Le contaron lo que habían hecho
Si en el encuentro con el Señor se llenaron de su palabra, si en la convivencia y el diálogo con el señor descubrieron su vocación, si en la escucha aceptaron la misión que el Señor les encargaba, si a la hora de marchar recibieron la fuerza del Espíritu para que no desmayaran ante las dificultades y fueran fieles a la tarea a ellos confiada, ahora gozosos y felices, vuelven al Señor para compartir con Él sus experiencias vividas y, tal vez, prepararse para una nueva misión. Esta es la verdadera vocación del discípulo de Jesús: permanecer con Él y estar siempre dispuesto a ir donde Él le envíe, aceptar el envío, ser fiel a la misión encomendada, volver al Señor para compartir con Él lo vivido, escucharlo y ponerse siempre en sus manos para seguir aceptando lo que Él quiera de él.
El verdadero discípulo sabe que sólo aceptando ser evangelizado, sabe que sólo cuando su Palabra se haya hecho vida en Él podrá llevar y ser Palabra del Señor para los hombres; sabe que sólo cuando acepte el amor del Señor en su corazón podrá ser portador de amor, testigo del amor recibido. Él sabe que su felicidad será plena en la medida de su fidelidad al Señor, de su fidelidad a lo que el Señor quiere, espera y necesita de él. Él sabe que de su fidelidad depende su gozo y su alegría. ¿Cuántas veces buscamos nosotros tiempos de paz, de tranquilidad, para entrar en un diálogo abierto y sincero con el Señor? ¿Cuántas veces buscamos espacios para dejarnos evangelizar por la Palabra del Señor? ¿Cuántas veces hacemos el silencio dentro de nosotros para escuchar la voz que nos habla? ¿Cuándo robamos un poco de tiempo al tiempo para compartir con el Señor nuestras experiencias de vida? ¿No es cierto que muchas veces tenemos tiempo hasta para aburrirnos y no le regalamos un poco de tiempo al Señor?
Piensa que, porque te ama, también a ti te llama a compartir vida con Él. Piensa que, porque te necesita y confía en ti, te envía para ser su testigo. Piensa que, porque te ama, siempre te seguirá esperando para compartir tu vida y darte nuevas luces y nuevas fuerzas para seguir viviendo tu vocación de enviado y testigo del amor de Dios depositado en tu corazón.







