Presentamos en unas breves líneas uno de los temas que hemos tratado en el Seminario de Historia de la CM que desarrollamos en el Estudiantado de Barakaldo. En este caso nos acercamos a cuatro fundaciones-puente (hay algunas otras que pueden ser intuidas). Las denominamos así porque en su origen se ubican cerca de una sede episcopal para pasar, en breve, a la misma, normalmente una capital. Analizamos los casos de La Alfranca-Zaragoza, Nuestra Señora de la Bella-Barbastro, Sot de Chera-Valencia y Arenas de San Pedro-Ávila.
1.- Contexto
Las dificultades con que se topó San Vicente para el reconocimiento pontificio de su “organización” fueron múltiples. Bien podemos aplicar aquello de que “a la tercera fue la vencida”. Aunque no el más importante, uno de los puntos disputados fue el ámbito de aplicación de su acción misionera. En el segundo de los “proyectos” se afirma que “ejercerán los ministerios sacerdotales en las ciudades y lugares de Francia, sometidos al Rey, excepto en donde haya Parlamento o Bailiazgo, en donde no faltan sacerdotes”. En el tercero y definitivo se matiza bastante más esta cuestión afirmando que uno de los compromisos no discutibles es el de “no misionar en las ciudades en donde haya arzobispo, obispo, tribunal de justicia, excepto en lo que a los ordenandos se refiere y a los ejercicios espirituales”[1].
Esta determinación provocó diversas situaciones que el mismo San Vicente solventó con mucha “mano izquierda” y con abundantes “mediaciones políticas”. Bastaba que la “autoridad” (civil o religiosa) lo sugiriese para que la fundación correspondiente se llevase a cabo sin ningún impedimento. De hecho, este punto se fue moderando progresivamente y, como bien conocemos, las dos primeras instalaciones de la Congregación en España se hicieron en Barcelona (1704) y Palma (1736), ambas capitales políticas y sedes episcopales. Lo mismo ocurre cuando se salga del “ámbito aragonés” yendo a parar los misioneros a Badajoz (1802), Madrid (1815), Teruel (1867)… o los “fracasados” de Toledo (en tiempo de san Vicente), Cádiz (1798)…
Sin embargo, el catálogo de fundaciones recoge algunas otras instaladas en el ámbito “rural” que, aparentemente, sirven de trampolín hacia la “ciudad”. La documentación no nos aclara si esta situación es pura casualidad o, por el contrario, responde a una estrategia sabiamente meditada. La realidad nos muestra ejemplos abundantes no sólo en los primeros momentos sino a través de los siglos. Ejemplos de esto son los cuatro casos que presentamos y, además, los conocidos, entre otros, de Arcos de la Llana-Tardajos-Burgos; Lodosa-Pamplona; Los Milagros-Orense, Sigüenza-Guadalajara… Pocos son los lugares que permanecieron mucho tiempo exclusivamente alejados de la ciudad: Reus (Tarragona -1757-), Guissona (Lérida -1751-), Villafranca del Bierzo (León), Paredes de Nava (Palencia), Iglesuela del Cid y Alcorisa (Teruel), Murguía (Álava), Elizondo (Navarra), Limpias (Cantabria)…
2.- Las fundaciones.
Por su singular interés hemos elegido cuatro de estas que nosotros denominamos “fundaciones-puente”. Son las señaladas en la breve introducción: La Alfranca-Zaragoza; Nuestra Señora la Bella-Barbastro; Sot de Chera-Valencia y Arenas de San Pedro-Ávila.
