Entre los primeros misioneros de Varsovia, conviene mencionar al hermano Lie o Laetus Delorme. Había nacido el 25 de agosto de 1625 en Mont-.à-Mputon, en la diócesis de Sens, y había sido recibido en la Congregación, en París, el 32 de setiembre de 1642. Fue pronto después enviado a Troyes y allí hizo los votos en 1644. Seguía allí cuando el Sr. Ozenne era superior, es decir en 1650.
Desde entonces, se hacía notar por sus virtudes, su trabajo y su celo; el Sr. Ozenne se había llevado a Polonia los mejores recuerdos de él y pidió que se le enviasen.
Entre los primeros misioneros de Varsovia, conviene mencionar al hermano Lie o Laetus Delorme. Había nacido el 25 de agosto de 1625 en Mont-à-Mouton, en la diócesis de Sens y había sido recibido en la Congregación, en París, el 23 de setiembre de 1642. Fue enviado a Troyes pronto y allí hizo los votos en 1644. Allí seguía cuando el Sr. Ozenne era superior, es decir en 1650.
En ese tiempo, se hacía notar por sus virtudes, su trabajo y su celo; el Sr. Ozenne se había llevado a Polonia el mejor recuerdo de él, y pedía que se le enviasen. Hubo que esperar, ya que la casa de Troyes, teniendo muchas necesidades, por el seminario y las misiones, el hermano Delorme, por su trabajo y su actividad, se había convertido en necesario. Este buen hermano no dejó de desear también ir a Polonia para darse más perfectamente a Dios; fue enviado en 1660 o 1662.
Los pocos detalles que tenemos de su vida nos dicen bien claro cuál era el tesoro de virtudes que se había preparado en la escuela de san Vicente.
«En 1702, dice un viejo manuscrito de Santa Cruz de Varsovia, murió el hermano Laetus Delorme, a la edad de setenta y seis años. Era el decano de todos nuestros hermanos. Quería mucho a su vocación y tenía un celo muy ardiente por el bien común. Brilló sobre todo por su caridad para con los pobres. Durante el tiempo de la peste que asoló Varsovia en 1677, trabajó mucho y, sin ningún temor a exponer su vida, servía a los apestados y les llevaba a sus casas los medicamentos y la alimentación». Cuando la peste fue tan fuerte que se había mandado salir a los enfermos por miles para librar a la ciudad, el hermano Delorme fue también empleado en asistirles. Es lo que nos dice una conferencia dada en 1698 en casa de las Hijas de la Caridad sobre las virtudes de la hermano Clément (p. 522). La hermana Devaux, de regreso de Polonia, se expresaba en estos términos: «La hermana Clément ha sido empleada en servir a los apestados mientras que yo estuve en ese lugar; una mujer de nuestro hospital estaba con ella, y el hermano Delorme, de la Misión, fue colocado allí por el Sr. Superior. Había siete u ochocientos enfermos, y ella continuó sirviéndoles ocho meses, sin descansar día y noche. Su caridad se extendía también a nosotras entre este gran trabajo, y ella pedía al hermano que viniera a vernos, porque siendo cuatro jóvenes expuestas a los apestados del hospital, temía que nos expusiéramos todas a la vez a recibir esta enfermedad». Otros relatos nos hablan del aumento de enfermos hasta cuatro mil, y que había que cuidarlos en el campo.
La casa de Varsovia, dice también el manuscrito antiguo, le debe al hermano Delorme el mantenimiento de los edificios, sea de la iglesia, sea del seminario y por el cultivo de las tierras. En efecto, fue él quien vigiló la construcción de la iglesia y quien puso en buen camino todos los trabajos de los campos; pues estaba en todas partes con su diligencia y si celo. Fue él quien puso en marcha la gran huerta que está en la ciudad cerca de la casa, así como la que se halla en el barrio de Leszno. Por último, fue incansable hasta la muerte. Lleno de días y de méritos, se murió santamente el año que hemos dicho, y está enterrado en el panteón de la iglesia Santa Cruz, en Varsovia». –Memorias de la Congregación.







