Crisanto Seoane

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: José Manuel Sánchez Mallo · Year of first publication: 2010 · Source: Tomado de www.paulessalamanca.es.
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Biografias PaúlesEl día 16 de diciembre de 2010, a las 16,30,  el P. Crisanto nos abandonó por la Casa del Padre. Una larga enfermedad, que el Dr. Cacho, uno de los neurocirujanos más prestigiosos de la Universidad de Salamanca, la calificó de parquisonismo y demencia irreversibles, le postró durante estos dos últimos años en la enfermería de Santa Marta de Tormes hasta el desenlace final. Oramos por él y estamos convencidos de que ya goza de la presencia del Señor en la patria definitiva.

Crisanto había nacido el 17 de agosto de 1942 en Reza de Carracedo, provincia de Orense. Sus padres fueron Crisanto y Eladia. Era el penúltimo de trece hermanos: Virgilio+, Celsa María+, María Celsa, Virginia, Antonio, Manuel, Carmen, Juan, Carolina+, Eladia, Adelina, Pilar.

Estudió primaria en Fraguas-Leiredo, Orense, el bachillerato en Los Milagros y Villafranca del Bierzo, filosofía en Hortaleza, Madrid, y Teología en Santa Marta de Tormes, Salamanca. Tení la carrera de piano.

Entró en el Seminario Interno el 18 de septiembre de 1960 que realizó en Hortaleza, e hizo los votos perpetuos, incorporándose definitivamente a la Congregación de la Misión, el 27 de septiembre de 1965. La ordenación de diácono tuvo lugar en Santa Marta de Tormes, Salamanca, el 30 de mayo de 1968, siendo el obispo ordenante Mons. Mauro Repullés. El 23 de junio de ese mismo año recibió de manos del mismo Obispo, Mons. Mauro Repullés, el orden del Presbiterado. Recién ordenado, 1968, fue destinado como organista a la Parroquia de San Roberto Belarmino, Madrid. El año siguiente, 1969, pasó a Villafranca del Bierzo como profesor y organista. En la hermosa villa berciana estuvo hasta 1976, año en el que fue destinado al Colegio de San Narciso de Marín. De aquí fue enviado al Colegio de Nuestra Señora de Los Milagros, en el año 1980. Estuvo dedicado a la enseñanza en ese centro hasta su cierre, en 1991. Ese mismo año se incorporó a la comunidad del Santuario de los Milagros, dedicado a diversos ministerios y siendo el organista de ese templo. En 2003 dio un salto a Andalucía y estuvo tres años en la parroquia de Santa Luisa de Marillac que lo Padres paúles regentean esa ciudad, barrio del Guadalquivir. En 2006 fue a Sevilla, Iglesia de San Vicente de Paúl, en la calle Pagés del Corro, y en agosto de 2008 se incorporó a la enfermería de Santa Marta de Tormes.

El P. Crisanto fue un misionero paúl bueno de verdad, un «vir bonus», una persona afable, paciente, bondadosa, generosa, y muy amante de los pobres. Estando casi toda su vida en la enseñanza, Villafranca, Marín, Los Milagros, se entregó con dedicación continua a sus alumnos, de los que era muy querido: en clase, en los recreos, en el deporte, en la música. Como músico era un poco despistado, hay que reconocerlo, pero pocos le ganaban en dedicación generosa a los jóvenes, a los que quería de verdad.

Era una persona muy comunitaria, amaba la comunidad, se sentía a gusto en ella, la comunidad era el ámbito en donde se realizaba como persona, sacerdote y misionero. No creaba conflictos y era humilde, sencillo y buen compañero, poco hablador.

En los años en que estuvo dedicado al ministerio del Santuario de Los Milagros destacó y fue muy reconocido por los coros que formó en Maceda, en Baños de Molgas, y en otros pueblos del entorno del Monte Medo. Algunos continúan  ejerciendo como tales y todo se debe a la constancia, al tesón y al buen hacer del Crisanto.

En su estancia en Los Milagros cabe destacar una de las facetas más interesantes de este misionero: el amor a los pobres, en las personas de una colonia de gitanos que había entonces en el pueblo de Maceda, a cinco kilómetros de Los Milagros. Le dedicó muchas horas, muchos desvelos, muchos sinsabores, pero continuaba ayudándolos y queriéndolos, a pesar de la decepciones recibidas. Todavía le recuerdan muchísimo. Los presos de la cárcel fue otro de sus preocupaciones en ese tiempo. Los visitaba con mucha frecuencia y les ayuda en todo lo que podía. En estos servicios el dinero que tenía le duraba muy poco en sus bolsillos.

La enfermedad le duró casis dos años, en el último casi siempre estuvo postrado en la cama, apenas reconocía a nadie, vivía en un mundo fuera de la realidad. Y nos daba una profunda pena, que una persona relativamente joven hubiera llegado a esa situación. Es el misterio de la naturaleza humana que hunde sus raíces en el misterio de Dios. Le queríamos como hermano y oramos por él a nuestro Padre Dios para que la haya acogido en su Presencia. Estamos seguros de ello.

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