El Ideario o documento del Carácter Propio, el Proyecto Educativo, no son definiciones teóricas, no son entes abstractos, o una serie de principios que la sociedad moderna nos ha empujado y obligado a redactar. El Ideario y el Proyecto Educativo de los Centros han de ser vivenciados, dinamizados en la Comunidad escolar como única garantía de operatividad.
Y es el EDUCADOR el cauce directo y personal transmisor de los valores que reflejamos en nuestro Ideario; presentando dichos valores, no como simples objetos de estima y admiración, sino como generadores de actitudes humanas vividas que encaminen hacia unos comportamientos consecuentes. Es él quien tiene que hacer vida cada día toda esa amalgama de objetivos y metas; es el Profesor Educador quien con su hacer y no hacer, con su ser y actuar, va dando color y estilo, calor y vida al Proyecto Educativo.
Es verdad que, un tiempo atrás, nuestra forma de educar era puramente vivencial, sin grandes presupuestos ideológicos y pedagógicos escritos. Hoy, ante la diversidad de ofertas que presenta la sociedad, es importante tener clara la nuestra, ofrecerla y darla a conocer de manera bien definida; asumirla desde la propia comunidad de educadores.
Nos preguntamos: ¿En la realidad de nuestros Colegios, cómo y de qué manera son los Educadores portadores del mensaje vicenciano?
Podemos tener en cuenta algunos datos:
- El número de Educadores en los Colegios de Hijas de la Caridad en España suma un total de 4.987.
- Los Educadores en los Colegios de los Padres Paúles son 168.
- De los pertenecientes a las Hermanas, 2.659, es decir, el 53,3 % lo constituye el Profesor seglar, y 2.328 es el número correspondiente al Profesorado Religioso, lo que supone el 46,7 %. En los colegios de los padres la proporción es exactamente el 50 %; 84 profesores religiosos y 84 Profesores seglares.
- El personal no docente suma un total de 1.143 en los colegios de Hijas de la Caridad.
- La edad media de las Hermanas dedicadas a la enseñanza (en las provincias que se ha obtenido este dato) oscila entre los 50 años.
En un primer golpe de vista podemos ver, nuestros colegios están dotados de educadores pertenecientes a la familia vicenciana y educadores seglares; que el porcentaje del personal seglar supera al porcentaje del personal religioso, y que esta proporción va a ir descompensándose en favor del profesor seglar; como consecuencia…
URGE LA FORMACION DE VERDADERAS COMUNIDADES EDUCATIVAS EN LAS QUE, CADA UNO DE LOS PROFESORES Y TODOS JUNTOS, SE IDENTIFIQUEN CON EL IDEARIO Y SEAN CAUCES VITALES DEL PROYECTO EDUCATIVO.
Es en esta labor en la que hoy estamos empeñados los colegios.
¿Cómo incide el mensaje vicenciano en los educadores?
Nuestra identidad:
Aun siendo cada colegio diferente, en los centros vicencianos podemos destacar unas notas comunes. El estilo lo hemos llevado las propias personas: una forma común de vida, una doctrina común, unas mismas inquietudes fuertemente arraigadas en la familia de San Vicente, hace que nuestros centros tengan unas características también comunes que son precisamente las que subraya el Ideario y el Proyecto Educativo; sin embargo nuestra identificación no ha estado estructurada, no nos hemos preocupado por definirnos, ni siquiera por el nombre en múltiples casos: Colegio del Carmen, de la Inmaculada, de las Nieves… Como San Vicente, quizá, nos hemos preocupado más por llegar a la gente, por descubrir sus inquietudes y necesidades que por identificarnos como «los colegios de las Hijas de la Caridad». A pesar de ello, nuestros intereses, nuestros medios y modos de vida, hablando en general, son distintos de los intereses y modos de vida de otros Colegios religiosos. Esto se constata de múltiples maneras en cursillos, encuentros, reuniones intercongregacionales, así como en el diálogo con padres y alumnas o exalumnas.
Estos últimos subrayan en nosotros:
- La sencillez y confianza en el trato.
- El interés por no ser gravosos en la economía y por facilitar o anular incluso, el pago de las cuotas a quienes tienen dificultad.
- La integración de las alumnas en la convivencia del colegio, fruto, en general, de la clase social media-baja a la que pertenecen la mayoría.
- La apertura a la gente humilde…
Todo esto, a mi manera de ver, es ya fruto de un mensaje vicenciano que se va canalizando a través de los educadores y de la propia institución.
Hemos visto que nuestros centros en una proporción global del 50 % están integrados por personal religioso y personal seglar. Preguntaría:
¿Cómo vivimos el educador religioso nuestro carisma?
