El escapulario verde

Francisco Javier Fernández ChentoOración1 Comment

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Autor: Desconocido .
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El escapulario verde es un sacramental que la Santísima Virgen nos entregó por medio de Sor Justina Bisqueyburu, contemporánea de Santa Catalina Labouré (a quien la Virgen le entregó la Medalla Milagrosa). Ambas son Hijas de la Caridad. Sor Justina fue muy favorecida por la Santísima Virgen con varias apariciones y murió en olor de santidad en el año 1903.

El 28 de enero de 1840, Sor Justina estaba en su retiro de noviciado y se encontraba orando en la Capilla del convento, cuando de pronto tuvo una aparición de la Santísima Virgen.

La Virgen Santísima se le apareció con un vestido largo de ceda blanca dejando al descubierto sus pies. Sobre su vestido un manto azul claro. Su cabello caía sobre sus hombros y no estaba cubierto por un velo. Sor Justina notó que las manos de la Virgen estaban cerca de su pecho y sostenían su Inmaculado Corazón, del cual salían llamas resplandecientes. La Virgen no trasmitió ningún mensaje.

Esta misma visión se repitió al final del retiro y en otras cinco ocasiones durante el curso de su noviciado. En ninguna ocasión la Virgen Santísima pronunció palabra alguna, sin embargo los detalles en cada una de las visiones fueron iguales.

Después de que Sor Justina hizo su profesión religiosa, la congregación la envió a un pueblo llamado Blangy, allí trabajaría con las Hermanas de su Orden. Al poco tiempo de haber llegado, la comunidad estaba reunida para celebrar la fiesta del Nacimiento de la Santísima Virgen María. Sor Justina se encontraba en oración meditando sobre la grandeza de esta celebración. De pronto tuvo una nueva visión, esta vez diferente a la de ocasiones anteriores.

La Santísima Virgen se le aparece vestida igual que en las otras ocasiones: con un vestido de seda blanca cubierto por el manto azul pálido, y en sus manos sosteniendo el Inmaculado Corazón, resplandeciente con las más intensas y deslumbrantes llamas que salían de él. Pero, tenía algo diferente: en su mano izquierda sostenía lo que parecía ser un Escapulario o insignia de alguna clase. A diferencia de otros Escapularios (como el carmelita, por ejemplo), éste tenía un sólo cuadrado de tela en lugar de dos. El cuadrado de tela estaba atado con cordones verdes. En él estaba una imagen de la Virgen de la misma forma en que se la había aparecido a Sor Justina en sus anteriores visiones, sosteniendo en su mano derecha su Inmaculado Corazón. Al voltear la imagen, la religiosa vio “un Corazón ardiendo con rayos más deslumbrantes que el sol y tan transparente como el cristal.”

Durante esta visión se le dio a conocer por una revelación interior el significado de esta aparición. Esta visión representaba un nuevo medio para alcanzar gracias: el Escapulario del Inmaculado Corazón. Este escapulario sería un poderoso instrumento para la conversión de almas, particularmente aquellas que no tienen Fe, y que por medio de él, la Santísima Virgen obtendría para ellos, mediante su Hijo, la gracia de una muerte en gracia de Dios. Se le hizo también saber, a la religiosa, el deseo de la Madre de Dios de que el escapulario fuese propagado por todas partes para que estas gracias particulares, lleguen a todas las almas que abracen esta devoción.

En apariciones subsiguientes la Virgen se apareció de la misma forma, insistiendo en que se propagara la devoción a este escapulario. Finalmente, los Escapularios se empezaron a fabricar y a ser distribuidos por las Hermanas en París, luego por toda Francia y fuera de ella. Con este fin, las Hermanas habían recibido la aprobación formal y el impulso necesario de Su Santidad, Papa Pío IX, en 1870.

La forma de este escapulario

Consiste en un trozo de tela verde, con una doble representación gráfica:

En el anverso lleva la imagen de María, mostrando su corazón virginal, en el centro de su pecho, sosteniéndolo con sus manos inmaculadas. Su Corazón aparece traspasado por una espada y coronado de llamas. Este mismo Corazón, en gran tamaño, aparece en el reverso, rodeado por el óvalo que forma esta inscripción:

“Inmaculado Corazón de María, ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte”

Presidiendo el óvalo de la inscripción figura una cruz de oro. El fin específico de este escapulario es la invitación a orar, a recurrir al Inmaculado Corazón de María con confianza y pedir, sobre todo, por los pecadores. Hay que recitar, nos dijo Sor Justina, por lo menos una vez al día la jaculatoria del reverso.

