3º Domingo de T.O. (reflexión de Antonio Elduayen)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año CLeave a Comment

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Author: Altonio Elduayen · Source: Congregación de la Misión en Perú.
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Queridos amigos,

El evangelio de Lc 1,1-4; 4, 14-21, es como la “tarjeta de presentación” de Jesús. Nos dice quién es Él y cuál es su misión en este mundo. Recordarán que Quién es Él lo habían dicho antes los ángeles cantando su Gloria a Dios; la estrella guiando a los Reyes Magos; el Padre Dios y el Espíritu Santo, cuando Juan lo bautizó en el Jordán; su madre María (Jn 2,5) con el milagro-signo que le sacó a su Hijo en las Bodas de Cana de Galilea, convirtiendo el agua en vino (¡600 litros!) para salvar un matrimonio en dificultades… Ahora es el propio Jesús quién va decir quién es Él y qué ha venido a hacer.

Agradecido al pueblo que le vio crecer, quiso darles la primicia del notición, que todos esperaban. Ni en Jerusalem ni en Cafarnaum. Había escogido para ello el pequeño Nazaret, donde además estaban su madre y sus primos hermanos, familiares y amigos. Todos tenían sus ojos puestos en Él (Lc 4, 22), observa Lucas intencionadamente. (¿¡Los tenemos también nosotros!?). Jesús acaba de leer lo que el profeta Isaías había escrito ocho siglos antes sobre el Mesías (Is 61,1)… Y dirigiéndose a sus paisanos Jesús les dice con toda naturalidad: ¡Yo soy el Ungido (Mesías, en hebreo; Cristo, en griego) por el Espíritu de Dios! y he sido enviado a evangelizar a los pobres…

Más claro, imposible. Jesús es el Mesías prometido y esperado (el hijo de Dios, cosa que no aceptarán) y el Misionero del Padre. Cuando un cristiano se siente “tocado por el Señor” y se decide a seguirle y a ser como Él, suele surgirle una duda: ¿cuál de entre las muchas cosas que Jesús hizo (orar, sanar, sacrificarse, evangelizar…), será la principal? Es la gran pregunta que se hizo Vicente de Paul cuando decidió entregarse al Señor a tiempo completo y con toda el alma. La respuesta la encontró justamente en el evangelio que estoy comentando: evangelizar a los pobres.

¿¡Cuántas veces se repitió Vicente de Paul -y repitió a los suyos-, esta cita de Lc 4, 18 ¡? La puso como lema de la Congregación de Misioneros, que él fundó: “Me ha me ha enviado a evangelizar a los pobres”. “Nuestra vocación, dice, es muy semejante a la Nuestro Señor Jesucristo, que, al venir a este mundo, asumió como principal tarea la de asistir a los pobres y cuidarles.” “Él me ha enviado a evangelizar a los pobres”. Y si se le pregunta a Nuestro Señor “- ¿Qué has venido a hacer en la tierra? – Asistir a los pobres. ¿Alguna otra cosa? Asistir a los pobres…” (XI, 33-34). Qué bueno si también nosotros nos dedicamos a evangelizar a los pobres…

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