Vino solidario para Haití

Francisco Javier Fernández ChentoHijas de la CaridadLeave a Comment

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Autor: Fran Sevilla .
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Las instalaciones de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl a las afueras de Puerto Príncipe están muy dañadas. Tanto que las monjas duermen en tiendas de campaña en el patio. Duermen así desde hace una semana, cuando consiguieron las tiendas, antes apenas tenían unos toldos para protegerse. En breve tendrán que irse a otro lugar porque los edificios, incluida la escuela, están muy dañados por el terremoto y hay que tirarlo todo para volver a construirlo.

Sor Natalia es una de las monjas que lleva mucho tiempo en Haití, 19 años, y que desde el primer día, tras el terremoto, se puso a atender a los heridos en el hospital universitario de La Paz en Puerto Príncipe. Junto a Sor Martina y Sor Rosa han trabajado sin descanso aunque ahora, un mes después, disponen de algo más de tiempo y ya no es necesaria su presencia en el hospital, así que se dedican a asistir a los desplazados de los campamentos próximos a su residencia, a lo que queda de ella.

El ambiente es relajado en el ecuador de las tres jornadas de duelo y oración convocadas por el gobierno haitiano coincidiendo con el primer mes desde el terremoto. «Es un importante consuelo para la gente porque no habían podido honrar a sus familiares muertos» asegura Sor Natalia. «Además les permite estar en comunicación con Dios; este es un pueblo muy religioso, no creo que haya ateos, no, no hay ateos aquí» añade Sor Natalia.

Es cierto que los haitianos son muy religiosos y que tienen una forma muy peculiar, muy particular, de celebrar sus ceremonias, en las que hay un evidente sincretismo en el que se entremezclan ritos y formas de las distintas creencias, desde el catolicismo y las distintas corrientes protestantes, al vudú. Visto con los ojos de un europeo, acostumbrado a presenciar ritos religiosos marcados generalmente por la inexpresividad y la repetición monocorde y unísona de unas cuantas frases, siempre las mismas, en aburrida letanía, resulta chocante y cautivadora la forma en la que los haitianos participan en las asambleas religiosas, expresándose no sólo con los palabras sino también con el cuerpo, con la mirada, con los movimientos y giros. Visto por alguien no acostumbrado se diría que la gente entra en trance, se extasía, el alma se evade del cuerpo para una mayor comunicación espiritual. Parece una forma mucho más intensa, desde luego, de vivir y manifestar esa religiosidad.

Sor Natalia insiste en que está bien que así sea, que haya estos días espíritu ecuménico, y que los haitianos puedan volcar sus sentimientos. Tan importante como la ayuda material que precisan es la posibilidad de sacar fuera la tristeza y el dolor, de expresarlo abiertamente. Ambas cosas, lo material y lo anímico, están bajo mínimos en Haití. «Lo más difícil hoy en Haití es estar vivo; los muertos ya están descansando, lo verdaderamente difícil en Haití es vivir«, añade, con un triste destello en la mirada, Sor Natalia.

Y habla ahora de la solidaridad, que ha sido mucha. Ella, y sus hermanas de congregación, van a ser las destinatarias de una de las múltiples iniciativas que se han registrado. En este caso el de una subasta de vino, de botellas especiales, de gente que las guardaba o las coleccionaba con pasión. Una iniciativa que circuló por la red y que logró recaudar una cifra nada desdeñable.

Sor Natalia se muestra encantada y divertida al comentar la iniciativa. «Pero hermana, no se olvide de que ese no es vino para consagrar«, le comento entre risas cuando nos sentamos a charlar a la sombra justo después de que las religiosas asistieran a una misa de campaña, literalmente. Ya me estaba imaginando a un sacerdote consagrando un Vega Sicilia Único o un Artadi Grandes Añadas o un Viña el Pisón; y bueno, que quieren que les diga, que más de uno se metía a cura no precisamente por vocación». «No, no, claro, pero es un vino solidario y de alguna manera también un vino para la eucaristía –explica sor Natalia- porque hay una comunión con la gente que lo ha donado generosamente».

Bueno, la advertencia no era necesaria ya que a sor Natalia y las Hijas de la Caridad va a llegar, obviamente, el dinero recaudado en la subasta, no las botellas especiales que han sido subastadas y que pasan a engrosar las colecciones o a deleitar los paladares de quienes han pujado por ellas y las han adquirido. Esta bien: a Dios lo que es de Dios y a Baco lo que es de Baco. Y a los haitianos, que la solidaridad no se olvide.

Autor: Fran Sevilla, corresponsal de RTVE.
Tomado de su blog.

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