Amador Bauzá Vaquer

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros Paúles1 Comment

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Author: Pedro J. Gómez, C.M. · Year of first publication: 2012 · Source: Butlletí Provincial de Barcelona.
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«Tenemos más motivos para alegrarnos de vivir en este tiempo que para quejarnos de él», decía, San Agustín.

 San Juan (Mallorca) y estudios.

Nace en san Juan, pueblo del interior de la isla con sus peculiaridades y costumbres pro­pias, como el » pa i peix» en el 4° domingo de Cuaresma. Era e129 de junio de1923, cuando abría los ojos a este mundo el segundo hijo de, Amador y María de Gossauba -madona que llegó a los 102 años-; eran unos padres ejemplares, campesinos y cristianos, -como dicen las esquelas-, y además familia nu­merosa, como se usaba en aquellos tiempos: Antonia, Amador, María, Margalida, Pep, Juan y Joana.

Antes de la guerra civil ya tenemos al muchachito de pantalón corto, con doce cortos años y con ganas de ser Misionero; se dirige animoso pero con paso incierto a La Misión de Palma para entre 1934 y 1939 re­alizar sus estudios en la Escuela Apostólica la Misión.

Terminada la contienda civil reestrena el Seminario Interno en septiembre del 39 en Espulga de Francolí (Tarragona), población recostada en las faldas de la Pena y con bue­nas y numerosas fuentes. El Director experi­mentado, era el P. Jaime Roca Pons.

Luego pasa a Bellpuig (Lérida) a estudiar Filosofía y la termina de nuevo en Espluga. Es a primeros de septiembre de 1944 cuando con otros compañeros – Real, J. Coll, Brufau y J. Cañellas- llega a Cuenca para empezar la Teología con los Hermanos Estudiantes de Madrid, -según la termilogía en uso-, pero el último curso teológico lo acaba de nuevo en la refrescante Espluga de Francolí.

Conforme avanza en sus estudios va acla­rando su idea Misionera. Escribe un artículo sobre la Oficina Misional, en su sección fila­télica con ribetes poéticos, para mí descono­cidos, dice: La Oficina Misional es el ánfora con agua del pozo de Sicar en la que los Mi­sioneros lejos de la Patria apagarán su sed de añoranza. La paloma mensajera que lle­vará calor y entusiasmo joven a las sudorosas frentes veteranas de los Apóstoles de nuestro Vicariato. El iris de esperanza que dirá a los Misioneros: No estáis solos. Pronto vamos a reforzar vuestras filas:’ (Anales Barcelona 1948, pag. 263).

Hasta que por fin el 25 de enero de 1948 re­cibe la ordenación sacerdotal de manos de Monseñor Matías Solá, capuchino, en nues­tra iglesia de Barcelona, y canta su prime­ra Misa en su pueblo natal el 2 de febrero. Ensalzó las glorias del sacerdocio, (como se decía entonces) el P. Martín Matas, su pai­sano. Fue invitada toda la Comunidad de Palma, hasta los apostólicos a los que deja un grato sabor y recuerdo.

Misionero en Honduras. 1948-58.

Ya los Superiores le tienen trazado su camino, en mayo de ese mismo año recibe el soñado paso a Honduras como Misionero, desem­barcando en Tela llegará el 13 de septiembre a san Pedro Sula, capital del Vicariato.

A los pocos días Mons. Juan Sastre le des­tina a Tela y le dice: «Vd. va a Tela para las aldeas y campos de la Frutera. Para la ciudad ya está el P. Viñals». (Butlletí Provincial, n° 218 Dic.-feb. 2010, p.23).

Aquí pasará un año y después a San Pedro, casi tres años, también como Vicario, en­tregado especialmente al apostolado rural. «Se dedica con gran espíritu de sacrificio e inagotable celo al ministerio sacerdotal por sus numerosos pueblos y aldeas; todos e­llos conocieron la figura diminuta, delgada y maciza, animosa y fervorosa del P. Bauzá, ganándose el corazón de la gente sencilla y humilde.» (91 Hombres. 1974. P. J. Barceló, p. 150)