Considero esta la principal fuente de influencia en el Profesor seglar y destaco aquí tres aspectos:
1. Aspecto personal
«No es el decir, es el ser y el hacer lo que contagia y lo que empuja».
- Nuestra responsabilidad y justicia, nuestra entrega en el trabajo serán la pauta de la responsabilidad y justicia, de la entrega en el trabajo de los demás profesores.
- Nuestro trato sencillo y respetuoso, nuestra confianza y esperanza en las personas…
- Nuestro interés especial por favorecer a los alumnos menos dotados, intelectual o económicamente; por integrar a los que no ofrecen ningún punto de atracción humana. Nuestra humildad y realismo en aceptar las observaciones, incluso correcciones que nos hacen los alumnos o compañeros de trabajo en una dinámica de evaluación y superación…
Son líneas fuerza de nuestro estilo vicenciano que «están ahí», y que constituyen la plataforma del quehacer diario.
El acercamiento personal y humano a cada uno de los componentes de la Comunidad Educativa es el camino imprescindible que hay que recorrer.
«San Vicente, lo sabemos todos, era fuertemente humano».
2. Aspecto comunitario
Destacaría aquí la influencia de aquellos cauces de servicio al pobre que puede ofrecer la Comunidad (me refiero a los extraescolares, ya que los escolares entran dentro de la organización del propio colegio).
Las Hermanas, después del horario escolar, participan en:
- Servicios benéficos: visitan a los enfermos, acuden a las casas de los pobres, colaboran con las Voluntarias de la Caridad, etc.
- Actividades pastorales: catequesis parroquial, grupos de J. M. V., grupos eclesiales, etc.
Todas estas actividades, que van más allá de lo que es netamente un colegio, son también cauces por los que el mensaje vicenciano llega al personal docente y no docente del Centro, despertando en ellos inquietud o participación.
Los colegios son, pues, plataforma de múltiples actividades de servicio y evangelización.
Sería cuestionable un grupo-Comunidad que se limitase sólo a un horario escolar como medio de evangelización, y no porque éste sea pobre, sino porque un colegio presenta todo un abanico de posibilidades que es importante descubrir y potenciar.
3. Aspecto organizativo
Una Comunidad educativa no es una realidad hecha, que existe porque se define o se desea, sino que la Comunidad Educativa es necesario construirla progresivamente.
¿Nuestros Centros tienen un carácter comunitario e integrador que sea estímulo para la marcha de la actividad docente?
Serviría de termómetro la participación que damos al personal seglar en la organización del centro.
Pienso que una dinámica del centro basada en Departamentos y Equipos docentes, desde una dirección realizada por objetivos, junto con la planificación de las Tutorías, favorece la motivación y la integración de todo el grupo de educadores; distribuye responsabilidades e implica a todos en la preparación, realización y evaluación del Proyecto Educativo.
Si programamos unas metas a conseguir con base en el Ideario; si la labor tutorial se encuadra desde la doble vertiente de una motivación intelectual que integre al alumno en la sociedad desde una actitud de servicio, y de una propuesta coherente de valores reflejados en una vivencia de actitudes que permitan al alumno comportarse con madurez, autocontrol y autonomía afectiva; si el Departamento de Formación Religiosa está iluminando la tarea escolar desde una visión cristiana, en un diálogo: fe-cultura-vida… nuestros centros son «cauces» que llevan el «agua» del mensaje vicenciano y el educador es el «alma» que canaliza y da vida.
Pienso que vamos avanzando en esta dirección, pero que nuestro caminar es lento, y es que, realmente, tropezamos con no pocas dificultades.
4. Algunas dificultades
Nosotros, como promotores de nuestros colegios, hasta hace muy poco tiempo, no hemos reflexionado suficientemente sobre qué tipo de hombre queremos formar. Cuáles han de ser los rasgos que han de definir a nuestros alumnos, y por lo tanto cuál ha de ser el perfil que debe configurar al educador. (Digo hasta hace poco tiempo porque hoy todos conocemos la labor acertada y trabajosa que está realizando la Comisión interprovincial de Centros Educativos vicencianos).
Con frecuencia tropezamos también con la pasividad e indiferencia de algunos Profesores que les cuesta o no quieren entrar en la dinámica del Centro y esto resta mucha energía al conjunto de la labor educativa. Muchos de ellos entraron en nuestros Colegios por tener una titulación adecuada para los cursos de Bachillerato elemental o superior, hoy convertidos en casi todos los casos en Centros de E.G.B., y se limitaban prácticamente a impartir su asignatura.
