El P. Eugenio Comellas Viladomat (1879-1946) (I)

Francisco Javier Fernández ChentoTestigos vicencianosLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Nicolás Pascual · Año publicación original: 1945 · Fuente: Anales Barcelona.
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cruz_svI. — LA NOTICIA EN BARCELONA
Optimista dinámico, metódico, previsor como siempre del último detalle, pero ajeno por completo a su próximo fin, escribía el P. Comellas al señor Superior de esta Casa Central, el 31 de mayo:
«San Pedro Sula, D. D. — Honduras C. A. — A.p. número 2. — Rdo. Sr. D. Jaime Ramis, C. M. — Barcelona. — G. D. N. — …Tengo el gusto de acusarle recibo de su atenta del 5 de este mes, la cual llegó a San Pedro cuando yo acababa de salir para La Ceiba y Trujillo, de donde llegué ayer después de haber pasado la santa Visita, de la que quedamos todos satisfechos, G. a D. Hoy la he abierto en esta Casa de San Pedro, la cual cerraré, D. M., dentro de cinco o seis días, y luego tendremos las reuniones del Consejo Viceprovincial, y el día 10 saldré, D. M., para Tegucigalpa y NewOrleans y Brooklyn, donde aguardaré hasta que tenga plaza en el avión de Lisboa. Las impresiones que voy recogiendo por aquí son buenas, G. a D., y espero que la visita será muy provechosa.»
Unos días más tarde, el .4 de junio, escribía las últimas cartas que aquí se han recibido.
«Estoy muy contento —decía a su primer Consejero— del resultado de la Visita a Honduras que Dios ha bendecido visiblemente. Las cosas quedarán bien y el personal contento. También lo está Monseñor (Sastre) con la combinación hecha del personal de aquí…»
Incluida en la precedente iba la carta-destino del P. Antonio Sastre que, como «spécimen» y por ser tal vez la que cerró la serie incalculable de muchos miles de cartas trazadas por la mano y la pluma —nunca empleó maquinilla— del P. Comellas, transcribimos también. Dice así:
«Mi muy apreciado P. Sastre: Tal vez ha llegado a sus oídos que el buen P. Coca viene a España, después de veinte años de permanencia en el Perú. Es necesario darle un sustituto a causa de la penuria de personal que sufren en el Perú. Este sustituto es usted, para quien encargué al P. Padrós pidiese a aquel Gobierno el necesario permiso de entrada. Acabo de recibir carta del P. Padrós diciéndome que ya ha obtenido el permiso solicitado y que lo ha remitido ya a España, puede, pues, usted ponerse a las órdenes del P. Jaime Ramis, para hacer los preparativos del viaje, cuya fecha le señalará después de haberse informado de la fecha de la salida de los vapores. De todos modos pienso tener el gusto de abrazar a usted antes de su partida para el Perú, pues el día 10 del presente mes tomaré, D.M. en Tegucigalpa, el avión para New-Orleans, y espero estar en Barcelona antes de fines de julio.
No dudando que verá usted en este destino la expresión de la voluntad de Dios, y lo aceptará con gusto, quedo de usted, mi muy amado P. Sastre, el último de sus hermanos en San Vicente, que paternalmente le abraza y bendice.
EUGENIO COMELLAS, i. s. C. M.»
Antes de que estas cartas llegaran a sus destinatarios, cayónos de improviso, como un golpetazo brusco y desconcertante, el primer cablegrama de la serie fatal. Había sido expedido el 13 de junio a las 23 horas. Decía:
«Brooklyn N. Y. —Comellas llegó New-Orleans lunes, pero hoy telegrafían está muy grave en hospital. Capdevila irá New-Orleáns enseguida. — Pablo Ramis.»
El lunes era el día 10. ¿Qué le había acaecido al P. Visitador? ¿Enfermedad? ¿Accidente de la aeronave?… En Nueva Orleans hay varias Casas de nuestros Misioneros e Hijas de la Caridad, el P. Capdevila estaría muy pronto a la cabecera del venerado moribundo, nosotros no podíamos sino orar y esperar con creciente ansiedad los nuevos partes cablegráficos.
«Anhelamos —contestóse desde aquí— noticias curso sentidísima enfermedad. Comunique usted Vicevisitadores, General. Oremos. — Jaime Ramis.»
Las noticias fueron llegando por este orden :
«Brooklyn N. Y. — 14 (a las horas) 20. — Capdevila telegrafía de New-Orleans : Comellas mejorado ligeramente, pero dentro gravedad. — Pablo Ramis.»
