Calixto Osés

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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P Calixto Osés

15-04-90

Pamplona

BPZ 1990

mso85E86Ayer, 15 de Abril, PascuaI de Resurrección, recibimos de par de mañana la noticia del fallecimiento del muy venerado P. Calixto Osés.

Había nacido en Muruzabal-Valdizarbe, Navarra, el día 14 de Octubre de 1899.Estudió humanidades en Murguía a donde llegó el año 1913. Hizo el Seminario Interno en Madrid, 1917-1918, siendo su día de vocación el 18 de Setiembre de 1917. En otoño de 1919 inició los Estudios de Filosofía en Hortaleza, Madrid. Hizo los Votos Perpe­tuos a comienzos del curso 1914-1915 en la capital de España. En 1922 pasó a Cuenca para estudiar la Teología en el Seminario de San Pablo. Fue ordenado Presbítero el día 2 de Mayo de 1926 en la Basí­lica de la Milagrosa de Madrid. Le ordenó el obispo D. Diego y Gar­cía de Alcolea.

Destinado por los superiores al Seminario Conciliar de Oviedo, empleó su tiempo en la formación de los seminaristas de la diócesis asturiana, 1926-1927.

Dos años permaneció en Roma, 1927-1929, espe­cializándose en Teología. Asistió a las clases del Angelicum, donde completó sus conocimien­tos teológicos y, sobre todo, bíblicos.

De Roma se trasladó a Cuenca, donde permaneció desde 1929 hasta 1936. Durante estos años explicó diversas materias teológi­cas en el Seminario de San Pablo.

Desde 1936 hasta 1949 permaneció en Pamplona y Murguía. A causa de la previsible contienda civil abandonó Cuenca para venirse, junto con los Estudiantes Teólogos a esta zona del norte. Durante catorce años se entregó a la formación de los Estudiantes Teólogos, Pamplona y Murguía, y posteriormente a la docencia en la Escuela Apostólica en esta ciudad de Pamplona.

Fue destinado a Potters-Bar (Inglaterra), permaneciendo en dicho lugar, en su condición de profesor y superior de la comunidad desde 1949 hasta 1956. A partir del año 1956 y hasta 1962 fue sucesivamente profesor y superior en Cuenca y Salamanca.

Establecido el Seminario Interno en Cuenca, el P.Calixto Oses retornó de nuevo a la ciudad del Júcar. El último tramo de vida, l972 hasta el día de ayer 15 de Abril del presente año 1990 lo pasó en este Casa de Pamplona, ejerciendo el ministerio sacer­dotal en la medida de sus posibilidades en la Iglesia de La Milagrosa y, posteriormente, ya muy deteriorada su salud, en la Enfermería.

De estos datos biográficos se deducen dos conclusiones: P.Calixto Oses dedicó casi todo el tiempo de su vida misionera la formación de los aspirantes en las distintas etapas de la carrera eclesiástica; también se entregó durante una buena parte del tiempo de su larga vida a otros ministerios, destacando entre éstos la atención espiritual a las Hijas de la Caridad.

Al P.C. Osés le han conocido muchas generaciones de misio­neros vicencianos. Con él ha ocurrido un hecho peculiar: no ha teni­do enemigos. Al contrario, siempre ha contado con la estima de cuantos hemos asistido a sus clases o hemos tenido el privilegio de ser formados por él.

¡Cuántas veces hemos comentado las peculiaridades que con­currían en su rica personalidad! Del P.C.Osés hablamos todos con es­tima y cariño, destacando sus rasgos personales: su afición desde muy joven al deporte del frontón y posteriormente a los largos pa­seos; sus predicaciones a base de un lenguaje castizo y salpicadas con frecuentes citas de los Santos Padres y de San Vicente de Paúl; su amor a la Congregación y sobre todo el ejemplo personal de quien estaba revestido de las grandes virtudes cristianas y vicencianas.

El P.C.Osés ha sido un misionero fundamentalmente bueno y honrado. Hombre de oración, transmitía sus vivencias personales con toda naturalidad. Adoptó para sí mismo un modo de vida digno de to­do encomio por su austeridad personal en la posesión y uso de las cosas. No creo exagerar si digo que asumió con toda decisión las cin­co virtudes vicencianas y, en particular, la sencillez. Del P.C.Osés admiramos su talante bonachón que le impedía imaginar las malicias ajenas. De todos pensaba bien.

Hombre de esta tierra que le vio nacer, a­mó a sus gentes sin dejar de permanecer en todo momento abierto a la universalidad de la Iglesia.

De convicciones cristianas arraigadas, se mostró siempre cercano, servicial y agra­decido a sus hermanos de comunidad.

La cruz del Viernes Santo es el mejor símbolo de las fre­cuentes limitaciones tanto espirituales como corporales que rode­an la vida de todos los humanos. La muerte en cruz fue en el caso de Jesús la culminación de las sucesivas entregas personales y de la generosidad consumada.

De alguna manera el P.Calixto sencillo seguidor de Je­sús, echó gustoso sobre sus hombros el peso de sus propias limita­ciones y procuró aliviar los sufrimientos ajenos. Por eso, así co­mo Jesús el día de Pascua fue glorificado, de la misma manera es­peramos lo haya sido nuestro muy venerado P.Calixto.

Anónimo

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