a.- NUESTRA SEÑORA LA BELLA-BARBASTRO
El origen de la fundación está en el Seminario de Nuestra Señora de la Bella, enclavado en el término de Castejón del Puente (Huesca) y a unos diez kilómetros de Barbastro[2]. El citado Seminario estaba regido por los Misionistas o Píos Operarios Diocesanos que tenían como fines las misiones populares y la renovación del sacerdocio. Fueron fundados por Francisco Ferrer, sacerdote de Barbastro en 1718, en el Seminario de la Bella. Se dedicaron a recorrer los pueblos de la diócesis y colaborar en la formación disciplinar y espiritual de los seminaristas. Les enseñaban a celebrar el oficio divino, la santa misa, las ceremonias y el canto litúrgico, el modo de confesarse bien, les impartían ejercicios de predicación e impulsaban su vida espiritual. Clemente XII (1731) aprobó sus constituciones. Insistía Francisco Ferrer en que los superiores debían vivir en el seminario pues de lo que se trataba era de formar sacerdotes seculares que deberían vivir entre el pueblo. Pasaron a regentar los seminarios de Orihuela, Murcia, Zaragoza, Huesca, Teruel y Tarazona. A la muerte del fundador, desaparecieron[3]. Es en esta circunstancia cuando ofrecen la primera de sus fundaciones, a través de la última voluntad y testamento de D. Domingo de Torres, a la Congregación de la Misión. Se firmó el convenio el 11 de abril de 1752, siendo la principal de sus obligaciones la atención al Seminario, aunque seguramente daban misiones[4]. Ocho meses después de la llegada de los misioneros paúles al seminario de la Bella se dieron varias revueltas por parte de los vecinos de Castejón[5] del puente debido a que el santuario había sido cedido a unos misioneros extraños a los llamados misionistas[6]. Tanto Juan Ladrón de Guevara obispo de Barbastro como, a su muerte, Francisco de Ribera apoyaron a los paúles cediéndole de forma perpetua[7] el seminario y abriéndole la puerta a cualquier fundación en la diócesis de Barbastro en septiembre de 1750. Algunos de los misioneros que estuvieron en La Bella fueron los PP. Juan Justafré (1706- +1766) fundador de la fundación y superior. Su muerte derivó de unos golpes recibidos por una persona que previamente había sido escuchada en confesión por este misionero[8]. Pedro Ignacio Rafols, Narciso Jubert, José Rull, Antonio Fogueras, Francisco Ribalta y Francisco Lluch. También los Hermanos Ignacio Bach y Narciso Estibalca.
El 17 de abril de 1759 se trasladaron a Barbastro merced a la protección de Fray Diego de Rivera, Obispo de la diócesis, y a la aportación económica de la Sra. Marquesa de Aytona, Condesa de Lemos. Las razones del cambio vienen explicadas por el P. De Bras, Superior General de la C.M., en carta circular del 1º de enero de 1760: «Siendo el clima de Nuestra Señora la Bella bastante molesto, nuestros compañeros, que allí moraban, han conseguido pasar a Barbastro, ciudad episcopal». El nuevo establecimiento se llamará Seminario de San Vicente de Paúl[9].
Su principal obligación será la atención del Seminario (dirección y administración) y los Ejercicios Espirituales. Firmaron también algunas cláusulas con el pueblo referentes a las confesiones y atención a los moribundos. Adquirieron, también, compromisos de misionar determinadas poblaciones como Las Paúles, Gistain (cada seis años con dotación de 200 libras jaquesas), Pomar de Lérida (cada siete años con idéntica dotación), lugares de la casa de Aytona (dotación de 20.000 ducados) y algunos otros. Aunque no conservamos referencias directas de estas misiones, sí sabemos que las dieron por las referencias encontradas en los Libros de Cuentas de la casa, en los que se señalan año tras año los gastos e ingresos derivados de este ministerio, con los nombres, en ocasiones, de los lugares misionados[10].
La disolución de las órdenes religiosas de 1835 motivó la salida de la C.M. de este Seminario, al que nunca más volvió.
b.- SOT DE CHERA-VALENCIA
El 5 de Mayo de 1818 el Arzobispo de la diócesis, D. Veremundo Arias Teixeiro, eleva al Rey, Fernando VII, un “memorandum”[11] en el que, después de describir la declinante vida que han seguido en Sot de Chera (Valencia) unos eclesiásticos dedicados desde 1687 a las misiones[12] y a la atención del Eremitorio[13], asegura que “resultó la aniquilación completa del tal Eremitorio, no habiendo subsistido en él más que un solo individuo, que al mismo tiempo lo era del Clero de una Parroquia de esta capital, quien, convencido de la incompatibilidad de su beneficio en Valencia con la plaza del Eremitorio, acaba de renunciar ésta para siempre, quedando con ello vacante todas las plazas de residencia y, en el Eremitorio, solas las paredes”[14]. Como conclusión solicita aprobación para sustituirlos por miembros de la C.M.[15] El 20 de Junio de 1819 el Sr. Arzobispo, mediante Decreto y con aprobación de diversas instituciones de la Diócesis, los establece; la Cédula Real aprobando la fundación es del 11 de Diciembre del mismo año. Inmediatamente fueron a la nueva fundación los PP. José Morera, Juan Pujol y Juan Bautista Figuerola. El 30 de Abril de 1820 se firmó la Escritura Pública[16] y el 5 de mayo toman oficialmente posesión de la casa los misioneros enviados. Las obligaciones contraídas son las habituales de misionar los pueblos designados por el Prelado, dar Ejercicios a “eclesiásticos ordenandos y a otros que el Prelado diocesano […] destinare por vía de corrección a dicha casa“[17], atender las confesiones en el Eremitorio y algunas cargas de Misas[18].
