Escucha, hermano, lo que dice san Vicente acerca de la vida de piedad:
Cristo el Señor y sus discípulos tenían sus ejercicios de piedad, como por ejemplo subir al templo, retirarse de vez en cuando a la soledad, dedicarse a la oración, y cosas semejantes. Por ello parece muy justo que también esta pequeña congregación tenga sus prácticas espirituales propias, que observará con mucha exactitud, y que preferirá a cualesquiera otras, a no ser que la necesidad o la obediencia pidan otra cosa. Dichas prácticas nos llevarán con seguridad a guardar con fidelidad las Reglas y Constituciones y también a la perfección propia’.
San Vicente te pide que hagas de la Trinidad y de la Encarnación el centro de tu vida. Recuerda que nos propone continuamente a Jesús, la Palabra hecha carne, como el ejemplar para todo lo que los miembros de su congregación debían hacer. Te pide que llegues a conocer a Dios nuestro Padre en la oración, y que pidas al Espíritu de Dios que llene a la compañía, de manera que la vida del Señor resucitado se haga presente en nuestras vidas.
San Vicente señala unos medios concretos a los que, en una forma adaptada a hoy, las Constituciones te piden que seas fiel:
- participar cada día en la eucaristía;
- únete a tus hermanos cada mañana y cada tarde para alabar a Dios en común;
- en imitación de Cristo, que empleaba noches enteras rezando, ayuda a tus hermanos dedicando una hora cada día a la oración personal; emplea algún tiempo a orar en presencia del Santísimo Sacramento;
- recibe con frecuencia el sacramento de la penitencia, como lo recomienda la Iglesia en los diversos tiempos;
- lee una porción del Nuevo Testamento cada día, y además dedica algún tiempo a leer en algún libro que trate de temas espirituales;
- ten cada día algún acto de devoción a María, la madre de Jesús, tal como el rosario; en particular, imita su fidelidad en escuchar la palabra de Dios, su humildad, su espíritu de gra-titud, su pureza; siempre que se te presente la ocasión, anima a otros a conocerla y a amarla;
- acostúmbrate a examinar tu conciencia cada día para crecer más en el amor de Cristo;
- practica la dirección espiritual con regularidad durante toda tu vida;
- cada año únete a tus hermanos en unos ejercicios espirituales.
Al comprometerte con la compañía de san Vicente, hermano mío, sábete que él te pide que te comprometas a prácticas como esas. Si las practicas con todo el corazón y con generosidad madurarás con toda seguridad.