Trató desde el primer momento de poner en práctica las disposiciones del Vicariato: visitar dos veces al año los pueblos o aldeas que tenían iglesia. Una para la fiesta pa­tronal y otra de ocho días en verano para catequizar a la población. Las visitas tenían que ser en verano, pues en invierno a veces pasaban 15 días lloviendo torrencialmente, algo parecido al diluvio y con «carreteras de barro’: Escribe: «Era muy molesto tener que emprender una jornada de ocho y más horas bajo la lluvia, pero al aumentar las al­deas no siempre se podía disponer de días mejores. Hubo viaje que la mula me cayó hasta siete veces, y para un camino de hora y media tardé tres, pero un servidor siempre me mantuve encima de la bestia. (Reparen en un Misionero valiente). Para el día de los Fieles Difuntos siempre pasaba veinte días seguidos visitando Iglesias y Cementerios. Eran muy buenas fechas para Confesiones y Comuniones:’ (Butlleti n. 218- Diciembre- febrero 2010, p. 23)

El mismo anota sus correrías por el Me­rendón, no solo le preocupan las almas, también sus lugares de culto donde poderse reunir esas almas y alabar al Señor; como si dijéramos dos preocupaciones o necesidades paralelas: la tortilla y el agua, las almas y las ermitas.

Y consigna como fue dotando por primera vez a numerosos pueblos de su iglesia o ca­pilla, como Naco, Santa Teresa de Bañaderos, Río Frío, Las Cruces, San Antonio del Perú, Berlín, Peñitas, el Calán, Montevideo…im­planta también otras nuevas en lugar de las antiguas en Buenavista, La Laguna, El Perú, Río Blanquito, La Cebadilla…y renueva las de Tomalá de Cortés, La Jutosa, El Rancho, Santa Marta, y hasta consigue notables me­joras en las iglesias de los municipios de Choloma y Cofradía. De esta población fue el primer párroco por poco tiempo, pues ya tenía previsto su viaje a España; consi­guió que las cofrades de la Virgen del Car­men usaran en las fiestas un hábito morado. Adquiere además un solar y empieza la cons­trucción de la iglesia de San Felipe en San Pedro Sula.

Anota: «Visitar las aldeas era urgente, pues donde no iba el Misionero se lo conquista­ban los protestantes… En el Merendón tenía aldeas que me costaba cinco horas de subida.

De 60 metros de altitud de la ciudad a los 1.650 de «el Gallito» o Suyapita. ¿Quién se li­braba de las ocho horas para subir o bajar La Culebrina? (Id. Id. p.24)

En 1951 anda por Trujillo y al año siguiente de nuevo por Tela. «Los primeros años sa­cerdotales tienen un no sé que de fervor, celo y entrega… únicos y especiales», escribirá él. Pero vuelve a San Pedro y a su Merendón.

Años más tarde, aún recordará las andanzas de este tiempo y cuando acompañe al P. Se­bastián Rivera: «En 1957 jo havia comencat la sustitució de l’esglesia de La Laguna i ell l’havia acabada …Partiren un dia abans i el jeep d’en Carlos Duarte pujó aquelles empi­nados costes i atrevides voltes de lo que déien cami. En arribar davant l’esglesia descarregá maletes: ornaments, llibres del Santo Rosario per cantar «alabados», dues pilotes veies i mig inflades… (Butlleti n. 123 Marc-abril 1993, p 29)

Apostólica de Palma de Mallorca. 1958-63.

Con estas andanzas hemos llegado a 1958; ya han pasado los 10 años reglamentarios, y por lo mismo le tocan vacaciones en España, es el premio de los corredores en este esta­dio misionero. Los superiores aprovechan su descanso para nombrarlo Director de la Es­cuela Apostólica La Misión, desempeñando su cargo con el entusiasmo y la autoridad de siempre. Pero no crean que dura muchos años el reposo y tranquilidad en su terruño.

Ya en junio de 1963 deja la Escuela Apostóli­ca y de nuevo está dispuesto a volar como Misionero y con un renovado entusiasmo para Honduras; cual cigüeña busca su cam­panario para anidar. Y aterriza en Tegucigal­pa el 27 de julio.

De nuevo por Honduras.1963-77.

En junio de 1967 lo encontramos en Tegucigalpa, como Párroco y superior de la Co­munidad, dedicado a la pastoral parroquial, a los numerosos barrios, la acción social y educativa.

