Comunidad fraterna para la Misión

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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Author: Flores-Orcajo · Year of first publication: 1983 · Source: CEME.
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«No me elegisteis vosotros a mí, fui yo quien os elegí ­a vosotros y os destiné a que os pongáis en camino y déis fruto, y un fruto que dure». (Jn 15,16).

«San Vicente reunió dentro de la Iglesia a algunos compañeros, para que llevando una nueva forma de vida comunitaria, se dedicaran a evangelizar a los pobres. En efecto, la comunidad vicenciana está ordenada a prepa­rar la actividad apostólica, fomentarla y ayudarla cons­tantemente. Por tanto, todos y cada uno de los miembros de la Congregación, consti­tuidos en comunión fraterna, se esfuerzan por cumplir en renovación continua su mi­sión común». (C 19).

 comunidad_fratrernaLa vida apostólica de Jesús con sus discípulos ha inspirado maneras muy diversas de ser imitada a lo lar­go de la historia. Si los Institutos religiosos, según la voluntad actual de la Iglesia, acentúan los valores pro­pios de la vida fraterna en común, las Sociedades de vida apostólica supeditan de alguna manera esos valo­res al fin apostólico para el que han nacido. La Cons­titución 19 marca muy claramente el sentido apostóli­co de la vida fraterna en común vicenciana.

1. «La vida del misionero no es como la del cartujo».

San Vicente detectó bien, ya en su tiempo, la dife­rencia entre el misionero y su estilo de vida, todo él orientado a la misión, y el cartujo, que ha optado por servir a la Iglesia en el retiro y contemplación:

«Hay mucha diferencia entre la sociedad de los car­tujos y la vida apostólica del misionero. Si, aquélla es realmente muy santa, pero no les conviene a los que Dios ha llamado a la segunda, que es de su suyo más excelente. Si no, Juan el Bautista y Jesucristo no la hubieran preferido a la otra como lo hicieron, dejando el desierto para ir a predicar a los pueblos. Además, la vida apostólica no excluye la contemplación sino que la abraza y se sirve de ella para conocer mejor las verda­des eternas que tiene que anunciar. Por otra parte, es más útil al prójimo, al que tenemos obligación de amar como a nosotros mismos, ayudándole de una manera distinta de como lo hacen los solitarios». (II 320).

2. «Ni somos religiosos ni tenemos intención de serlo».

La falta de conocimiento de la comunidad fraterna vicenciana puede acarrear a la larga sufrimientos que pongan a prueba la vocación del Misionero y la armonía interna ante los valores de la comunidad religiosa. En este sentido, San Vicente escribe a un misionero:

«Y aunque parezca que usted cumpliría de mejor gana los deberes de esa santa religión que los de nues­tro pequeño Instituto, sin duda, está usted engañado, lo mismo que otros muchos que han dejado la verdade­ra vocación para escoger otra manera de vida diferente, en la que han encontrado menos satisfacción. ¿Por qué? Porque las dificultades de las que pensaron huir, no estaban en la cosa que dejaron, sino en su propia ima­ginación, ya que las cualidades del espíritu son las mis­mas- en todas partes, si no se las corrige por medio de una continua mortificación. Por lo demás, padre, ya sabe que no somos religiosos ni tenemos intención de serlo. Dios no nos ha juzgado aptos para ese estado. Pidámosle que nos haga dignos de aquel en que nos ha puesto». (III 320).

3. «Hemos de cooperar en todos los trabajos de la Misión».

La comunidad fraterna entre nosotros está fuerte­mente orientada al apostolado y exige participación en los mismos sentimientos interiores y apostólicos, anima­dos por un mismo espíritu de caridad:

«No debemos estar unidos sólo en cuanto a los sen­timientos interiores, sino además en las obras exterio­res, ocupándose todos en ellas, según nuestras obliga­ciones. Y como todos los cristianos tienen que concurrir a todo lo referente al cristianismo, también nosotros hemos de cooperar en todos los trabajos de la Misión conformándonos en el orden y manera». (XI 542).

  • ¿Oriento toda mi vida fraterna de comunidad hacia las obras de la Misión?
  • De acuerdo con la propia naturaleza de la comu­nidad vicenciana, ¿soy acaso por ideología y sentimientos religiosos sobre la comunidad causa de desunión entre los demás?
  • ¿Fomento y ayudo constantemente a los compa­ñeros de comunidad a preparar la actividad apostólica?

Oración:

«Concédenos, Señor, que no tengamos más que un mis­mo corazón, que sea el principio de nuestra vida y de nues­tra alma, que nos anime en la caridad en virtud de esa fuerza unitiva y divina que edifica la comunión de los santos». (XI 543).

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