El 19 de Diciembre de 1825, a petición de los misioneros[19], la fundación de SOT DE CHERA se traslada a la Ermita de Nuestra Señora de Monte Olivete, ya próxima a Valencia. A tal efecto, el nuevo arzobispo, Don Simón López, expide el 19 de diciembre de 1825 el decreto que autoriza el traslado, aduciendo como razón principal que “aunque los Sacerdotes de la Congregación se hayan aplicado con el celo que acostumbran a las Santas Misiones en varios pueblos, no han podido explayarse en dar Ejercicios espirituales así a los eclesiásticos como a los seglares a causa de hallarse dicho Eremitorio en el extremo de nuestro Arzobispado y aun en desierto poco menos que inaccesible”[20].
Como, al mismo tiempo, el señor Cura y Ayuntamiento de Ruzafa ofrecen el santuario de Nuestra Señora de Monte Olivete, cercana a la capital, manda “que se trasladen los tales Sacerdotes desde el Eremitorio de Chera al santuario de Monte Olivete”. La Junta Parroquial de Ruzafa hizo oficial cesión de la Ermita a favor de la Congregación el 24 de Diciembre de 1825[21] y la Real Cédula aprobando el traslado tiene fecha del 12 de Julio de 1826[22]. Forman la comunidad los PP. José Morera, Juan Costa, Tomás Mata, Juan Domingo y José Miranda. Las obligaciones son prácticamente las mismas que en Sot de Chera [23]. Junto a la Ermita se levantó muy pronto un edificio para acoger a los ejercitantes. Iniciado en 1827, se finalizó dos años más tarde. De hecho, el 28 de marzo de 1829, se celebró en la nueva casa la Asamblea Provincial. Acudieron a ella los siguientes misioneros: Juan Roca, Vicevisitador (por haber renunciado el Visitador a causa de sus achaques) y Superior de la Casa de Madrid, José Morera, Superior de la Casa de Valencia; Alejo Davíu, Superior de la Casa de Guisona; Juan Viver, Superior de la Casa de Palma de Mallorca; Juan Vilera, Superior de la Casa de Barcelona; José Escarrá, Superior de la Casa de Barbastro; Jaime Vehil, Superior de la casa de Reus; Gaspar Torres, Diputado de la Casa de Barbastro; José Roca, Diputado de la Casa de Palma; Ignacio Santasusana, Diputado de la Casa de Valencia; Eusebio Fantoba, Diputado de la Casa de Madrid, y Juan Bautista Figueroa, Diputado de la Casa de Barcelona. Faltaron los diputados de Badajoz, Guissona, Reus y Valencia.