Vuelve a san Pedro Sula en el 71 como Vice­visitador (1971-76), y el Cronista añade que sin los otros cargos queda más libre para a-tender mejor las obras y ayudar a los Mi­sioneros.

Se propuso como unos tres puntos clave: «reorganizar los ejercicios espirituales a­nuales y la Oración de las Horas con los bre­viarios que nos mandó el Visitador P. Mulet (pues, en aquellos años unos 18 Misioneros nos abandonaron), solucionar el problema económico, y tercero vender la antigua Casa Cural de la Catedral.» (Butlletí Provincial, n° 222, sept.nov. 2010, p. 40)

Convoca la Asamblea viceprovincial en noviembre de 1971 y luego asiste a la Asamblea Provincial de Barcelona.Se con­sigue en este tiempo que sean los Misioneros quienes elijan a los Consejeros y no el mismo Vicevisitador, corno se acostumbraba.

Allá por el año 1973 consigue la venta de la Casa Cural, y narra gozoso el haber conse­guido una buena operación financiera, tras no pocos equilibrios.

«Para el permiso de Roma, y de cara «al que dirá el pueblo» se hacía constar mejorar nues­tra misión en la Moskitia, hacer una obra so­cial en el Barrio Cabañas y pagar deudas y terminar nuestra casa de San Vicente. (Id. id p.43) Que será la Casa central, y la iglesia al año siguiente será nominada parroquia de san Vicente de Paúl.

Salió a 350 Lps la yarda; pero el Obispo no cedía su firma, hasta conseguir una casa cural nueva, se hacía valer. Cuenta algo más el P. Amador, con la visita de un periodista protestante para pedir explicaciones sobre la venta. Le dice: -Pase y vea; recorren el solar y le suelta: «Nosotros vendemos, muy a pesar nuestro, porque amamos a San Pedro y esta esquina, la más bien situada de la ciudad, con esa construcción vieja, es una afrenta para todos los ciudadanos. Estamos en el centro de San Pedro y estaremos a más de dos kilómetros. Pero no queremos estorbar el progreso de la ciudad. Y el periodista fue muy consecuente:’ (Id. id.) Así se las gastaba el vendedor, dice el comentarista.

Además hay otra decisión importante para los Misioneros en estos tiempos. El P. José Mulet, Visitador, trata con los superiores de Tegucigalpa, San Pedro, La Ceiba y Trujillo, sobre el estado de la Viceprovincia; se dialo­ga y reflexiona, con la consulta al Superior General en 1976 llegará la determinación de que la Viceprovincia venga a ser Casa Re­gional con una sola autoridad, un Superior regional; el primero será el P. Buenaventura Sola. Y el último Vicevisitador el P. Ama­dor Bauzá. Las cosas cambian. Se acaba una época que se reduce y estruja, dependiendo todo de Barcelona.

Párroco La Ceiba en 1965-67.

En 1965 es nombrado párroco de La Ceiba, sustituyendo al nombrado Obispo de la re­cién estrenada Diócesis de San Pedro Sula, P. José García Villas, quien durante muchos años pastoreó la grey ceibeña de tal mane­ra que era considerada una de las mejores parroquias de la nación; ya que párroco y Vicarios no habían escatimado esfuerzos y sacrificio para elevar el nivel religioso de la ciudad.

Amador empieza cancelando las deudas, unas 22.000 Lps., se renueva la iglesia, las bancas… Pasó la propiedad del Instituto San José a la Parroquia, renovadas las aulas.

Por este tiempo se implantaron los Cursillos de Cristiandad traídos de Nueva York por el P. Nicolás Mas y un grupo Cursillista de

Brooklyn que dieron un gran paso en la re­novación espiritual de la Comunidad parro­quial, además se intensificó la participación litúrgica por medio de folletos y ciclos de conferencias, los grupos de la Legión de María se multiplicaron… Formó la Herman­dad de Jesús Nazareno para los obreros y 3 Cofradías de Semana Santa con su hábito y capirote, para acompañar el Santo Entierro. Aprovecha la visita del P. Miguel Piquer para que diera unas charlas a la juventud ceibeña; llegaron a juntarse hasta unos 1.700 jóvenes ansiosos de la verdad evangélica.