Hoy se impone como fundamental tener criterios firmes de selección del Profesorado. Tener para ellos una triple mirada que valore su capacidad profesional, su calidad humana, y la identificación con los objetivos marcados en el Ideario.
Otra dificultad que también podemos apreciar es la falta de concienciación en muchos educadores respecto a la identificación con nuestros principios y nuestra manera de realizar la acción educativa.
Aquí tendremos que plantearnos algunos interrogantes:
- ¿Les hemos informado suficientemente cuál es nuestro carisma, nuestra línea educativa?
- ¿Hemos presentado nuestro mensaje con su gran capacidad humanizadora?
- ¿Hemos integrado nuestras actividades pastorales, la celebración de nuestras fiestas en el Departamento de Educación en la fe, o en la línea educativa del Colegio?
- ¿Les hemos facilitado y animado suficientemente para una preparación teológica y bíblica que complete su formación inicial, como lo hacen en otros campos del saber?
- ¿Hemos promocionado encuentros de profesores en los que intercambien sus inquietudes y experiencias?
- ¿Tenemos suficientemente en cuenta, con las implicaciones que esto lleva consigo, el testimonio del laico en la escuela?
Todas estas causas, que han–distanciado de alguna manera la integración del Profesor seglar, hoy van siendo superadas por los estudios y reflexiones que estamos realizando sobre los documentos que nos definen y por las inquietudes que, a través de las mismas exigencias que nos proporciona la sociedad actual, se estan despertando en nosotros.
Para la mayoría de los centros fue el estudio del Ideario y del Proyecto Educativo Marco, lo que motivó las primeras reuniones de la Comunidad Educativa con la tarea clara de analizar, de una manera directa, nuestro carisma y estilo vicenciano.
A partir de entonces, y en base a estos documentos, comenzamos tímidamente a sacar a la luz nuestros propios Proyectos Educativos adaptados a la zona, características y circunstancias especiales de cada Centro.
En el curso 83-84, se realizó en los Centros el estudio analítico y crítico del Proyecto Educativo Marco preparado por la Comisión interprovincial de Centros Educativos vicencianos.
Hoy tenemos en nuestras manos, también para el análisis y crítica, el Documento del Carácter Propio en el que se especifican nuestros principios y criterios de pensamiento y actuación, así como las características de la escuela vicenciana.
Todos estos momentos podemos decir que son «tiempos fuertes», o así deben serlo, para una concientización de todos; primero y principalmente de la propia Comunidad, que debe asumirlo con claridad, y esto favorecerá, en gran parte, el éxito de la integración del personal seglar.
Otras acciones importantes que también se están realizando son los cursillos o convivencias del Profesorado Religioso y seglar organizados desde las provincias canónicas.
Presentan distintas modalidades y persiguen diversos fines, pero el objetivo fundamental y último podríamos decir que es la integración del Profesorado en un verdadero equipo docente que dé respuesta a la ESCUELA VICENCIANA.
Hay provincias en las que se están realizando estos encuentros hace ya algunos años, en ostras se ha hecho algún intento. Deberíamos poner en esto más empeño ya que la sociedad pluralista y carente de valores cristianos nos apremia; y ante una prospectiva, no muy lejana, de disminución notable del personal religioso en nuestros centros, es el personal seglar quien nos va a dar la garantía de que el mensaje vicenciano sigue llegando a los pobres.
También la inquietud de las provincias por formar a los Directivos, y que se ha participado a nivel nacional, es, sin duda, otra línea de mejora de los colegios, ya que una superación en la dirección y organización, promociona al equipo docente y favorece la vinculación de los Profesores al centro educativo, medio eficaz para asegurar la coherencia del desarrollo del Ideario.
Podemos terminar diciendo que hoy se nos impone una tarea tan ardua como importante. Estamos llamados a poner mucha ilusión y entusiasmo en nuestro quehacer, a desarrollar nuestra creatividad, nuestra entrega generosa, y, sobre todo, a poner toda nuestra confianza en Aquel que es el «Unico MAESTRO».
Juan Pablo II ha dicho a los Educadores cristianos en Granada:
«En vuestra relación con los jóvenes les debéis ayudar a convertir en convicciones profundas y personales los sentimientos y vivencias quizá no suficientemente arraigadas en la niñez. Así halla la tarea educadora toda su panorámica y amplitud para llevar a todos a la novedad de Cristo. Y añade… Sí, el evangelio no sólo se transmite, sino que se participa en él. Quien más participa, transmite de manera más madura, y quien más generosamente transmite, más profundamente participa».






