El compartir o la comunicación de bienes

Francisco Javier Fernández ChentoFormación Vicenciana1 Comment

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Autor: Teresa GUIMBERT · Fuente: Ecos 1998.
Tiempo de lectura estimado:

Sería más exacto hablar del compartir fraterno. Es nuestra comunión en Jesu­cristo la que explicita este compartir.

Les propongo reflexionar en los siguientes aspectos:

La comunicación de bienes en la Iglesia.

La comunicación de bienes en san Vicente y santa Luisa.

La comunicación de bienes vivida hoy en el seno de la Compañía.

 

I. LA COMUNICACION DE BIENES EN LA IGLESIA

La actitud de la Iglesia con relación a la comunicación de bienes tiene sus raíces en el Nuevo Testamento que proporciona los impulsos fundamentales.

Esta reflexión ha sido precedida por la del pueblo de Israel… El Antiguo Tes­tamento habla ya de esta idea del destino universal de los bienes, derecho que se remonta a la creación misma del hombre (Gn 1,26).

Los bienes económicos son indispensables para la subsistencia y el crecimien­to del hombre. Dios ha concedido al hombre una participación de su propio poder; Dios es el primer propietario, el hombre es, de alguna manera, su administrador y sólo puede usar los bienes de la naturaleza que Dios ha puesto a su disposición, respetando la intención divina que es, ante todo, que toda persona pueda acceder a su uso. Esto implica, a través de las diferencias y desigualdades particulares, una exigencia comunitaria de solidaridad humana y poner a disposición de los demás el uso de los bienes que se poseen.

 

1. El Antiguo Testamento

Cuando pensamos en los comienzos de la historia de Israel, resulta conmove­dor constatar que hubo, al parecer, una comunión bastante natural y estrecha entre los creyentes… El compartir era una cosa normal.

El tiempo del maná

Este alimento es su riqueza, cada uno dispone de lo que necesita para el día, «Todas las mañanas, cada uno recogía lo necesario para alimentarse» (Ex 16,21), pero en el momento en que se reunió una comunidad surgió la tentación de enriquecerse sin tener en cuenta a los demás y por lo tanto, inevitablemente, con perjuicio de ellos y contra ellos… En tiempo de los reyes se empieza a excluir a algunos, y por otra parte hay quienes se enriquecen sin preocuparse de compartir. Este compartir, con frecuencia, no se lleva bien en la práctica, lo que explica el número de leyes:

Lv 19,15 y Lv 19,18.

Dt 15,1-2: perdón de las deudas cada siete años. Lv 25,1-19: año sabático, año de jubileo.

Tal insistencia en las leyes nos revela que el compartir era con frecuencia más teórico que real.

2. El Nuevo Testamento

Jesús encuentra una comunidad de Israel profundamente fragmentada, donde amar al prójimo es, sobre todo, amar al próximo y excluir al no próximo. Jesús enseña que todo hombre es mi hermano y tiene derecho a recibir mi amor. Jesús muestra en varias ocasiones que el compartir encuentra obstáculos: egoísmo, amor a las riquezas, endurecimiento del corazón.

La riqueza es un obstáculo porque cierra el corazón del hombre a la comuni­cación de bienes… Jesús le miró con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: vete, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Luego, ven y sígueme». Pero ante estas palabras, él frunció el ceño y se marchó muy triste, porque poseía muchos bienes. Mirando alrededor, Jesús dijo a sus discípulos: <iQué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen rique­zas!»

Los discípulos se quedaron asombrados ante estas palabras (Mc 10,17-24). Endurecimiento del corazón (parábola de Lázaro, el pobre y el hombre rico) (Lc 16,19-31), del buen Samaritano (Lc 10,25-37), juicio final (Mt 25,31-46).

Jesús pone de relieve el valor del óbolo de la viuda (Mc 12,41-44): «Jesús estaba sentado frente al lugar de las ofrendas, y observaba cómo la gente iba echando dinero en el cofre. Muchos ricos contribuían con abundancia. Pero llegó una viuda pobre, que echó dos monedas de muy poco valor. Jesús llamó enton­ces a sus discípulos y les dijo: «Os aseguro que esa viuda pobre ha echado más que todos los demás. Pues todos han echado de lo que les sobraba; ella, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo lo que tenía para vivir»».