El P. Amador se dedicaba especialmente a la ciudad y los Vicarios hacían sus correrías apostólicas por los pueblos, pero colabo­rando en todo con la cabecera parroquial, especialmente los domingos y fiestas. Era exigente consigo mismo y a veces con los Vicarios que no acaban de responden a esas mismas alturas, son otros tiempos de inde­pendencia personal, y se podía crear algo de malestar.

Pasa por Valencia a su tierra mallorquina

Regresa definitivamente a España en 1977, ya que su padre estaba gravemente enfermo y fallece el primero de febrero. Se queda en España y su destino fue Valencia, con su arroz y naranjas; durante tres años acom­pañará como Vicario al P. Miguel García en la renovación parroquial, pues dando la cul­pa al Concilio Vaticano II, parecía que toda la pastoral parroquial estaba adormecida y como pasada de moda; lo tradicional de la Iglesia ya no servía, como procesiones… (?)

De aquí pasa a Son Oliva también de Vicario durante 9 años con un moderado compro­miso que se completará cuando en agosto de 1989 es ya párroco de la Sagrada Familia de Palma. Conoce bien la barriada y además «la tarea que le espera y las necesidades par­roquiales; tratará de imprimirle su tinte ma­llorquín sin desmayo, consciente de sus raí­ces isleñas y locales».

(La Parroquia de la Sda. Familia. 1998. P.G. p.53) Aunque una gran parte de los parro­quianos son «forasters», emigrantes de la Península, pero ya bien asentados, y con recuerdos y morriña de su pueblo y de su Virgen.

Habla con el Obispo, se aconseja y resuelve que «La parroquia és de tots i per a tots. No es poren rebutjar els distins grups; per da­munt de tot és la comunitat dels batejats. (Id. id)

Quiere romper con la línea antecesora mar­cadamente neocatecumenal. Enseguida pone en marcha la Catequesis con diverso material y 21 catequistas para atender a los 219 niños, intentando también la catequesis familiar.

Tiene claro tres objetivos importantes para atraer a los feligreses, como si fueran unos potentes imanes: primero la Vida Creixent, segundo la Liturgia, y el tercero incrementar la devoción a la Virgen Milagrosa, con sus capillitas de la Visita Domiciliaria, en este quehacer le ayudará una Hija de la Caridad. Por Semana santa consigue un Vía crucis por las calles de la Barriada, poniendo en marcha las costureras y familiares: se necesitan 66 túnicas, mantos… Escenifican 8 estaciones con la participación de unas 600 personas. El Informe que presenta al Obispo en vi­sita pastoral nos da estos datos: Unos 6.000 habitantes, de los que 300 acuden a la misa dominical… queda campo por roturar. De esta manera continúa la labor parroquial aprovechando las diversas fiestas y devo­ciones.

Por este tiempo, en 1988 acusa la primera amonestación de su corazón y en el verano «recibió un segundo aviso cuado se encon­traba en Menorca.. (Butlleti n. 95, juliol­agost 88, p. 13.) Pero sigue como si nada sus tareas parroquiales y ministerios hasta su jubilación. Y esta llegará al cumplir los 70 años, bien llevados, gracias especialmente, digo yo, a los cuidados y preocupaciones continuos de su hermana y enfermera Joana.

Tiene que dejar la parroquia y escribe un enjundioso artículo en el Butlleti tras­parentando algo de nostalgia: «Qué vol dir aquest retiro?- No serveis… ? No pots?… No et volen? Un no sap com te veuen els altres. Ni com jutgen ses teves obres, perqué un les fa bones, ben bones… Tot canvi és un morir i un néixer.» (B.I. n. 126 setembre- octubre 1993).

Retirado pero en activo.

Aprovecha bien este tiempo de retiro ge­neracional para otras actividades también importantes en nuestra vida misionera. Según catálogo, en estos años se mueve principalmente por la península hasta reca­lar finalmente en Palma y San Juan. Desti­nado en 1993 a Barcelona se dedica especial­mente a Caritas, Asesor de las Voluntarias AIC, Conferencias de San Vicente de Paúl.

