Entre los Misioneros distinguidos que entraron en la Congregación en Roma, poco tiempo después de la muerte de san Vicente, se ha de contar al Sr. Come Galilei. Era de florencia y procedente de la familia de Galilée, el célebre astrónomo. Fue el año mismo en que éste murió cuando Come Galilei vino al mundo, es decir en 1642.
El Sr. Galilei fue recibido en la Congregación en 1662. En la conferencia que después de su muerte, según la costumbre de la Congregación, se tuvo sobre sus virtudes se dijo entre otras cosas, que fue en Roma donde el Sr. Galilei hizo su noviciado, y que durante ese tiempo, no había más que dos seminaristas. En 1644, fue enviado a misiones, y es muy probable que en esta época no era todavía más que diácono. Trabajó en las diferentes diócesis circunvecinas de Roma, en Tívoli, Farentino, Veroli, Valetri, etc., así como en las abadías de Subiaco, de Farfa y de Monte-Casino. Era el compañero de los Srs. Legendre, Martin y Berthe, formados por san Vicente, y ello le fue una feliz suerte poder aprovecgarse de sus ejemplos y de sus entusiasmos en la obra de las Misiones.
En los últimos meses del año de 1665, sucedió que Mons. Innico Caraciolo, de Nápoles, de la familia de los duques de Airola, auditor de la cámara Apostólica, tuvo que ir, con motivo de los asuntos de su empleo, a la casa de Misión en Montecitorio. Se impresionó por los modos sencillos, humildes y afables del superior, el Sr. Martin, así como de los demás Misioneros, y se informó con un gran interés sobre la naturaleza del instituto y sobre lo concierne a las misiones. Juzgando esta obra de una gran utilidad para la Iglesia de Dios, pensó en procurar un bien muy grande a su patria fundando en Nápoles una casa de sacerdotes de la Misión. Este pensamiento no era todavía más que un germen del que debía servirse la divina Providencia para implantar en Nápoles la Congregación. De hecho, él declaró un día al Sr. Martin, entonces superior, que si algún día Dios hacía que fuera cardenal y arzobispo de Näpoles, estaba decidido a establecer allí una casa de Misioneros. Pues bien, en marzo del año 1667, Alejandro VII creó a Mons. Innico Caracciolo cardenal y arzobispo de Nápoles.
A principios de 1668, el Sr. Come Galilei se entregaba a las misiones en la Campaña romana donde recogía por todas partes abundantes frutos de salvación, cuando fue llamado a Roma; era para enviarle a Nápoles, y fundar un establecimiento (27 de febrero).
El cardenal Innico Caracciolo queriendo, antes de establecer la Congregación de la Misión, que las poblaciones experimentasen la utilidad de sus obras, en particular las de las misiones, ordenó al Sr. Galilei que escribiera a su superior en Roma para que enviara a Nápoles a otros dos súbditos para las misiones. Éstos, el 12 de abril, llegaron a Nápoles, y con el Sr. Galilei, dieron sucesivamente y con éxito la misión en Casoria, pueblo distante como una legua de Nápoles, luego en el pueblo de Arzano, cerca de Casoria, por último en Casalvatore y en Secondigliano.
El 24 de agosto de ese año, el cardenal Caracciolo atribuyó a la Congregación algunos bienes de una congregación suprimida; no pasaban de un capital de 850 francos, 140 francos de renta correspondiente, un cáliz, un alba, un amito y un cíngulo. Era con la condición de que Los Misioneros se quedaran en Nápoles. Pero como el cardenal no tenía casa para alojarlos, después de tenerlos durante algún tiempo en su palacio arzobispal, les alquiló una casa, hasta poder encontrar una habitación definitiva. El cardenal quería sinceramente a los Misioneros en Nápoles; pero, bien porque la mesa arzobispal se hallaba sobrecargada de pensiones, bien por otros impedimentos, no podía proporcionarles todos los medios necesarios a su subsistencia, y ellos mismos no podían procurárselos; razón por la cual el mes de septiembre del mismo año 1668, pensaron dejar Nápoles. Y habiendo escrito al Superior general, este les respondió que se volvieran a Roma.
Ya estaban listos para salir, cuando algunas personas muy afectas se pusieron en movimiento para retenerlos. Una de ellas les prometió 100 ducados por año (425 francos), con la leña, el vino y demás cosas necesarias a la vida. Los Misioneros aceptaron entonces quedarse, y pronto de roma, otro Misionero, el Sr. Thomas Robioli y un hermano vinieron a unirse a ellos.
Después de la misión de Secondigliano, los Misioneros comenzaron a recibir en la casa a algunos ejercitantes, los primeros de los cuales fueron el párroco de Miano y un sacerdote de Secondigliano; a partir de entonces hubo siempre eclesiásticos y estudiantes los que vinieron a la casa de la Misión para hacer estos santos ejercicios; y así comenzó la obra de los ejercicios del retiro.
Había una casa que pertenecía al seminario arzobispal, muy cercana a la iglesia, conocida con el nombre de Santa-Maria-de las-Vírgenes, en el barrio del mismo nombre. El Cardenal Caracciolo obtuvo el «Beneplacitum» apostólico para transmitir esta casa del seminario arzobispal a la Congregación de la Misión; y una vez entregado el decreto. Los Misoneros tomaron posesión mediante acta pública del 16 de octubre de 1669. La casa estaba medio demolida y, para hacerla habitable, fue necesario gastar 1 000 ducados que fueron puestos por el cardenal, así como otros 300 ducados que dio, con vistas a lo más necesario del mobiliario de los Misioneros y de los ejercitantes. De esta forma el Sr. Galilei tuvo el consuelo de ver que la Congregación tenía una casa en Nápoles.
Las misiones continuaron en 1669 y en 1670. La última de este año tuvo lugar en la isla de Procida, y duró dos meses. Fue predicada por los Srs. Galilei, De Bonitatibus, Agostini y Scipione Vacca. Al final de la misión vino también el Sr. Rabioli. Se fundó un «conservatorio» de jóvenes pobres o refugio confiado a dos religiosas venidas de Nápoles. Además, se comenzaron las conferencias eclesiásticas.
El Sr., Alméras, superior general, sentía una estima sincera por el Sr. Galilei, como se ve por una carta del 1 de mayo de 1671.
En el mes de abril, los Misioneros daban la misión de Afragola; el Sr. Galilei, enfermo, debió regresar a Nápoles. Esta fue su última misión.
El 22 de septiembre, el Superior general, Sr. Alméras, habiendo muerto en París, la asamblea provincial de Roma se reunió para la elección de los dos deputados que debían acudir a la Asamblea general. El Sr. Galilei regresó de Roma más gravemente enfermo, pues estaba atacado de tisis. Los médicos le ordenaron que fuera a Resina, pueblo situado cerca del mar, a los pies del Vesuvio, con la esperanza de que el aire más sano allí pudiera aliviarle; pero fue todo lo contrario, ya que este aire más vivo aumentó el mal y aceleró el desenlace. La muerte del Sr. Galilei sobrevino el 13 de octubre de 1672, en el pueblo mismo de Resina. Donde fue enterrado en la iglesia de la Santísima Virgen. –Traducido de una noticia italiana ms.; archivos de la misión. de París.