c.- ARENAS de SAN PEDRO-ÁVILA
El 28 de agosto de 1862 se firma la escritura entre el Obispo de Ávila (Fr. Fernando Blanco Lorenzo) y el Visitador por la que se concede a la Congregación el que fuera Convento de San Pedro de Alcántara en Arenas de San Pedro (Ávila)[24] con el fin de dedicarse al culto y a misiones por los pueblos. Posteriormente añadieron un Seminario menor que no tuvo mucha vida porque, apenas abierto, fue dejada la fundación. La instalación oficial de la comunidad se hará el 1 de septiembre del mismo año. En los pocos años que duró la fundación (1862-1867) atendieron con gran satisfacción de todos a las obligaciones fundacionales. Referente a las Misiones consta en el Libro correspondiente que se misionaron en torno a doscientos pueblos comenzando el 15 de mayo de 1862, tres meses antes de establecerse, en la misma villa de Arenas. La Comunidad tomó posesión del mismo el 31 de agosto de 1862 y quedó constituida por los PP. Miguel Peregrí, Aquilino Valdivielso, Laureano Esteban, Inocencio Gómez, Pedro Sáinz y los Hermanos Martín Díez, Nicolás Grados, Vicente Moreno y Manuel Deogracias. Por diferentes causas tuvo como Superiores, por este orden, a los PP. Miguel Peregrí, Melchor Igués, Ignacio Gómez, José Guíu y Joaquín Serrató. Con motivo de la revolución de 1868 tuvieron que abandonar, impelidos por el Alcalde, el santuario. La Comunidad recogió los enseres y los envió a Dax y el Berceau quedándose ella en el palacio que en Arenas había construido el infante D. Luis de Borbón. En él establecieron un colegio de segunda enseñanza que escasamente duró un curso porque la comunidad fue obligada a salir del pueblo y de España.
La fundación de la casa de Ávila hace relación a la no recuperada de Arenas de San Pedro tras la expulsión de los misioneros en 1869. Tiene como protagonista al obispo de la Diócesis, Fray Fernando Blanco. Su obligación será la predicación de las Misiones Populares. La primera Comunidad (siete Sacerdotes, tres Hermanos y nueve Estudiantes) se establece en la calle Lesquinas, 3, ocupando las habitaciones del Palacio del Conde de Orgaz. A los dos años abandonan el lugar y se ubican en la calle Valseca, 2 donde permanecen veintiocho años. En octubre de 1906 pasarán a la plaza Fuente del Sol, 2 ocupando el antiguo palacio de los Águilas. La Iglesia será inaugurada el 26 de septiembre del mismo año. La primera terna misionera la compondrán los PP. Eladio Arnáiz, Nemesio Cardellach y Ricardo Rodríguez que configuran la comunidad junto con los PP. Juan Casado, Félix Latorre y Francisco Sáiz además de un Hermano.
d).- LA ALFRANCA-ZARAGOZA
Esta fundación contenía una casa, con su Iglesia y huerta, en la finca «Torre de Alfranca», en Puebla de Alfidén, a pocos kilómetros de Zaragoza. Era propiedad de los Marqueses de Ayerbe, con palacio, también, en Aibar. En los días de “Los Sitios” de Zaragoza fue recibida en esta finca Agustina de Aragón, portadora de documentos importantes para los defensores de la ciudad. La casa fue levantada de nueva planta y a medida de las funciones para la que estaban llamados los misioneros: misiones y ejercicios: un eje central compuesto de iglesia (frontal) y las habitaciones de los ejercitandos (posterior) y a los lados de la Iglesia la vivienda de los misioneros. La Iglesia está flanqueada por dos airosas torres de respingones y sencillos pináculos.
La primera comunidad la formaron los PP. Juan Casado, Mariano Garcés y José Sánchez y los Hermanos Antonio Maiza, Peña y José Arias. Durante el tiempo que nuestros misioneros estuvieron en esta casa se sucedieron, como Superiores, los PP. Juan Casado (1885), Mariano Garcés (1886), Jerónimo Groso (1894) y Dionisio Barona (1896), pasando por la fundación diez misioneros y tres Hermanos coadjutores.
Estaban obligados a celebrar diariamente en la iglesia de la casa (de planta diseñada expresamente para ejercer las funciones de “residencia” y “ejercicios espirituales”), por lo menos, una misa rezada los días laborables y los domingos una cantada. Además, en la Semana Santa, las funciones propias de esos días, con la solemnidad que permita el personal, y, durante el año, las demás solemnidades que para excitar la devoción y piedad de los fieles les sugiera el celo. Esto no les impedía dedicarse a las misiones de cuya actividad se conserva el correspondiente Libro.
La fundación se levantó en 1896 (11 años después de la fundación), por no recibir lo convenido, a causa de haber venido a menos el Marqués (cuyo Palacio se levanta a pocos metros de la casa). Desde entonces buscaron la forma de establecerse en la propia capital.