Pero también decide ayudar a San Pedro Sula por la Cuaresma de 1994, y regresa vo­lando el 13 de febrero por trastornos de su corazón. No se desanima y volverá a Hondu­ras y prestar su ayuda generosa a los Misio­neros de allá; como supliendo en Tegucigalpa al P. Eladio Giménez durante 4 meses por su operación allá por el 2000. Y hasta llegará a Nueva York para animar algunas parroquias de hispanos dando una especie de misión durante cinco días, en la Cuaresma del 2001 y repetirá en marzo-abril del 2003.

En enero de 1995 es el superior de la Comu­nidad de Figueres, siendo una desinteresada ayuda a los párrocos en sus diversos ministe­rios, siempre dispuesto al servicio. Regresa de nuevo en 2003 a prestar su ayuda al Asilo y al clero, pero en noviembre es operado de una hernia discal, que no le resta fuerzas, pues ya en 1996 anda por Reus con los ministerios propios de aquella humilde pa­rroquia. Al año siguiente está en Palma y pasando por Barcelona.

Misiones populares.

Una faceta especial de este tiempo jubiloso es su entrega generosa y a la vez pía a las Mi­siones populares que organiza la Provincia, siempre dispuesto a participar.

Por ejemplo en 1983 participa en la misión de Agost; el 84 en La Granadella y La Bole­ra; el 92 en Beneixida,» Hem sembrat i mirat de que nous sembradors vagin a fer faina» Aunque encuentren algunas regiones algo frías, él entusiasta está dispuesto a seguir la marcha del Equipo misionero.

En 1999 disfruta con sus correrías por aque­llas verdes laderas del Arciprestazgo de Lle­mena (Gírona) y La Coma, la parroquia del Corpus Christi (Alicante), además la misión de Cárcer y Cotes (Valencia). Y ese año lo cierra con la misión de la parroquia de Los Ángeles en Alicante.

El año 2000 participa en Benicarló, Parro­quia de Sant Sebastiá, luego anda por Ibiza en Santa Eulalia des Riu. Ese mismo año toma parte en Alcoy (Sant Roc i Sant Sebastiá), y Alcántara de Xuquer. Y para rematar el año 2000 en noviembre está en las misiones en Sinarcas, Las Cuevas y las Torres.

Al año siguiente empieza enero con Gata de Gorgos (Alicante) y Millares, yen enero tam­bién del 2002 particia en L ‘Atmella de Mar. Y será en el 2004 en Guadalest y Callosa d `En Sarriá, ambas de Alicante. La última en que participa es parroquia de la Misericordia Alicante en 2005.

Su papel principal en estas misiones era visi­tar las familias, los enfermos, las personas mayores…no tenía pereza para este apostolado, parece como un carisma especial, ya que conocía los zarpazos de la enfermedad y la edad.

En esta tarea le suele acompañar su herma­na Joana, que forma parte activa del equi­po misionero, aunque pequeña en estatura, es grande en su entrega, como un «smart» y además siempre atenta a la salud de su hermano. Esta callada misionera ampliará su campo de apostolado en Honduras, sin miedo de dar un salto al Atlántico; durante una larga temporada será como si dijéramos el ama de llaves y catequista del P. Atonio Quetglas, sobre todo en su ausencia de la Parroquia La Milagrosa de Tegucigalpa.

Como anécdotas de su carácter.

Recuerdo que siendo Director de la Apos­tólica se tomaba todo muy en serio y con entusiasmo; hasta un simple partido de fut­bol con los Apostólicos le entusiasmaba so­bremanera. Sabía escogerse los mejores juga­dores, pero si perdía, se enojaba de verdad y ya tenía preparada la bronca para su equipo perdedor.

Esta afición futbolística le sirvió en su apos­tolado hondureño haciendo de entrenador de un equipo de primera, el Real España, y así poder entrar más fácilmente en contacto con los jóvenes.

Dominaba la Liturgia, ya que participaba con frecuencia en diversos cursillos, y así hacía valer su autoridad; por lo mismo parecía que disfrutaba discutiendo con cualquiera, y no le faltaban argumentos para llevar la razón a su puchero.

Lo mismo pasaba sobre otros temas y Docu­mentos de la Iglesia, de la Congregación, de la Provincia, de Asambleas que él ya había leído; la razón estaba siempre de su parte.