Jesús no precisa los detalles de una distribución o de un compartir: «Amigo, ¿quién me ha hecho juez o árbitro entre vosotros?» (Lc 12,14), pero recuerda constantemente que el propietario no es más que un administrador de sus bienes.

3. La comunidad primitiva

La descripción de la comunidad de Jerusalén (Hch 2,44; 4,32-37) corresponde sin duda a una cierta realidad, al ser un grupo relativamente reducido, la comu­nicación de bienes pudo hacerse de una manera armoniosa, pero al crecer el número de los discípulos (Hch 6,1) apareció la dificultad para esta comunicación de bienes, incluso en la ayuda a los indigentes.

Parece que la Iglesia de Jerusalén no había exigido poner todos los bienes en común: el episodio de Ananías y Safira nos muestra que esta Iglesia era libre.

4. Los Padres de la Iglesia

Basilio de Cesarea y Gregorio Nacianceno afirman que los bienes de la tierra son un depósito confiado por Dios.

Gregorio el Grande concluye que los que tienen bienes deben procurar lo necesario a los que no los tienen. Es un deber de justicia.

5. Doctrina social de la Iglesia

El Concilio Vaticano II enunció los principios que deben determinar la actitud del hombre frente a los bienes de la tierra, «los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa» (G.S. 3, n.° 69 § 1).

Este texto recuerda, citando a santo Tomás cuando habla del derecho de propiedad, que no se trata de un derecho exclusivo: «En el uso que hace el hombre de los bienes, no debe considerar las cosas que posee como propias, sino como comunes» (Suma Teol. Ila. Ilae. 9.66, art. 2).

El Concilio confirma la posición tradicional de la Iglesia: «Quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí».

El Concilio invita a proporcionar a los hombres, ante todo, los medios que les permitan alcanzar su total desarrollo e incluso pretender, a su vez, alcanzar estos bienes que les están destinados como a todos. GS n.° 69. Populorum Progressio, n.° 22. Santo Tomás, Sollicitudo rei socialis, n.° 42.

Los Papas Pablo VI y Juan Pablo II hacen también esta invitación en sus encíclicas sociales: Populorum Progressio, n.° 22. Centesimus Annus, n.° 57.

6. Llamada particular a los que son llamados a la Vida Consagrada

El artículo 13 de Perfectae Caritatis hace una llamada a la comunicación de bienes materiales entre las Provincias y las Casas de un mismo Instituto, para que las que tienen recursos suficientes ayuden a las menos favorecidas y se hagan cargo de las necesidades de la Iglesia y de los pobres.

Si esta invitación a la comunicación de bienes no la hace expresamente el derecho canónico, el canon 634, § 2, sí pide a los Institutos religiosos que no acumulen bienes y en el art 635 § 2 precisa que importa que cada Instituto establezca sobre el uso y la administración de los bienes, con las que fomente, defienda y manifieste la pobreza que le es propia».

 

II. LA COMUNICACION DE BIENES A EJEMPLO DE SAN VICENTE Y SANTA LUISA

La Congregación de la Misión y la Compañía de las Hijas de la Caridad cuando estaban en sus comienzos no tenían bienes comunitarios; santa Luisa se vio obli­gada a pedir un préstamo para hacer algunas obras en la Casa Madre, y san Vicente que en su conferencia del 26 de agosto de 1657 dice que una de las cosas que más temía era el manejo del dinero, porque recibió mucho para atender a las necesidades de los pobres.

Si bien, al dirigirse a los Sacerdotes de la Misión reconoce que: «Estamos obligados a tener algunos bienes y hacerlos rendir para atender a todo» (Conf. 21­2-1659) y a las Hijas de la Caridad les dice: «El nervio de la Compañía son esos pocos bienes que tenéis, pero si eso llega a fallar, no podréis manteneros» (Con­sejo 8-9-1655), e invita a administrar los bienes para gastarlos y no para acumu­larlos (Conf. 25-12-1648 y 26-8-1657).

Esta administración deberá ser rigurosa tanto para el bien de los pobres como para el bien de aquellas encargadas de manejar el dinero para uso de la Comunidad. Y añade: «No pretendáis quedaros con nada para vuestra subsistencia… confiad en la Providencia».

