Biografía de Sor Rosalía Rendu (Desmet) en descarga directa

Francisco Javier Fernández ChentoHijas de la Caridad, Rosalía RenduLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Henri Desmet · Año publicación original: 1980 · Fuente: CEME.
Tiempo de lectura estimado:
Sor Rosalía Rendu

Sor Rosalía Rendu

Juana María tenía sólo dos años cuando le nació una hermanita, una muñequita viva a la que podría admirar, acariciar, mecer, con la que podría compartir las delicadezas de su corazón.

Entretanto los días sombríos de la revolución se vislumbraban en el horizonte y en torno a aquellos niños inocentes y risueños se ceñía de preocupación la frente de los mayores. Pero Juana María y María Claudina vivían días apacibles con la ingenuidad de sus pocos años.
Pronto una nueva hermanita vino a completar la fiesta. Le pusieron por nombre Antonieta. Era el año 1793. Juana María iba a cumplir siete años. Cuando se tienen siete años resulta fácil jugar -¡era además la mayoría hacer el papel de reina en el trío de las hermanas.

En el huerto algo salvaje, que era su rincón de juegos preferido, tenían fiesta todos los días. ¡Qué bonitos juegos organizaban! Juana María, consciente de sus derechos de mayor edad, decidía, mandaba, gobernaba… ¡Cuántas fantasías salían de la cabeza de aquella niña despierta y llena de vida! ¡Cuántas carreras por el huerto! Pero había también otros juegos más serios en aquel mundillo dirigido por una niña prudente: «Jugábamos a la maestra de escuela», le contó una de las supervivientes a sor Costalin.

Juana María representaba muy gravemente su papel: había que recitar el catecismo, rezar las oraciones. Otras veces jugaban a la mamá. Y esa mamá tenía una hija muy buena y, como era tan buena, le concedía el premio de una visita a la capilla de la  Virgen que estaba enfrente de la casa. Cantaban allí una canción y volvían luego tan contentas. ¡Habían hecho de «personas mayores»! Habían trabajado sus cabezas y sus lenguas; habían trabajado también sus piernas, pues habían tenido que atravesar la calle en su piadosa peregrinación… ¿Quién sabe si le llevarían también algunas velas? Velas de cera, de madera o de papel… ¡poco importa! Habían pasado un buen rato. Un día feliz. La mamá feliz y la maestra de escuela había sido obedecida; las alumnas se habían mostrado realmente dóciles. ¡Todas se sentían orgullosas! ¡Y contentas!

¡Alegrías sanas y cándidas de los corazones sencillos! ¡Una felicidad poco costosa! Para unas niñas del campo que no han saboreado todavía las frivolidades y las diversiones de otro tipo, que han conservado en todo su frescor los buenos sentimientos de una educación cristiana y que han sido iniciadas generosamente en el inexorable imperativo del deber, era ya posible vislumbrar todo lo que tiene la vida de seriedad y todo lo que de grandeza encierra el alma.

Estas alegres iniciativas de niña le granjeaban las simpatías y el respeto de- todos a la pequeña Juana María. Y sus amiguitas se cuidaban mucho de mostrarse caprichosas con ella, porque -como dice una testigo de aquellos tiempos- «Juana María no habría querido entonces jugar con ellas».

Descarga el libro completo pulsando aquí. (el libro se entrega en un archivo ZIP, en cuatro formatos distintos: EPUB, DOCX, RTF y PDF)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *