18º Domingo de T.O. (reflexión de la S.S.V.P. en España)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

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Autor: Desconocido .
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ssvp«Si buscáis a Dios, lo encontraréis por todas partes…» (SVdeP)

Al multiplicar los panes, Jesús se presentó como un nuevo Moisés. Éste había conseguido que Dios, enviara del cielo un alimento para el pueblo hambriento en el desierto, como lo dicta el Libro del Éxodo. En el Evangelio, conocemos que Jesús nos da el “pan de vida”, o sea que se nos da Él mismo y nos invita a comerlo, ante todo, por medio de la fe. San Pablo, nos recuerda que el cristiano es un hombre nuevo, ya que, por ser discípulo de Cristo, tiene que abandonar su modo de vida anterior y revestirse de Cristo, que es el hombre nuevo.

El alimento es uno de los signos principales en las Sagradas Escrituras. El alimento es el elemento esencial para la vida humana y señala una clara división entre las necesidades reales y las necesidades superfluas creadas por la sociedad de consumo. El alimento es una poderosa clave para comprender la historia del pueblo de Dios, desde sus remotos orígenes en un clan de pastores hasta la compleja realidad presente. En el relato bíblico el alimento está representado en la ofrenda a Dios, sobretodo en la Pascua, que originalmente era una fiesta campesina. Con el tiempo se convirtió en el memorial de la liberación de Moisés y su grupo. En el cristianismo pasó a ser el memorial de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret y quedó condensada en la Eucaristía. Como fiesta campesina, la comida pascual celebra el don de la vida; como fiesta de los esclavos, celebra el don de la liberación; como fiesta de los fugitivos, celebra la gracia de Dios, que bendice el camino hacia la Tierra prometida; como fiesta cristiana, se convierte en el pan cotidiano que alimenta la memoria de una realidad venidera, que irrumpe ya con Jesús en nuestra historia.

El Evangelista nos muestra su reflexión con un relato que evoca tres realidades importantes: La satisfacción, la búsqueda y el don definitivo.

La gente marcha tras Jesús, porque se siente satisfecha, la presencia de Jesús colma sus expectativas y serena sus ansias. El pan que la gente busca es bueno, pero esa búsqueda contiene una semilla superior que se alcanza por medio de la fe en Jesús. En esa nueva realidad no sólo se busca el alimento, sino que se descubre que Jesús mismo es el alimento. El texto nos invita a reconocer cómo la necesidades básicas, son siempre el punto de partida de cualquier camino espiritual. Las personas buscan el alimento, pero en esa búsqueda encuentran valores superiores capaces de transformar por completo su forma de vivir. El pan arrancado a la tierra se transforma, por la fe en Jesús, en alimento de una conciencia superior que lucha para que todos tengan su pan y sean capaces de hacer realidad esa promesa que cada necesidad humana ya contiene en forma de semilla. Nosotros debemos identificar cuáles son nuestras necesidades y expectativas para elevarlas a un nivel superior, donde encuentren una respuesta definitiva. Debemos identificar y satisfacer nuestra primaria necesidad, a través de la búsqueda constante de la presencia de Dios en los más pobres, para encontrar la plena complacencia de alcanzar el don definitivo, que deviene de la práctica constante de la Caridad.

Hemos oído con frecuencia las Palabras de Jesús: “Yo soy el pan que da la vida”; pero no siempre sabemos alimentarnos de ese pan. Hemos de cuidar, sobre todo, dos experiencias. La primera: alimentarnos del pan de la palabra, es decir, leer el Evangelio: estudiar y meditar con frecuencia el mensaje de Jesús; aplicarlo a nuestra vida; vivirlo a lo largo de nuestra vida. La segunda experiencia, es alimentarnos del pan de la Eucaristía; comulgar sacramentalmente con Jesús, acogerlo en nuestro corazón y en nuestra vida; identificarnos con Él; dejarnos transformar por su Espíritu.

«Una excelente forma de ejercitar del amor de Cristo, es acostumbrarse a tenerlo siempre presente en nosotros» (SVdeP).

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