Don para los enfermos

Este escapulario ha sido dado por Nuestra Señora, particularmente como un don para los enfermos. Se le puede poner en sus ropas, en su cama o en su habitación. Si la persona a quien se le aplica no dijera la jaculatoria, el que le haya proporcionado el escapulario, puede decirla por el enfermo.

Los prodigios que ha producido este escapulario atestiguan la bendición y el cumplimiento de la promesa de la Virgen a todos los que lo lleven y digan la jaculatoria: ” Hará grandes conversiones, particularmente para alcanzar la buena muerte a los pecadores y a los que no tienen fe”.

El Escapulario Verde no requiere ninguna fórmula particular de investidura sino solo la bendición de algún sacerdote católico.

* * *

La Insignia Verde del Inmaculado Corazón de María o “escapulario Verde”

En una agitada calle de París, se encuentra el Convento Superior de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Es un convento muy activo, porque las personas vienen de todo el mundo para orar en la Capilla y a pedir la intercesión de la Virgen Inmaculada, Madre de Dios. Vienen aquí porque la Capilla es un lugar sagrado, un lugar donde el Cielo se une a la tierra de una manera especial. Esta unión de Cielo y tierra comenzó en 1830, cuando Santa Catalina Labouré experimentaba las visiones de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Durante el curso de estas visiones, la Virgen prometió que todos que vinieran aquí con Fe recibirían inmensas gracias a través de su intercesión a través de su Divino Hijo, Jesús. La historia del Escapulario Verde empieza en esta misma Capilla, pero nueve años después, y con otra Hermana, Justina Bisqueyburu. Es a ella a quien Nuestra Señora del Escapulario de Verde se le aparecía.

La Hermana Justina Bisqueyburu nació el 11 de noviembre de 1817, en el pueblo de Mauleon, en los bajos Pirineos de Francia. Pasó sus primeros años con la hermana de su madre. Su vida en ese momento era simple, como la de cualquier niña de su edad. Cuando cumplió los 22 años, Justina se unió a las Hermanas de Caridad de San Vicente de Paúl – una Orden muy popular y extendida en Francia en ese momento, y fundada en los grandes principios de espiritualidad y caridad del gran ‘Monseñor Vicente’, que era como a él se le refería. El Monasterio de la Orden estaba en la Rue du Bac, en París – una calle bulliciosa en el corazón del sector comercial de la ciudad.

Brevemente después de su llegada al Monasterio, Justina comenzó a experimentar gracias místicas y manifestaciones sobrenaturales.

El 28 de enero de 1840, durante su retiro de noviciado, estando orando en silencio en la Capilla del convento, se le apareció, sobresaltándola, la Santísima Virgen María. La Madre de Dios tenía un vestido largo de seda blanca dejando al descubierto sus pies. Encima del vestido tenía un manto del más pálido azul. Su cabello caía suavemente sobre sus hombros y no estaba cubierto por un velo. La Hermana observó que las manos de la Santísima Virgen estaban dobladas hacia su pecho y sosteniendo el Inmaculado Corazón, del cual salían llamas resplandecientes. La Madre de Dios no dijo nada.

Esta visión se repitió al final del retiro de la Hermana Justina y en otras cinco ocasiones durante el curso de su noviciado en el monasterio. En cada ocasión, la Santísima Virgen no decía nada y los detalles de cada visión eran idénticos.

Después de tomas sus primeros votos, la religiosa Justina fue enviada al pueblo de Blangy, para trabajar allí con las Hermanas de su Orden. Brevemente a su llegada, las Hermanas se reunieron para celebrar el Nacimiento de la Santísima Virgen María. En este día la Hermana Justina estaba en oración y meditaba en esta celebración. De repente tuvo una nueva visión, esta vez diferente a la de ocasiones anteriores.

