29º Domingo en T.O. (Rosalino Dizon Reyes)

Ross Reyes DizonHomilías y reflexiones, Año CLeave a Comment

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Justicia para los pobres e indefensos

Jesús garantiza de manera absoluta que Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan con fe perseverante.

Sabemos, a base de la enseñanza y el ejemplo de Jesús, que los elegidos de Dios son los pobres.  Deja claro Cristo, el Ungido con el Espíritu, que su misión es anunciar a los pobres la Buena Noticia del reino y la justicia de Dios.  Es por eso que pasa haciendo el bien y sanando toda clase de enfermedades y dolencias.

Jesús rompe esquemas además, porque proclama dichosos a los pobres.  Descarta la creencia popular de que la riqueza significa bendición.  Se pone él al lado de los pobres, ya que, siendo rico, se ha hecho pobre por ellos.  Y sediento, como los dichosos por su sed de justicia, Jesús, aunque es reflejo de la gloria de Dios, no vuelve hacia atrás ante el espectro de una muerte ignominiosa.

Sí, es constante Jesús, hasta derramar sangre, en la lucha en contra del pecado y en pro de la justicia.  Nos da ejemplo para que hagamos lo mismo, fijos los ojos en él.

La constancia infatigable de Jesús.

Los centrados realmente en Jesús meditan su constancia infatigable.  Por consiguiente, reconocen que deben perseverar también, sin cansarse, sin perder el ánimo, para reinar con el Iniciador y Perfeccionador de su fe.  Así que, a imitación de él, presentan a gritos y con lágrimas oraciones al que puede salvarlos.  Sostienen en alto todo el tiempo las manos de oración.  Asimismo, escuchan la Palabra que los capacita perfectamente para toda obra buena.

De verdad, tales místicos se acreditan solo por su sed de justicia que se traduce en obras buenas.  Quienes tienen sed ardiente de justicia, pues, no la apagan resignándose a la situación de injusticia.  Ni se dejan morir simplemente de dicha sed.  Hacen más bien lo que la viuda.  Ella va importunando al juez injusto con decirle, sin cejar:  «Hazme justicia frente a mi adversario».

Los verdaderos místicos insisten en proclamar la Palabra justa a tiempo y a destiempo.  Y tienen más interés en extender el reino de Dios que sus posesiones (SV.ES III:488-489).  Saben además qué deben hacer para que sus liturgias no resulten detestables a los ojos de Dios.  Ellos buscan la justicia, socorren al oprimido, defienden al huérfano y protegen a la viuda.

Acuérdate, Señor, de los que viven entregados a la causa de tu reino y tu justicia.  Que no se dejen vencer por la oposición mundana.

16 de octubre de 2016
29º Domingo de T.O. (C)
Ex 17, 8-13; 2 Tim 3, 14 – 4, 2; Lc 18, 1-8

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