«Brooklyn N. Y. — 17 (a las horas) O’13. — Capdevila telegrafía textualmente : Comellas en estado de coma, acabándose rápidamente. — Pablo Ramis.»
«Brooklyn N. Y. — 18 (a las horas) 9’52. — Padre Comellas murió hoy. Haremos lo posible enterrarle en Brooklyn. Dios recompense sus servicios. — Pablo Ramis.»
Los corresponsales de agencias informativas españolas retransmitieron desde Norteamérica la triste nueva, que fué recogida y divulgada por la prensa y radio de aquí. Pero, la noticia venía escueta, descarnada, sin permitirnos salir, toda-vía, de la perplejidad de los primeros momentos.
La primera carta que empezó a descorrer el velo del enigma es del mismo P. Pablo Ramis. Escrita a las pocas horas de dar tierra a los despojos mortales del que fue nuestro P. Visitador, refleja toda la emoción de aquellos momentos. Dice así el Sr. Superior de Brooklyn, con fecha 21 de junio:
«Suplico me dispense usted si le escribo como si fuera dictando un largo telegrama que debo concretar lo más posible…
El P. Comellas regresó de Honduras a New-Orleans el to de los corrientes; mandó telegrama para que fuera uno de nosotros a acompañarle de regreso a New-York; martes telefoneé a New-Orleans, y la contestación fue que el P. Comellas no estaba enfermo de gravedad; jueves me telegrafiaron ele New-Orleans: «Venga enseguida. P. Comellas está muy grave»; P. Capdevila salió para New-Orleans jueves por la noche, llegando allí sábado a mediodía, y el P. Comellas le conoció y pudo hablar algunas frases; después empezaba a delirar, me dice el P. Capdevila; durante la tarde del sábado y durante los días domingo y lunes, junio 15-16-17, el P. Capdevila estuvo en New-Orleans al lado del P. Comellas, y reportando a Brooklyn por teléfono-larga distancia, estado salud P. Comellas.
Gracias a Dios, el P. Capdevila tiene salud resistente, y ha podido satisfacer muy cumplidamente el oficio de atender en
todo a lo que se podía hacer en favor de nuestro amado Visitador, quien murió el día 18 a las 7 a. m, con una muerte de santo.
El P. Capdevila acompañó el cadáver del P. Comellas hasta Brooklyn. El jueves, 20, a la una de la tarde, todos los miembros de esta Comunidad, en el recibidor de la Casa-Rec-toría convertida en hermosa capilla fúnebre, postrados ante el cadáver de nuestro amado P. Visitador, rezamos el «De profundis» y tres Padrenuestros. A las 8’3o p. m., terminada la Novena del Sagrado Corazón, invitamos a los fieles a pasar a la Casa para rezar con nosotros el santo Rosario, y por supuesto que la Rectoría no pudo, en esta ocasión, acomodar a tanta gente que, como nosotros, estaba desconcertada y triste por tan súbita e inesperada noticia.
Los señores Obispos Tomás E. Molloy y Raymon A. Kearney han enviado carta de pésame y disculpa de no poder asistir al funeral, debido a que no pudimos notificárselo más que con 4b horas de anticipación, pues no supimos antes si sería posible traer el cadáver a Brooklyn.
Hoy, a las 9’30 a. m., con todas las ceremonias de la Iglesia, hemos trasladado el cadáver del P. Comellas a nuestro templo, cantando en él el Oficio de Difuntos un gran número de cohermanos que han venido de Filadelfia, Germantown, New-York, St. John’s University y PP. Franciscanos de Newark, NewJersey…
A las lo, yo he empezado la Misa solemne de Requiem, debido a que el señor Visitador de Germantown me telefoneó ayer que no podía garantizar si llegaría a tiempo para oficiar, a causa de otro funeral habido en Niágara, Diácono, el P. José Gómez, Superior de nuestra Casa de New-York (Prov, Madrid); Subdiácono, el P. José Piquer, debido al retraso antes aludido; Maestro de Ceremonias, el P. Capdevila, que está muy cansado por los dos días que ha pasado en el tren y por los que pasó en New-Orleans siempre, naturalmente, en continuo sobresalto.
Terminada la Misa-Funeral, hemos acompañado los restos de nuestro buen P. Comellas al cementerio de St. John’s, donde el señor Visitador de Germantown, Rdo. P. Leary, ha bendecido la sepultura que nosotros comprarnos en el año 1932 y ha presidido después las últimas ceremonias del entierro.