1) San Vicente hace una llamada a respetar el espíritu de pobreza (Conf. Esp., 20 de agosto de 1656, págs. 649; 652-653), precisando, además, que la riqueza y abundancia de los bienes temporales han causado la pérdida no sólo de varios eclesiásticos, sino también de Comunidades y Ordenes enteras.

2) San Vicente recomienda, pues: no apropiarse de los bienes de los pobres, y para esto llevar bien las cuentas, rendir cuentas, separar las cuentas de los pobres y de las de la Comunidad…

Y santa Luisa, en su correspondencia, lo recuerda también: «Sean muy exactas en no tomar en provecho suyo nada que pertenezca a los pobres» (Santa Luisa, Corr. y Escr. Carta 402, 7-1-1652, a sor Juliana Loret). «Que una Hermana maneje el dinero de sus gastos y la otra el de los pobres» (Id. E. 55, n.° 182, pág. 762. Instrucciones a las Hermanas enviadas a Montreuil sur Mer).

Santa Luisa es prudente y pide a Bárbara Angiboust que sale destinada de Brienne, que haga su rendición de cuentas por escrito, y que lleve la copia a la Casa Madre, por si se diera el caso de que hubiera alguna reclamación por parte de las Damas (Id. C. 456).

3) Optar por un estilo de vida pobre

Varias conferencias de san Vicente hacen alusión a la sobriedad, a la frugali­dad que observan las Hijas de la Caridad (Conf. del 30-5-1647, 8-9-1657, 9-12­1657, 25-1-1643), «pobreza en vuestros hábitos, en vuestro sustento, y en todo lo necesario para subsistir» (Conf. Esp. n.° 2352 – Conf. 3-7-1660).

4) Poner en común los bienes

«Son enseres de esa casa y si la una o la otra fueran trasladadas antes de que estuvieran estropeados, tendrían que dejarlos ahí para uso de las que fueran a reemplazarlas» (Santa Luisa, Corr. y Escr. Carta 272, hacia enero de 1649, a sor Brígida y a sor María).

«No sé si las Hermanas de Varize conocen la práctica ordinaria de las Herma­nas de que su retribución se aplique no sólo para su mantenimiento, sino también para pagar las telas de sus hábitos aunque se los mandemos nosotras, porque ya sabe usted, querida Hermana, que no podríamos soportar esos gastos» (Id. Carta 652, 29-9-1658, a sor Bárbara Angiboust). «Bueno será que las Hermanas se den cuenta de que lo que traen equivale casi al importe de los gastos; y que como algunas traen más de lo que ellas gastan, con eso se suple a lo que otras traen de menos» (Id. 145, a san Vicente, 2-5-1646).

5. Compartir de lo que se ahorra

San Vicente y santa Luisa nos animan con fuerza a ello. San Vicente dice: «Una de vuestras Hermanas no tiene más que vosotras, y sin embargo, desde hace un año poco más o menos, me ha enviado 50 libras de su ahorro» (Conf. Esp., n.° 99, 15-10-1641).

Ambos invitan a las Comunidades a aportar lo que les sobra, una vez que se han cubierto sus necesidades (Conf. 16-5-1647).

En la conferencia del 28 de noviembre de 1649 (n.° 799 y ss.), san Vicente anima a las Hijas de la Caridad a llevar, como las abejas, lo que les quede; les habla del deber de contribuir a los gastos de la Casa Madre para colaborar de esa forma en el servicio de los pobres, en la instrucción de la juventud y en los gastos que supone la formación.

San Vicente, en esta misma conferencia, expresa el deseo de que el fruto del trabajo de unas permita «servir en las aldeas que no tienen medios para sostene­ros» (n.° 816).

Santa Luisa comparte totalmente el punto de vista de san Vicente, puesto que hace notar en sus «Observaciones sobre las Reglas Comunes» (E. 92, pág. 799), la falta de claridad del artículo 8, y añade: «Me parece que excluye a las Herma­nas de las parroquias de las aldeas de entregar a la Casa el sobrante, lo que no sería justo, porque a ellas también, lo mismo que a las demás, se las viste a expensas de dicha Casa».

