En el Hospicio de San José, donde «a ningún pobre le faltó el pan de la tierra ni a ningún moribundo le faltó el pan del Cielo», se tuvo en los días 27, 28 y 29 de junio de 1965 grandiosa celebración del Centenario de la llegada de las Hermanas de la Caridad al Hospicio de San José, de Manila, establecimiento que lució en el triduo sus mejores galas… con banquetes espirituales de alumnos y ex alumnos, de pupilos y protegidos con tutores y protectores, todo en medio de la más genuina alegría de quienes, por muchos años separados en los azares de la vida, se vieron reunidos en aquella casa solariega de los pobres.
«Donde a ningún pobre le faltó el pan de la tierra ni a ningún moribundo le faltó el pan del Cielo» fueron palabras del inspiradísimo sermón pronunciado en la Misa solemne del lunes, día 28, por el R. P. Adolfo Gabriel, Capellán del Hospicio de San José y ex alumno del mismo. Su emocionante alocución tuvo por tema la institución de caridad en torno a, más bien, dentro de la esfera de acción apostólica, didáctica y social de los gloriosos hijos de San Vicente de Paúl, los PP. Paúles y las Hermanas de la Caridad. Más de un ex alumno se llevó el pañuelo a los ojos, humedecidos por las palabras del P. Gabriel. La Misa cantada fue oficiada por Mons. Guillermo Mendoza con diácono (el P. Ledesma, S. J.) y subdiácono (el P. Garduce, O. S. B., que entre los tutelares muros del Hospicio fue varios años solícito instructor).
El domingo, 27, tuvo la Misa armonizada su excelencia ilustrísima monseñor Casas, Obispo de Imus, en representación del Protector del Hospicio, su eminencia el Cardenal Arzobispo de Manila, R. Santos, y el sábado también Misa armonizada, que fue celebrada por el ilustrísimo y reverendísimo Vicario General, monseñor José N. Jovellanos, una de cuyas glorias piadosas es el ser hijo de una santa hospiciana y de un Javellanos que fue uno de los amigos de la Juventud del héroe nacional doctor José Rizal. El triduo de actos piadosos fue la expresión más fiel del espíritu cristiano que impera en el Hospicio.
Pero gratísimo acontecimiento humano fue el jolgorio que niños y viejos que estuvieron en el Hospicio a través de los últimos sesenta años tuvieron con recuerdos de su infancia, atendidos solícitamente por las Hermanitas, todas filipinas, y su Superiora, la reverenda Sor Cristina Nicolao, única Madre española que hay en aquel remanso de paz de la isla de la Convalecencia, besada por las aguas del Pasig, que completamente la rodean.
Broche de oro de los festejos fue el Programa Literario Musical en el auditorium del Colegio de Santa Isabel, en la avenida Taft, precedido por las marchas filipina y española, ejecutadas por la mejor de las rondallas infantiles de Filipinas, la rondalla «El Lirio», dirigida brillantemente por el señor Leo Macariola y asistida al piano por la señorita Elizabeth Basilio, que además ejecutó, en medio de nutridos aplausos, «Poet & Peasant», «Philipine Air» y «Malagueña», teniendo como complemento el «Himno Nacional», cantado por el coro de niños y niñas del Hospital de San José.
Capítulo aparte debiera darse al sainete cómico «Jesús, que antipáticas», por las ex alumnas.
El número de la poesía «Evocación», por la señorita Luisa Aranda, agua cristalina de dicción y donaire en su gesto y en su palabra; las Hijas de la Caridad, representadas por las señoritas Lourdes Eizmendi, Mariana Aranda, Lourdes Pérez, Antonia Cavanna y Ofelia Fajardo, con sus tocas y viejo hábito de ayer de las Hijas de San Vicente; los bailes «España Cañí» y «Sevillanas», etc.
En el «Saludo» del programa se rindió homenaje a la Superiora actual del Hospicio de San José, Sor Cristina, con evocación piadosa a las Superioras que ya se fueron y apreciadas religiosas, como Sor Margarita Berruezo, Sor Matilde Romero y Sor Magdalena Cornejo, las dos primeras ahora en Cebú, y la última en el «White Cruss», de San Juan del Monte; Sor Cristina, la actual Superiora, fue objeto de grandes y sinceras felicitaciones por haber sido el alma de la celebración del inolvidable Centenario.
De «El Debate».