Me dispensará, P. Ramis, que no sea más largo en esta carta, que escribo con bastante nerviosidad, debido a las circunstancias…
El lunes próximo espero poder escribir a nuestros buenos PP. de New-Orleans, a nuestras buenas Hermanas del Hospital «Dieu», que tan bien cuidaron al P. Comellas, al doctor Perret (especialista) quien —me dice el P. Capdevila— no ha querido cobrar nada por los servicios prestados, etc.
Según opinión del doctor Perret, la causa de la muerte del P. Comellas ha sido diabetes con complicaciones de los riñones y del corazón (…). Pablo Ramis, C. M.»
El Sr. Vicevisitador de Honduras, P. Mariano Pérez, que acompañó al P. Comellas en el avión San Pedro-Tegucigalpa (9 junio), expresa su dolorosa sorpresa al tener noticia de la enfermedad del señor Visitador.
Escribía el día 14 al P. Pablo Ramis: «…Aquí estuvo muy bien y contento y satisfecho de la marcha del Vicariato. El día que fuimos a Tegucigalpa se mareó y estuvo un poco abatido, lo que le obligó a pasar el domingo en constante reposo. Ya •el lunes, después del desayuno y de otro reposo, se sintió animadito para continuar el viaje. Pero nada daba a sospechar que tuviera algo grave…»
El 19-6-46 escribía de nuevo:
«No se imagina la impresión que nos ha producido el inesperado fallecimiento del P. Comellas. Tan contento como estuvo en su gira por este Vicariato, y tan feliz como se sintió entre nosotros. Pero, yo creo que, dado lo precario de su salud, ha sido para él un esfuerzo excesivo. En Tegucigalpa me pareció algo fatigado, pero nada daba a entender lo que iba a suceder. Yo creo que la Provincia le debe mucho. En medio de los defectos propios de la humanidad, rigió la Provincia con sana intención y se sacrificó por ella, e hizo mucho bien hasta dejarla en el estado floreciente en que se encuentra. Creo que el buen Jesús le habrá premiado ya por ello y por las virtudes de las cuales tantos ejemplos nos dio. Además de las misas de cada misionero, celebraremos funerales solemnes — M. PÉREZ, C. M.»
II. — HONRAS FÚNEBRES
Se han recibido comunicaciones de casi todas las Casas de la -Provincia y Viceprovincias de ultramar, acusando la profunda impresión causada por la inesperada muerte del P. Visitador y anunciando los piadosos y extraordinarios sufragios ofrecidos por ,e1 eterno descanso de su alma.
Lo mismo sabemos que se ha hecho en algunas Casas de Hijas de la Caridad.
Más adelante verá el lector una sentida reseña de los tuvieron lugar en el Seminario de San Pablo, de Cuenca.
En esta Casa Central de Barcelona, las honras fúnebres revistieron el carácter de «provinciales» por la asistencia de los señores Superiores o alguna representación de nuestras Casas, a todas las cuales cursó invitación el señor Vicevisitador,
P. Jaime Ramis.
Vinieron los Superiores de Espluga, Lérida, Figueras, Valencia y Puerto de Sagunto, excusándose de no poder hacerlo los demás. De Mallorca llegó el P. Socías, Consejero Provincial. Bellpuig estaba representado por los PP. Sola y Na-centa. El P. José Martorell, procedente de nuestra Misión de Honduras, arribó oportunamente la víspera, 25 de junio.
Toda esta numerosa Comunidad, revestida de sobrepelliz, ocupó, a las 10,30 de la mañana del día 26, el Presbiterio y sitio reservado, y ,entonó con afinación y en perfecto gregoriano, un Nocturno del Oficio de Difuntos, después del cual el Coro interpretó, con su acreditada maestría, la Misa de Perosi, acompañada con orquesta.
Ofició en el altar el señor Vicevisitador, asistido por los PP. Socías y Mateo Coll, actuando de Maestro de Ceremonias el P. Serrano.
Presidían el duelo, por la Congregación el P. Vigo, y por los familiares, don Augusto, hermano del difunto señor Visitador.
Entre las representaciones del Clero, de las Comunidades religiosas, Asociaciones, etc., destacaban las representaciones de nuestras Hermanas y un grupo notable de caballeros.
En el Ofertorio repartióse a todos un sencillo recordatorio que trae un breve resumen de la vida del Padre.
Para nosotros, según se había anunciado, tuvo la jornada una segunda parte, la Conferencia sobre las virtudes, habida por la tarde, de la cual procuraremos dar al final unos apuntes.
