referían és­tas a la conservación del espíritu del Semi­nario en los Hermanos estudiantes; a obte­ner del Sumo Pontífice la facultad de cantar misa votiva del Santísimo el día de la Comu­nión general las dominicas de adviento, sep­tuagésima, sexagésima y quincuagésima y en las de cuaresma, excepto la de Pasión; a la interpretación del número sexto del capítu­lo nueve de las reglas comunes que trata de la obediencia que deben prestar al Superior de otra casa los que en ella se detienen al ir de camino o a tratar algún asunto, y por último se alcanzara de la Santa Sede se hi­ciera extensiva a los misioneros españoles la bula Aequa Apostolici Benignitatis, para recibir las sagradas ordenes sin patrimonio o beneficio, y sólo a título mensae commu­nis.

En los primeros meses de 1781 dejó de ser Visitador el P. Ferrer, siendo nombrado para sucederle, el 18 de abril de dicho año, el P. Fernando Nualart, Superior que había sido de las casas de Guisona y Mallorca y postulador en la causa de beatificación de Pedro Borguny, martirizado en Argel el 30 de agosto de 1654.

 

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