 

III. LA COMUNICACION DE BIENES EN EL SENO DE LA COMPAÑIA

1. Las Constituciones

Acabamos de ver que la comunicación de bienes se practica desde el origen de la Compañía; sin embargo, quizá, como nos invitaba Madre Guillemin, hemos de proseguir con nuestro deseo de «vivir en la verdad» y dejarnos interrogar por las cuestiones que pudieran suscitar estos intercambios a los que se nos ha invitado.

Nuestras Constituciones instan a cada uno de los miembros de la Compañía:

  • «a poner al servicio de sus hermanos su persona, talentos, tiempo, trabajo, lo mismo que los bienes materiales que consideran como patrimonio de los desheredados» (C. 2.7, § 2);
  • a vivir «sencillamente con gran confianza en la Providencia>, (C. 2.7, § 4);
  • a poner en común los bienes de la Compañía que tienen a su uso (C. 2.7, § 6);
  • a evitar «siempre cualquier desigualdad y manifestación de propiedad» (C. 2.7, § 10);
  • a establecer entre las Hermanas una coparticipación que abarca desde las condiciones materiales de la existencia hasta los compromisos espirituales y apostólicos (C. 2.19);
  • a una «participación efectiva en las responsabilidades» (C. 3.26, § 2).

Por último, en su artículo 3.54, explicitan las modalidades de la comunicación de bienes:

«Con la preocupación por la comunicación de bienes, las Comunidades locales contribuyen a los gastos de su Provincia, y del mismo modo, las Provincias sostienen la Curia Generalicia que está a su servicio.

Además, las Comunidades locales y Provincias que cuentan con recursos sufi­cientes para ello, ayudan a las menos favorecidas, sin dejar de estar también aten­tas a las necesidades urgentes del prójimo y a las de la Iglesia universal y local».

 

2. Comunicación de bienes

Esta comunicación se realiza:

a) A nivel local

«La Comunidad local, célula viva de la Iglesia, permite a la Compañía estar presente allí donde cada Hija de la Caridad, unida a sus compañeras, realiza su vocación» (C. 3.44). Es el lugar donde las Hermanas tienen que vivir efectivamen­te la pobreza, tanto a nivel personal como comunitario. Disponen para ello de medios estructurales.

El proyecto comunitario (C. 3.46 y E. 57) elaborado en corresponsabilidad entre todos los miembros de la Comunidad local, concreta las motivaciones apostólicas y determina el estilo de vida que implica el apostolado, teniendo en cuenta el lugar, los compromisos que han tomado las últimas Asambleas y las normas provinciales… Este proyecto tiene que recibir la aprobación de la Visitadora y su Consejo.

Elaboración de un presupuesto

Este término «presupuesto» no figura en las Constituciones ni en los Estatutos; pero en ellos se dice que nuestra pobreza se vive:

  • en corresponsabilidad (C. 2.7; 2.19; 3.26; 3.54),
  • con inquietud por la comunicación de bienes,
  • con un estilo de vida sencillo.

Una Hija de la Caridad mantiene el estatuto de sierva, viviendo pobremente, considerando que gastar sin prever o distribuir el excedente, en función de una opción personal, es obrar como rica o propietaria que dispone de sus bienes.

El presupuesto se establece a partir de los gastos e ingresos del año anterior, teniendo en cuenta las modificaciones que ha habido en la composición de la Comunidad, la situación de las Hermanas, la inflación. Debe reflexionarse a partir de la vida: ¿hemos empleado bastante en obras de caridad?, ¿nuestra contribu­ción a la Provincia ha sido suficiente?

Me parece que limitarse al envío del excedente puede ser, en ciertos casos, insuficiente. Tengamos cuidado: malgastar sería un insulto a los pobres. Ahorrar sí, pero para darlo a los más necesitados.

Revisión comunitaria

El proyecto comunitario y el presupuesto provisional son reflejo de una inten­ción apostólica y se establecen con el fin de que nos ayuden a acercarnos a esta finalidad apostólica.

Ambos han de releerse y han de ser objeto de reflexión con el fin de que interpelen a los miembros de la Comunidad para verificar la fidelidad a sus com­promisos.

