“La mejor condición es aquella que nos hace más similares a Nuestro Señor, tentado, orante, cansado y sufriente. ¿Tuvo quizás Nuestro Señor una vida fácil? No ha experimentado en cambio todas las dificultades y las tribulaciones de nuestra condición humana?” (SVdeP)
El relato de la multiplicación de los panes está preanunciado en la repartición del pan que hizo Eliseo para la gente, descrito en la Primera Lectura. Cuando se comparte el pan que cada uno tiene, alcanza para todos y nadie se queda sin comer. Este es el marco para entender el gran milagro de la multiplicación de los panes. Lo mismo sucede cuando compartimos la experiencia de fe en comunidad. Cuando tomamos conciencia de que por el Bautismo hemos sido constituidos en un solo cuerpo, entonces sucede en nosotros el milagro del amor oblativo y entregado. Podríamos hacer un buen ejercicio de interpretación numérica valiéndonos de la multiplicación de los panes, aunque no es lo principal ni más importante en el relato. En la tradición judía, existe una lectura numérica llamada “kabalá”, que se hace incluso con la Biblia y que permite dar una interpretación a los relatos que se encuentran en ella.
Los Evangelistas, y de manera especial Juan, destacan mucho, en algunos pasajes, los números, baste recordar los siete signos del Evangelio, el primer signo realizado en el tercer día, las siete Iglesias, los 144,000 salvados, el número 666 de la bestia del Apocalipsis, y muchos otros. Los números están establecidos en este Evangelio para destacar algunos elementos que facilitarían la interpretación y el sentido simbólico del relato: el 7, es la suma de los cinco panes y los dos peces, nos presenta la plenitud como gracia de Dios, revelada en Jesús: el mil multiplicado por cinco, nos simboliza una gran multitud que toca con el universalismo; y los doce cestos que sobran, son el alimento que queda para todo el pueblo de Dios, simbolizado por las doce tribus de Israel o los doce Apóstoles, en este caso el nuevo pueblo de Dios. En los Evangelios sinópticos, los detalles y variantes que tienen se podrían destacar también con el valor simbólico de los números.
En este relato se presenta a Jesús como el gran “taumaturgo” o personaje capaz de hacer un gran milagro, con unas dimensiones casi sobrenaturales y que sólo se comprenderán leyendo todo el discurso del pan de vida que desde el versículo 22 al 59 de este capítulo seis de San Juan, que es la explicación de ese milagro de la multiplicación y el que nos da la clave para entenderlo como signo de salvación. Adicionalmente, tiene también, muchos elementos que nos permiten relacionarlo con la Eucaristía, como celebración comunitaria.
Podríamos hacer también un paralelismo comparativo con la experiencia del Éxodo. Como escenarios, están el mar y el monte; se realiza explícitamente en torno a la Pascua, la fiesta de los judíos; el pan y el maná son complementarios como dones para alimentarse en tiempos difíciles. Y como personajes podemos destacar a Moisés y Jesús, ambos encargados de un pueblo, el uno de las doce tribus y el Otro del nuevo pueblo de Dios.
El relato en definitiva, nos está llamando a la fe que debemos tener en Jesús, que es fuente de vida, que cumple y reconoce la misión mesiánica, pero que rechaza cualquier pretensión de ser ungido como rey político.
“Que al contemplar el rostro de Cristo, en su pasión y su Cruz, reconozcamos también el rostro de tantos hombres y mujeres, indígenas, marginados, pobres, migrantes, enfermos y ancianos, y descubramos el verdadero significado de amar y servir, conforme al Evangelio y al carisma que hemos abrazado.”(SVdeP).