Fue el P. Benigno María Blanco quien dio los primeros pasos, con ocasión de su venida a Zaragoza como Comisario de las Hermanas de esta región, en el año 1922. Al principio no encontró más que dificultades. Algún tiempo después, el P. Atienza, Visitador, se personó en Zaragoza y expresó al Sr. Cardenal, el Eminentísimo Sr. Soldevila, la necesidad imperiosa de esta fundación por ser éste un lugar de muchísimo tránsito, no sólo de los padres que viajaban por la península, sino también para los que iban al extranjero. Oídas éstas y otras razones, respondió Su Eminencia que lo pensaría y daría su respuesta. Su Eminencia dio el visto bueno y, a pesar de su asesinato, en junio de 1923, los Sres. Vicario General y Secretario de Cámara dieron a conocer la resolución favorable al P. Visitador. Conocida la resolución, se dieron los pasos pertinentes para encontrar una casa en la que hacer la fundación canónica, una vez elevada la instancia al Nuncio de Su Santidad.
Las gestiones culminaron, favorablemente, el día primero de agosto de 1924 con la compra, a doña Matilde Fortis, de una finca llamada “Torre Fortis” situada al extremo Sur de la ciudad (paseo Teruel). La primera Comunidad la forman los PP. Aniano Sedano, Leandro Mayoral, Benigno Blanco, Bruno Sáiz y Bonifacio González, junto al Hermano Eufronio Fernández[25].
Los ministerios a los que se dedican serán las Misiones (la primera misión se dará en Portalrubio, provincia de Teruel), la predicación, ejercicios espirituales al Clero y la atención a las Hijas de la Caridad. Estos ministerios fueron celosamente cumplidos, especialmente los referidos a las Misiones Populares (donde asumieron después de la guerra los compromisos de La Iglesuela y Alcorisa) como la atención a las Hijas de la Caridad (desde la fundación hasta la división provincial de 1964 se ocuparon de las Hermanas de Zaragoza y de todas las casas de Cataluña).
Merced al empuje de los diversos movimientos vicencianos, especialmente de las Hijas de la Caridad, se construirá una nueva residencia, calle Goya, 96, que será inaugurada el 27 de septiembre de 1952. Junto a ella se proyecta un templo nacional dedicado a San Vicente de Paúl que nunca llegó a realizarse. En su lugar, se construyó una hermosa Iglesia de Culto. Los ministerios son los mismos de la anterior fundación. La Comunidad la forman los PP. Felipe Manzanal, David Salgado, Timoteo Martínez y Vicente Jiménez. La casa tiene planta baja (Capilla, cocina y comedor) y tres pisos con habitaciones (en la primera se encuentra la sala de estar). El edificio se remata con una amplia azotea. Entre la casa nueva y la antigua queda un pequeño patio. Esta casa se dejará en 1972, tras haber acogido a la Curia Provincial (Paseo de Pamplona -1971-) y al Estudiantado (Casablanca -1972-).
3.- Conclusión
- Uno de los puntos fundamentales para el logro del reconocimiento de la Congregación de la Misión por parte de Roma hacía referencia a los lugares en los que podía o no podía ejercer sus ministerios. En este contexto debemos ubicar la cláusula que afirma el “no misionar en las ciudades en donde haya arzobispo, obispo, tribunal de justicia, excepto en lo que a los ordenandos se refiere y a los ejercicios espirituales”. Cláusula centrada en las “misiones” y que dejaba el campo abierto a la formación del clero.
- La causa de esta situación habrá que verla en la “oposición” del clero urbano a perder clientela. Un clero urbano abundante que sólo puede ver en una nueva Institución un motivo de pérdida económica. De poco servía que el ministerio fuese gratuito. La sombra de la sospecha ahí estaba. San Vicente, en aras de un bien mayor (el reconocimiento de su Obra), acepta esta cláusula que no aplicará cuando la “autoridad competente” (el Rey, el cardenal Richelieu y el arzobispo de París) le “impongan” alguna fundación urbana.
- Llegan los misioneros a España (1704) desde Italia. La cláusula estaba vigente. Sin embargo no tienen dificultad en instalarse en Barcelona y, poco después, Palma (1736). El resto de las primeras fundaciones se hace en ámbito no episcopal: Reus (Tarragona -1757-) y Guissona (Lérida -1751-). Un caso se sale de esta realidad: Castejón de Puente (1752) que sirve de “trampolín” para acceder a Barbastro. Es el primer caso de una serie histórica, de las que hemos señalado otras tres: La Alfranca-Zaragoza, Sot de Chera-Valencia y Arenas de San Pedro-Ávila.