III. — TESTIMONIOS DE PÉSAME
Fueron llegando, numerosos y sentidos, del señor Nuncio de S. S., del Emilio. Cardenal Primado, de los señores Obispos de Cataluña-Valencia-Mallorca, del M. R. P. Vicario General de la Congregación, de nuestros hermanos Obispos PP. Lissón y Ballester, C. M., del señor Visitador y Visitadoras, de Madrid, de otras muchas Casas de PP. y Hermanas, de Superiores religiosos, etc., etc.
Varios periódicos y revistas de información católica y misional, como «Ecclesia», órgano central de la A. C. E., publicaron notas necrológicas y biográficas.
De entre los testimonios de pésame que vinieron acompañados de cartas en que se vertían conceptos elogiosos y de edificación acerca de la vida y virtudes del querido difunto, seleccionamos como más representativas las siguientes, dirigidas todas ellas, como es natural, al P. Jaime Ramis, que está interinamente al frente de la» Provincia.
Sea la primera la del representante de San Vicente M. R. P. Eduardo Robert:
«París, 19 junio 1946… — Señor y muy querido hermano: Mi gratitud por su carta de 7 de los corrientes… ¡Ah!, pocas horas después me llegaba la noticia de la muerte del amado señor Comedlas. ¡Qué pena la que experimenté y la que presiento ha de tener la Provincia de Barcelona! Dígales usted a todos nuestros cohermanos, que estoy con ellos en su dolor, y con ellos ruego al Señor que conceda una pronta recompensa a este digno misionero, y que pido a San Vicente le acoja en la Misión del Cielo, desde donde continuará velando sobre la Provincia por la cual tanto trabajó.»
El Rdo. P. Adolfo Tobar, Visitador de Madrid, escribe:
Nadie como usted conoce el afecto que nos unía a los dos Visitadores de España), y nuestra unión y comunidad de miras que teníamos para gloria de Dios y bien de nuestras dos Provincias. Que él, desde el Cielo, nos consiga llevar a cabo lo que habíamos comenzado, si ésta es la voluntad del Señor. A las oraciones que, por caridad fraterna y por nuestras Constituciones, estamos obligados en sufragio de su alma, desde hoy agregaré otras especiales para que el Señor les dé un sucesor conforme a su Corazón.»
El mismo día (20 de junio) el P. Hilario Orzanco, Consejero provincial de la Prov, hermana, decía en carta a los de la nuestra:
«Ayer nos comunicaron la triste nueva, apresurándome a enviar a ustedes y a la Provincia mi más sentido pésame por tan sensible pérdida. Participo del dolor de todos ustedes, rogando a Nuestro Señor que tenga el querido P. Comedlas un sucesor que trabaje en bien de esa amada Provincia con el celo del finado, que ha muerto, realmente, con las armas en la mano. Toda esta Comunidad (de Madrid) ha sentido mucho su muerte.»
Mons. Lissón, C. M., a quien sorprendió la noticia también en la Capital, se expresaba en estos términos:
«…Seguramente que el buen Padre continuará prodigando, desde el Cielo, sus cuidados a esa Provincia y a sus obras, al mismo tiempo que recibirá el premio de sus veinticinco años de constantes y fructuosos trabajos… ¡Ojalá pudiera yo presentarme ante el tribunal de Dios con un bagaje tan valioso!»
Y, finalmente, cerrando este breve extracto epistolar, vayan estas hermosas líneas de Sor Concepción Escudero, de Valencia, expresión de los sentimientos de muchas de nuestras buenas Hermanas en San Vicente:
«Hospital Provincial. — Valencia, 29-VI-1946. — Rble. y muy estimado Padre. La gracia de N. S. sea siempre con nosotros. — Con verdadera pena del alma me entero del fallecimiento del muy apreciable P. Comedlas, Visitador de esa Provincia. — Tuve ocasión de tratarle repetidas veces. Siempre dignísimo Hijo de San Vicente, me edificaba su sencillez, su piedad, las dotes todas propias de nuestro Padre y Fun-dador. Es una pérdida para la Congregación, y mucho lo siento; no obstante, llorémosle como creyentes: él está ya gozando del premio divino, tan merecido por sus virtudes, y ante el trono del Señor no nos olvidará; tendremos un continuo intercesor y, por su mediación, la Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad, lograremos inapreciables gracias de fidelidad y perseverancia. Todas estas buenas Hermanas, que le apreciaban en lo que valía, unen al mío su sentido pésame que envío a usted y Comunidad con afecto de verdadera hermana.»

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