De economía también tenía su ramalazo, consultando la prensa diaria y estando al tanto de la bolsa. Se sentía satisfecho de haber podido vender la antigua Casa Cural de San Pedro con resultado positivo, habi­endo conseguido los permisos de Roma y del Obispo algo renuente a esta transacción. Pero lo consiguió con buenas promesas y reparto del botín. Y él se reía con satisfa­cción al recordarlo.

Y sin plan de reproche: se impregnó amplia­mente del ambiente clerical de su isla, que se respiraba por aquellos años, y era como un resurgir autóctono, o mallorquinista o quizá, mejor catalanista. Si podía cada año hacía su visita protocolaria a la montaña santa de Montserrat, casal de Cayalunya, participando ya en los Ejercicios espirituales ya en cursillos, charlas… Hasta llegó a visitar la ciudad de Arguer en Cerdeña, con su her­mana; un reducto donde se habla un «dia­lecto catalán», según la enciclopedia. Pues una afición como otra.

Mandaba sus artículos a nuestro Boletín con su empronta lingüística y en castellano, no parecía un fedallín del todo.

Era un poco cabezota en el buen sentido de la palabra, cuando se sentía con la razón, no había manera de ceder. Miraba por la Co­munidad, el orden, la sencillez, la pobreza y eso que hubiera podido tomarse alguna excepción personal, pues económicamente disfrutaba de buena salud, pero no había ninguna ostentación.

Así era Amador, amigo de los que le caían bien. Exigente consigo y también con los que le rodeaban, algunos con otra edad y mentalidad distinta; aunque pudiera chocar, por otro lado era un buenazo, y hasta ge­neroso en ocasiones. Recuerdo que en Ceiba cierto Viario quería ir por las suyas y no le consultaba. Asesorado ese Vicario, reaccio­nó, y le contó sus trabajos y fatigas para edificar la iglesita de un pueblo. Conseguido el permiso y aclaración, enseguida llegó la ayuda económica necesaria.

Podríamos ofrecer otras facetas de su per­sonalidad, de su piedad con tintes de mís­tica, pero sería algo prolijo, como devanar la madeja, dándole vueltas al ovillo que anda por el suelo y con el gato jugando. Tenía sus virtudes que no vamos a ensalzar y quizá también con algunos defectos, que no vamos a descubrir a estas alturas.

Es de justicia nombrar a su hermana pequeña Joana, en la que tuvo siempre un gran apoyo, como enfermera y cuidadora en los últimos años de su vida. Gracias a ella, su estatus de vida era saludable y estoy convencido per­sonalmente que esto contribuyó a alargar su vida y su actividad apostólica hasta el último momento de su existencia.

Con ella compartía su afición por el cam­po, siempre dispuestos a buscar setas, espá­rragos, lo que fuera…; el coche de na Joana estaba siempre listo para salir a respirar aire campestre, una vez cumplidas sus obliga­ciones sacerdotales.

Y ya en el 2007 pasa a Palma definitivamente que alterna con San Juan. Sin grandes preo­cupaciones encuentra tiempo para ayudar al clero, a pesar de su delicada salud, especial­mente a la parroquia de San Nicolás de Palma con algunas misas, charlas; bien reconocida esta ayuda, con la participación en su funeral del Párroco y Vicario.

Y termino este atadijo con algo de retraso, ya que el P. Amador cerró los ojos a este mun­do para abrirlos en la eternidad el 1° de sep­tiembre del 2011, a los 88 años. Pero como parece que nadie quería mojarse la camiseta, que nadie se decidía por resumir su larga y poliédrica vida, y por otra parte convencido de que se merecía su paso a la posteridad histórica de la Provincia, me decidí a perge­ñar estas páginas, aunque no hubiera premio por medio. Ahí quedan esas líneas de mere­cida memoria, aunque sean discutibles.

Descanse en paz el buen Misionero, celoso y trabajador Madó.

One Comment on “Amador Bauzá Vaquer”

  1. Fue entrenador del Club Unión Católica del Barrio Pueblo Nuevo ,donde está la Parroquia Medalla Milagrosa ,ese club se fundó en mi hogar en 1950 ,trajo un hermoso uniforme de España para el club .
    Tocaba la campana parroquial para convocar a sus jugadores a entrenamiento.
    El párroco era el P.Vicente Pastor recientemente fallecido en este año 2020

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