- En la documentación utilizada no hemos descubierto la existencia de ninguna “estrategia” diseñada con el fin de acceder “desde el campo a la ciudad”. Ni las negociaciones previas con los “solicitantes” o “mecenas” ni los contratos consiguientes tampoco dan muestras de ello. Es posible que todo sea casualidad pero nada sería de extrañar que la “originaria” cláusula fundacional estuviese presente en el ánimo de unos y otros.
[1] Pérez Flores, M.: “”Del Equipo Misionero a la Congregación de la Misión” www.vicencianos.net
[2] Anónimo: Novena a Nuestra Señora de la Bella: Historia de la ermita y santa imagen. Tárrega. Camps Calmet, 1965. Biblioteca Provincial de Madrid.
[3] Anotaciones tomadas de Francisco Martín-José Carlos Martín “La formación sacerdotal. Historia y vida”. San Pablo, 2014, 178-179
[4] Decreto del ilustrísimo señor Obispo de Barbastro aprobando lo ejecutado por su antecesor y concediendo a la Congregación la dirección y dominio perpetuo del Seminario de Nuestra Señora de la Bella, aun cuando sea trasladado a Barbastro. 3 de septiembre de 1756. Anales, t. XVII, 564
[5] Además se opuso cierto grupo de religiosos que solían oponerse a las fundaciones de nuestra congregación en España según una misiva de 1752 del Superior General De Bras al Sr. Fillat en Roma.
[6] HORCAJADA, M.: «Reseña histórica de las casas de la Congregación de la Misión fundadas en España desde 1704 hasta nuestros días (1915)». En Anales C.M. Madrid, 1909 pág. 563-564.
[7] Documento del obispo Diego de Ribera el 3 de septiembre de 1750, ratificado por el Papa Benedicto XIV el 21 de marzo de 1757. (Cfr. Ibídem Págs. 564-570).
[8] Ibídem Págs. 573-574.
[9] Anónimo: “Datos del Seminario Sacerdotal de la Congregación de la Misión en Barbastro”. Anales Madrid 1906, pp. 317ss.
[10] Memorial elevado al Rey por el P. Murillo para que la Real Junta de Temporalidades de Graus abone al Seminario de Barbastro lo que le adeudaba por misiones dadas en aquella comarca y que antes correspondía darlas a los PP. Jesuitas. 1797. Paradela, B.: “Colección de textos para la Historia de la CM en España” 1931, 182185
[11] Paradela, B.: “Resumen histórico de la CM en España” 1923, 254-260.
[12] Al parecer, estos eclesiásticos estaban dedicados a dar misiones en toda la diócesis de Valencia y esta era su principal “destino”. Así lo recoge el arzobispo Arias Teixeiro en su carta del 5 de mayo de 1818, remitiéndose a las constituciones de la comunidad. Cf. B. Paradela: Resumen histórico de la CM en España, p. 254
[13] El fundador de este Eremitorio, Juan Crisóstomo Vicente Jordá (1631-1695), tuvo una vida peculiar. Con 16 años es apresado por unos argelinos. Renegó de su fe y se casó con una hija del Gran Turco. Tras 20 años entre infieles se arrepiente de su apostasía. A través de los franciscanos consigue escapar desde Jerusalén, donde estaba de paso al frente de un escuadrón de soltados. Pasa 40 días escondido en una tumba y oculto en una cuba de agua consigue embarcar con unos franceses que lo dejan en Marsella. Tras llorar sus pecados ante el papa en Roma, regresa a Valencia, donde va a pasar 10 años en completa soledad y en oración, en una ermita de la Villa de Murviedro. Al unírsele dos compañeros, se trasladan a Sot de Chera en el año 1680. Unos años más tarde el señor Jordá funda una Comunidad de Sacerdotes seculares, a los que da reglas aprobadas por el ordinario de la diócesis de Valencia. Esta comunidad de sacerdotes se dedicará con ahínco a las misiones durante décadas. Todo esto se puede leer en: P. Gómez, “Fundación de la casa Misión de Valencia”, Anales Madrid, 1991, pp. 135ss.