¿Puede comprobarse por todos que el coche que se necesita para el servicio de los pobres se utiliza sólo para ese fin?

Nuestros desplazamientos, viajes, peregrinaciones, ¿los hacemos por un mo­tivo de caridad y no por el gusto de una Hermana? ¿Intentamos verdaderamente llevar a cabo una comunicación de bienes con la Provincia, con los pobres, con las misiones?

No debería haber comunidades ricas y comunidades pobres. Cada comunidad debería poder vivir normalmente. Las comunidades ricas cumplen con su deber respecto a la Provincia, ayudando por medio de ella a las comunidades que tienen unos ingresos insuficientes. Nuestra Madre Guillemin invitaba a tener las manos limpias de toda retención de dinero.

b) A nivel provincial

La administración de la Provincia que reagrupa un determinado número de Comunidades locales, debe permitir una comunicación de bienes a su propio nivel… Debe asegurar la vida de la Provincia para que pueda responder a las llamadas de la Iglesia y de los pobres, en fidelidad al carisma de los Fundadores.

Con sus recursos constituidos esencialmente por:

  • la aportación del excedente de las Comunidades locales,
  • los donativos,
  • los productos financieros (es legítimo invertir prudentemente los fondos previstos para una u otra finalidad),

debe asumir ciertas cargas que les son a ustedes más familiares que a mí y discúlpenme que enumere algunas:

  • cierta distribución equitativa entre las comunidades para permitir a todas que lleven a cabo plenamente su servicio a los pobres;
  • la formación inicial y permanente (C. 3.7) que se daba ya entre nuestras primeras Hermanas;
  • la prevención y la asistencia sanitaria conveniente, así como la correcta subsistencia de las Hermanas enfermas, inválidas, mayores;
  •  ayuda a las familias de las Hermanas cuando las circunstancias lo requieren, con la debida discreción;
  • las obras de mantenimiento y reparación de las casas de la Provincia que no pueden ser costeadas por ella;
  • el funcionamiento propiamente dicho de la Curia Provincial;
  • y, como indica la C. 3.54: «Las Provincias sostienen a la Curia Generalicia,
    que está a su servicio», enviándole la cantidad de la tasa generalicia.

Las cuentas de la Provincia, establecidas así, pueden tener un excedente y dar lugar a un remanente. Contrariamente a la práctica contable de una empresa, este excedente no ha de incorporarse simplemente al patrimonio. Si está constituido ya un fondo de reserva, es el Consejo quien decide su destino en respuesta a las llamadas de los pobres y de la Iglesia a nivel local, provincial, nacional e interna­cional.

Este excedente pertenece al servicio de los pobres en su dimensión interna­cional. Las Provincias que disponen de más bienes y servicios comunes deberían sentirse responsables de las más débiles y estar dispuestas a compartir. Es lo que se hace: un tercio del total de las Provincias comparte con las de los países cuya economía es más frágil… y aproximadamente una tercera parte también de las Provincias se ve ayudada.

Seguramente han reconocido el lenguaje de nuestro plan contable, las rúbricas que figuran en nuestros documentos de cuentas de fin de año. Tenemos nuestra terminología propia aunque respetando la técnica de la contabilidad; la finalidad es reflejar la situación financiera de la Provincia. Ya se trate de debe o haber, las indicaciones que se aportan han de permitir comprender la vida de la Comunidad Provincial porque detrás de estas cifras se oculta una vida.

c) A nivel general

Esta ayuda interprovincial se efectúa, en su casi totalidad, a nivel general. Nada se opone a que sea más directa, pero entonces sería necesario informar de ello a la Curia Generalicia que tiene una función coordinadora en este campo y busca todos los medios que pueden facilitar un compartir más justo.