La Santísima Virgen se vistió como antes, con un vestido de seda blanca cubierto por el manto azul pálido, y en sus manos sosteniendo el Inmaculado Corazón, resplandeciente con las más intensas y deslumbrantes llamas que salían de él. Pero en su mano izquierda sostenía lo que parecía ser un Escapulario o insignia de alguna clase. A diferencia de otros Escapularios, este tenía un sólo cuadrado de tela en lugar de los dos usuales. El cuadrado de tela estaba atado con cordones verdes. En él, estaba una imagen de la Virgen de la misma forma en que se la había aparecido a la Hermana Justina en sus anteriores visiones, sosteniendo en su mano derecha su Inmaculado Corazón. Al voltear la imagen, la Hermana vio “un Corazón ardiendo con rayos más deslumbrantes que el sol y tan transparente como el cristal.”

El Corazón fue perforado por una espada y rodeado por una oración en forma oval, y en la parte superior de óvalo, una Cruz de oro. En la oración se lee:

“Inmaculado Corazón de María,
ruega por nosotros,
ahora y en la hora de nuestra muerte.”

Durante la visión, la Hermana Justina tuvo una inspiración interior en la que le dijo el significado de lo que ella estaba viendo. Se le reveló que este Escapulario del Inmaculado Corazón sería un instrumento para la conversión de almas, particularmente aquellas que no tienen Fe, y que por medio de él, la Santísima Virgen obtendría para ellos, mediante su Hijo, la gracia de una muerte feliz en amistad con Dios. Se le hizo también saber a la religiosa el deseo de la Madre de Dios de que el Escapulario sea propagado por todas partes para que estas gracias particulares, lleguen a todas las almas que sigan esta devoción.

Siempre humilde y prudente, y desconfiada de ella misma, la Hermana Justina temía que lo que ella había experimentado fuera sólo el producto de su imaginación. Le contó estas experiencias a su superiora directa de la Orden, y le pidió que no dijera nada. Sin embargo, también le pidió que si ella consideraba necesario, le contaría todo lo ocurrido al Director Espiritual.

En dos ocasiones subsiguientes, se repitió esta visión del Escapulario Verde a la religiosa y comprendió que debía contarle todo a su Director Espiritual. El Sacerdote responsable de su dirección espiritual era el Padre Aladel – a quien la Hermana Justina no conocía – estaba involucrado íntimamente en la propagación de la Medalla Milagrosa, por ser también Director Espiritual de otra Hermana de la Orden, Catherine Labouré. Se ejerció mucho discernimiento y prudencia necesaria, qué causó retraso en la fabricación y propagación de los Escapularios Verdes. De hecho, en visiones subsecuentes, la Santísima Virgen se quejó por la larga espera para tener el Escapulario hecho y distribuido, después de todo, cada momento de retraso, eran oportunidades de perdidas.

Finalmente, los Escapularios se empezaron a fabricar y a ser distribuidos por las Hermanas, en París y luego por toda Francia y fuera de ella. Con este fin, las Hermanas habían recibido la aprobación formal y estímulo de Su Santidad, Papa Pío IX, en 1870.

La Hermana Justina mantuvo un velo de silencio sobre estas manifestaciones y sólo hablo de ellas con aquéllas personas directamente responsables de su preparación espiritual. Y así, la Hermana Justina era vista únicamente como una Hermana religiosa humilde y fiel, como tantas otras, fiel a la Regla, obediente a aquéllos cuya autoridad estaba por encima de ella, y compasiva con aquéllos que necesitaran de su ayuda. Al finalizar su entrenamiento religioso, la Hermana Justina dedicó calladamente la mayoría de sus años en varios hospitales de la Orden en Francia, y se le recordó después como una Hermana diligente, capaz, compasiva y gentil.

El Escapulario Verde no requiere ninguna fórmula particular de investidura sino una simple bendición de cualquier Sacerdote católico. A diferencia de otros Escapularios que hacen necesario llevarlos puestos, el Escapulario Verde puede llevarse puesto o estar con uno, e incluso tenerlo entre las pertenencias de uno. La oración encontrada en el Escapulario debe orarse al menos diariamente. Si la persona para quien estas gracias se buscan no dice la oración, entonces debe ser orada por la persona que esté dando el Escapulario.

Las gracias particulares de este Sacramental son para inducir y ahondar en la devoción al Inmaculado Corazón de María, y para la conversión de corazones y almas. Y a través del uso devoto de este Escapulario, muchas gracias se han obtenido y pasado a muchos y en muchas ocasiones, como será testificado por una gran diversidad de almas.

One Comment on “El escapulario verde”

  1. Hola buenas tardes,

    Quisiera saber donde puedo comprar el escapulario verde. Agradecería su ayuda.

    Gracias,

    Paola Seoane

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