Domingo 4º de Adviento (reflexión de Honorio López, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

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Author: Honorio López, C.M. .
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honorio_lopez_cm«Y el nombre de la virgen era María»

«Tu Reino durará para siempre» le dice el profeta Natán a David, y eso será posible por medio de Jesús, descendiente de David. Por su parte San Pablo nos aclara que no andaba predicando la reforma de las curias (aunque ésta sea necesaria), sino el «evangelio que proclamo, predicando a Cristo Jesús…».

El evangelio de hoy nos trae el mismo texto que el de ayer: la Anunciación a María. «¡Alégrate!» es la primera palabra que le dirige el ángel. En el comienzo del cristianismo está la alegría. Alégrate también tú, como María, si le haces sitio en tu vida al Hijo de Dios que nos trajo María. Y lucha por no perderlo. Como nos lo decía el Papa Francisco: estén preparados para perderlo todo en la vida, «pero no pierdan esta relación con Jesucristo. ¡Esta es su victoria!». Así lo hizo María con su Sí, con su «hágase en mí según tu palabra». Y de la Navidad a la cruz, en compañía y en ausencia, perseveró sin volverse a tras del Sí que la había consagrado.

Ni en los palacios, ni en las legiones romanas, ni en las academias supieron de este acontecimiento, ni los pregoneros lo llevaron de posta en posta. Así son las cosas de Dios, las más grandes. «El ángel anuncia, la Virgen escucha, cree y concibe», dirá san Agustín. Y todo en la sencillez y el silencio. Y nosotros, ¿necesitamos acaso aplausos y reconocimientos públicos para vivir la fe y sus servicios? ¿No nos basta la mirada de Dios?

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