[14] Según afirma el propio arzobispo en la citada carta, el gran problema de estos eclesiásticos era la falta de estabilidad, la facilidad con la que entraban, salían o eran despedidos “arbitrariamente” (lo que retraía a otros a entrar), así como la falta de capacitación y/o vocación para las misiones. Asimismo, destaca de los miembros de la C. M. su virtud, su instrucción y aptitud para las Misiones (y para la dirección de almas), su estabilidad, la sumisión a los obispos, y el hecho de no pretender o aspirar “a otros empleos de la Iglesia que puedan […] distraerlos de su vocación a las Misiones…”
[15] Horcajada, M.: en Anales Madrid, 1913, pp. 52-58 inserta varias cartas dirigidas por diferentes instituciones mostrando su parece favorable a la fundación; Anales Madrid, 1991, pp. 135-145.
[16] Paradela, B.: “Resumen histórico…” pp. 261-263.
[17] Así se dice en el contrato del 30 de abril de 1820, donde se añade que admitirán también a los ejercicios espirituales a cualquier otro que vaya de manera voluntaria, ya sea seglar, o eclesiástico. Cf. Paradela, o.c., pp. 261ss.
[18] “Exposición del arzobispo de Valencia al Rey para llevar los misioneros a Sot de Chera” 5 mayo de 1818. Anales, XXI, pg. 47. “Documentos relativos a la fundación de la casa de Sot de Chera y condiciones con que se estableció allí la Congregación”. Anales XXI, 52-54
[19] Es llamativo que esta petición se haga solo 6 años después de la llegada de los misioneros a Sot de Chera. Por otra parte, coincide que 1825 es el año en que llega un nuevo arzobispo a la diócesis, don Simón López, habiendo fallecido el año anterior Arias Teixeiro, el que los trajera a Sot de Chera.
[20] “Documentos relativos a la traslación de la fundación de Sot de Chera a Valencia”. Anales XXI, 69-80. Efectivamente, no debía ser fácil acceder a este lugar. Cf. P. Gómez, “Fundación de la casa Misión de Valencia”, Anales Madrid, 1991, p. 137: “Esta Hortezuela de Chera tan escondido para las gentes, que para hallarle, han de ir a él adrede, o si le hallan acaso, es, porque se habrán perdido entre aquellos montes, picos y peñascos, que son en su altura tan inaccesibles, y quebrados, que es menester para ir a ellos, el apear en algunos puestos de las Cavallerías, por no exponerse al vayven de las Cavallerías, y caer en un precipicio.” Difícilmente podían llegar allí, por tanto, los ejercitantes. En el decreto del 19 de diciembre de 1825, expedido por el arzobispo, se concede a los misioneros mantener todos los beneficios y rentas asignadas a Sot de Chera, lo cual hace pensar que con la marcha de los misioneros a la ciudad quedó desocupado el Eremitorio. Cf. Paradela, o.c., pp. 264ss.
[21] Horcajada, M.: «Reseña histórica de las casas de la Congregación de la Misión fundadas en España desde 1704 hasta nuestros días». En Anales, 1909 o.c. 1913, pp.75-78.
[22] Horcajada, M.: o.c. 1913, pp.78-79.
[23] Gómez, P.J.: “Fundación de la casa misión de Valencia”. En Anales Madrid, 1991, pp. 135ss.
[24] Anales Madrid, 1976, pp. 483-497, contiene un completo trabajo del P. Antonino Orcajo sobre esta fundación. HERRANZ, J.: El convento franciscano de Arenas de San Pedro. Documentos inéditos siglos XVI-XIX. Avila: Franciscanos Provincia de Castilla OFM, Institución gran Duque de Alba, 1998.
[25] Manzanal, F.: “Zaragoza: la nueva residencia”. En Anales Madrid, 1954, pp. 315-325. Orcajo Casado, A.: “Una gran deuda de gratitud. La Residencia de Zaragoza”. En Anales Madrid, 1996, pp.248-259.
Seminario de Historia de la CM en España
Josico Cañavete, Iván Juarros, Mitxel Olabuenaga (Cood).






