22º Domingo de T.O. (Javier Balda)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año CLeave a Comment

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Author: Javier Balda, C.M. · Year of first publication: 2016.
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¿Quiénes son tus invitados?

Ama al que te ama pero no ames para que te amen. Ama aunque no te amen. El amor, si es amor, es gratuito. Acepta el amor que te ofrecen y te regalan, pero no lo exijas ni te creas con derecho a él. Acéptalo y agradécelo como regalo de quien te ama. Ama no solo al que se siente bien a tu lado, ámalo para que se sienta bien. Ama no solo al que te hace feliz, ámalo para que él se sienta feliz. Ama no para que te amen, ama para que el otro se sienta amado. Ama a aquél que, sintiéndose amado, nunca podrá recompensar tu amor. Ama al que nunca podrá devolverte tu amor.

Ama e invita a comer al que nunca podrá invitarte a compartir su mesa porque, tal vez, ni mesa tenga ni menos un pan que ofrecerte. Dar a cambio no es regalar sino vender. Dar, buscando una respuesta, esperando un reconocimiento, deseando una recompensa, no es fruto del amor sino del egoísmo. Dar solo al que te ha dado o te va a dar no es amar sino una forma de compra-venta del amor. Si das para que te aplaudan y hablen de tu generosidad no es amor sino vanidad. Si das para que el otro apoye o defienda tus intereses no es amor sino manipulación.

Jesús te dice: si eres mi discípulo, no ames así. El amor que ofreces, lo que dar por amor, no puede llevar en su envoltura el precio que tiene que pagar el que lo reciba. Lo que des, si es por amor, siempre será gratuito y a fondo perdido. De lo contrario, ¿qué mérito tendrás? ¿En qué te diferenciarás de los paganos, de los que no son cristianos? Si eres recompensado en la tierra, ¿qué premio te esperará en el cielo? “Cuando des una comida o una cena, invita a los pobres, a los necesitados, a los que padecen hambre, a los que no tienen nada, a los que nunca te lo podrán pagar; al no poder pagártelo ni recompensarte. Alguien te lo pagará el día de tu resurrección.

Piensa que la verdadera grandeza no está en ser amado sino en amar, no en ser servido sino en servir, no en recibir sino en dar, siguiendo el ejemplo de Cristo que todo nos lo dio y nos amó hasta su entrega total en la cruz. Ante él no podrás presentarte con la maleta llena de los regalos recibidos, sino con los bolsillos vacíos porque nada te queda por dar. No te olvides: “los pobres son los que toman asiento en el corazón de Dios”.

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