Vocación sacerdotal

Francisco Javier Fernández ChentoFormación CristianaLeave a Comment

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Autor: José-Román Flecha Andrés .
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En la fiesta de San José se celebra en muchos lugares el Día del Seminario. En este año dedicado a la figura y la misión de los sacerdotes, hay que prestar una cuidadosa atención a la vocación sacerdotal.

Hoy es difícil escuchar la vocación al sacerdocio. Es casi imposible si no se vive una fe sincera en el Dios que llama y dirige nuestra vida. En el Dios que quiere necesitar las manos de hombres creyentes para hacer presente y visible su amor y su bendición.

Muchas vocaciones sacerdotales fueron apoyadas en el pasado por la fe y el ejemplo de los padres cristianos. Pero hoy es difícil que germine la vocación sacerdotal en familias que viven alejadas de Dios y de su iglesia.

Y es también muy difícil valorar el don de la vocación sacerdotal en medio de un mundo secularizado, en el que se desprecia y se ridiculiza la figura y la misión de los sacerdotes.

Sin embargo, en el Evangelio podemos observar que el seguimiento de Jesús no nace de la mera voluntad del hombre. Los discípulos de los rabinos se buscaban un maestro competente y reconocido, cuyas enseñanzas trataban de asimilar. En el caso de los discípulos de Jesús, es el Maestro el que los busca y los llama  (Mc 1, 16-20).

Descubrir que el sacerdocio nace de una llamada de Dios y de su Iglesia es una luz que ilumina el mismo ministerio sacerdotal. El sacerdote no se debe a sí mismo. Responde a una llamada de Dios y se entrega con generosidad y humildad al servicio de los hijos de Dios.

A la hora del Ángelus del domingo 7 de febrero del año 2010, decía el Papa Benedicto XVI : «En ese año sacerdotal roguemos al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies y que cuantos sientan la invitación del Señor a seguirlo, tras el necesario discernimiento, sepan responderle con generosidad,  no confiando en las propias fuerzas, sino abriéndose a la acción de su gracia». Después de esto, el Papa invitaba a todos los sacerdotes a «reavivar su generosa disponibilidad para responder cada día a la llamada del Señor, con la misma humildad de Isaías, de Pedro y de Pablo».

Así pues, los sacerdotes han de aprovechar las oportunidades de gracia que se les ofrecen para redescubrir el verdadero sentido de su vocación y examinar la fidelidad con la que la siguen cada día. Además, han de llamar a otros al Señor como  el Señor los ha llamado a ellos.

¿Y qué responsabilidad le corresponde al pueblo de Dios? Mucha responsabilidad y muy compartida. El Seminario es un signo para toda la comunidad cristiana.

En primer lugar, las familias verdaderamente cristianas, han de redescubrir el don que supone recibir la llamada de Dios en el seno de su hogar.

Las parroquias y los diversos grupos pastorales han de aceptar su papel de mediación para cultivar el ambiente de modo que se pueda escuchar en él esta llamada de Dios.

En otro tiempo, muchas vocaciones sacerdotales comenzaban  a percibirse ya desde la infancia. No hay que negar esa posibilidad. Pero, al mismo tiempo, es preciso ayudar a los jóvenes y a los adultos a preguntarse si Dios no los estará llamando para hacer visible el único sacerdocio de Jesucristo.

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