19º Domingo de T.O. (reflexión de la S.S.V.P. en España)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Desconocido · Fuente: http://www.ssvp.es.
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«Si el mundo nos quita por una parte, Dios nos dará por otra.» (SVdeP)

La principal enseñanza de las lecturas de este décimo noveno domingo del Tiempo Ordinario, es que Jesús se nos ha entregado como “pan de vida”, no sólo en la fe, sino también en la Eucaristía. Nuestra fe y la Eucaristía, restituyen constantemente nuestras fuerzas en el camino hacia Dios, así como el pan que el ángel del Señor le llevó al Profeta Elías. San Pablo, nos indica que, si llevamos en nosotros la señal del Espíritu Santo, hemos de imitar a Dios y vivir como Cristo, en el Amor.

Los grandes misterios de Dios se manifiestan en las realidades de la vida diaria. La sed y el hambre, el deseo y la necesidad configuran las realidades más íntimas e imponentes de la existencia humana. Los profetas bíblicos y el mismo Jesús comprendieron cómo esas realidades tan profundamente humanas, tan básicas e instintivas, nos pueden conducir hasta Dios o apartar de él.

El hambre, la sed y el cansancio merman las fuerzas de Elías, pero el alimento de Dios le permite superar la gran prueba de los cuarenta días y alcanzar su meta. Las necesidades humanas básicas parecen imponerse sobre las grandes aspiraciones, pero, cuando el alimento viene de Dios, todo entra en una nueva perspectiva. El profeta actúa en beneficio de todo el pueblo y no sólo en beneficio propio, como lo haría cualquier hombre. En nuestra condición de cristianos actuamos al mismo tiempo como personas comunes y como profetas. Como gente común, estamos obligados a luchar por la sobrevivencia; como profetas estamos llamados a dar un significado nuevo a esas luchas. El trabajo, entonces, ya no es sólo un medio de vida, sino un camino de dignificación y justicia. El alimento no es sólo una fuente de energía, sino un momento de encuentro con el Dios de la vida que se hace el “Pan nuestro de cada día” en la persona de Jesús.

El Evangelio nos invita a hacer de la presencia de Jesús en nuestra vida el pan diario y necesario; sustento, vigor y también gracia. Pues, como dice el salmo, a Dios no lo imaginamos, sino que lo degustamos y lo vemos en cada acción nuestra que planta las semillas de esa nueva realidad que es el Reino de Dios. Jesús se hace pan para nosotros y, nosotros, como seguidores e imitadores de Él, también nos hacemos alimento y sustento para nuestra propia familia, Conferencia, y para el mundo que nos rodea. Como discípulos de Jesús podemos saborear la presencia de Dios en nuestra vida diaria. Desde las primeras luces que anuncian las posibilidades del nuevo día, hasta la comida compartida en familia que evidencia una nueva comunión posible con toda la humanidad. Aunque la nueva realidad aparezca en germen, como ocurre con la semilla de una nueva planta y aunque la montaña se vea hermosa y distante, cada pequeño gesto de la vida cotidiana es una invitación a degustar en profundidad la oferta que Dios nos hace. Y, es que Jesús provocó diversas reacciones. Unos sólo sentían curiosidad. Otros lo admiraban. En muchos se despertó la fe: veían en Él al Enviado de Dios. Los dirigentes religiosos lo rechazaron. También se discute sobre Jesús. Podremos encontrar toda clase de libros y de opiniones sobre su persona. Muchos hablan sin saber nada de Él. Pero si queremos conocerlo personalmente, el mejor camino es escuchar su mensaje con el corazón abierto, pararnos ante Él, dialogar, esforzarnos por vivir con su Espíritu. Necesitamos vivir la experiencia de encontrarlo personalmente. Qué mejor camino, que aquel que nos dejaron marcado nuestros Santos Fundadores, para encontrarnos cara a cara con Cristo en la persona de los más necesitados. Esforcémonos por ser verdaderos alimentos en el seno de nuestras Conferencias y seamos el fermento del amor a Dios a través de nuestros hermanos los Pobres.

«No podemos asegurar mejor nuestra felicidad eterna que viviendo y muriendo en el servicio de los pobres.» (SVdeP)

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