Los excedentes centralizados en el Economato General se distribuyen así:

  • formación de las Hermanas que se preparan para partir a la Misión ad Gentes;
  • acogida y reciclaje de las Hermanas que regresan después de unos años pasados en la misión;
  • envío periódico de las pensiones de mantenimiento de las Hermanas en actividad que no pueden recibir ninguna remuneración en países donde el nivel económico es precario o que dependen de Provincias jóvenes. El montante de estas pensiones lo fija el Consejo General a propuesta de la Visitadora;
  • pago de viajes y estancias en la Casa Madre de algunas Hermanas de Provincias alejadas, con el fin de permitirles la participación en los cursillos internacionales;
  • el envío de Hermanas, en respuesta a una llamada de la Iglesia, a un país o región donde la Compañía todavía no está implantada y todo lo que supone el hacerse cargo de estas Hermanas;
  • ayuda eventual a una Provincia para permitirle hacer frente a un gasto urgente y demasiado elevado (obras después de una catástrofe, acondi­cionamiento de un seminario, de una casa de Hermanas mayores…);
  • gastos médicos elevados para Hermanas que no tienen Seguridad Social;
  •  la «caja de catástrofes», constituida en gran parte por la aportación de las Provincias, permite que, en cuanto tenemos conocimiento de una catástro­fe, podamos enviar por medio de la Provincia afectada una primera ayuda de 50.000 francos (8.100$) destinada a las víctimas, ayuda que puede ser renovada a petición de la Visitadora;
  • la caja «ayuda a misiones» constituida en parte por excedentes, permite enviar ayuda dos veces al año a las Comunidades de países donde la economía es especialmente precaria;
  • dos veces al año también se envían fondos a países que sufren hambre, o a leproserías donde trabajan nuestras Hermanas.

Una vez que hemos respondido a estas necesidades, procedemos, en princi­pio, dos veces al año, a una distribución tan equitativa como sea posible de los fondos disponibles, dejando a las Provincias que los reciben, la tarea de distribuir­los a través de su Visitadora y Consejo, con la certeza de que estos fondos son destinados a los pobres y que esas Provincias están muy atentas a la promoción humana de las clases sociales marginadas intentando ante todo enseñarles a responder ellos mismos a sus propias necesidades.

Como conclusión, puedo dar testimonio de que la comunicación de bienes es una realidad en el seno de la Compañía… las modalidades son distintas de las de nuestras primeras Hermanas; en aquella época la Compañía era esencialmente de dimensión nacional, hoy sin embargo, la dimensión es internacional. Estas moda­lidades deben inscribirse en este contexto de globalización; cada miembro de la Compañía debe sentirse comprometido en la búsqueda de los remedios para solucionar el grave problema de la desigualdad en la distribución de los medios de subsistencia, destinados desde su origen, a todos los hombres, respetando estos principios de igualdad para todos, respeto indispensable, a pesar de las diferencias. Las Provincias económicamente más débiles deben llegar a ser capa­ces de ofrecer, ellas también, con la ayuda de las demás Provincias y de la Curia Generalicia, una contribución a los bienes comunes, gracias a sus tesoros en humanidad y en cultura.

No podemos ignorar que un tercio del total de las Provincias conocen dificul­tades financieras, que con frecuencia son el reflejo de la economía de los países en que están implantadas; ignorar esto equivaldría a identificarnos con el hombre rico que fingía no conocer a Lázaro, el mendigo, que yacía junto a su puerta (Lc 16,19-31).

Ayer les recordé que la Ecónoma tenía una responsabilidad especial respecto a la manera como se vive la pobreza en su Provincia.

Hoy, deseo invitarlas a reflexionar cómo actualmente, en las condiciones en que vivimos, podemos pensar en una mejor comunicación de bienes:

  • a nivel local,
  • a nivel provincial,
  • a nivel general.

¿Sabemos informarnos mutuamente?… ¿Nuestras cuentas son suficientemente transparentes?

Ciertamente, no podremos nunca remediar todas las necesidades que encon­tramos, pero lo importante es establecer una situación de colaboración con los pobres, a fin de que se sientan en un nivel de igualdad con nosotras y respon­sables de su porvenir… Y tanto más cuanto que en un próximo futuro, los recursos generales de la Compañía no serán lo que son actualmente debido a la escasez de vocaciones en el hemisferio norte y al envejecimiento de sus miembros.

Busquemos, pues, juntas, la manera de vivir mejor la comunicación de bienes.

 

 

One Comment on “El compartir o la comunicación de bienes”

  1. Me parece un artículo muy interesante y muy útil para mi. Muchas gracias por darme la posibilidad de profundizarlo.

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