Vida y espiritualidad de san Vicente de Paúl

Francisco Javier Fernández ChentoAsociación Internacional de CaridadesLeave a Comment

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Author: Desconocido · Year of first publication: 2010 · Source: AIC México: Temas de Formación basica para aspirantes.

OBJETIVO: Dar a conocer la Espiritualidad de San Vicente de Paúl


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PRESENTACIÓN: ESPIRITUALIDAD VICENTINA

La espiritualidad es la vida según el espíritu, y la espiritualidad cristiana tiene que venir en concreto del Espíritu Santo, que es su autor. En este sentido San Vicente tiene una interpretación muy sencilla y a la vez muy expresiva: «El Espíritu Santo habita en los cristianos. Y cuando se dice que el Espíritu Santo actúa en ellos, quiere decirse que este Espíritu al habitar en ellos les da las mismas inclinaciones y disposiciones que tenia Jesucristo.» (XI 411)

Según eso la espiritualidad cristiana no es más que la acción del Espíritu Santo en el Espíritu de un cristiano, y como el Espíritu Santo es el Espíritu de Jesucristo, su acción tiene que conformar a ese cristiano con los sentimientos y actitudes fundamentales de Jesucristo.

Podemos decir que la riqueza más grande y específica de la espiritualidad vicentina es la participación del Espíritu de Jesucristo, «me ha enviado a evangelizar a los pobres» (Lc. 4,18) y debe ser considerado como centro de nuestra vida y de nuestras actividades.

Cristo, el pobre y su mutua relación, son la clave de la espiritualidad vicentina. Y dentro de este espíritu entra las virtudes propias, sacadas precisamente del alma de este Cristo evangelizador de los pobres, que, para ustedes, son la caridad, la humildad y la sencillez: la caridad es el amor a la hermana y al pobre, y la humildad y la sencillez son «maneras de ser» de esa caridad o amor.

Las características de la espiritualidad vicentina son la ACCIÓN y la UBICACIÓN. Se trata de una espiritualidad «ubicada», situada en un tiempo y lugar. No se trata de imitar a Jesucristo o a San Vicente en lo que hicieron entonces, sino en lo que harían hoy. San Vicente nos propone que siempre nos preguntemos, ante cualquier situación: ¿Qué haría Jesús en mi lugar?

LA OPCIÓN POR LOS POBRES EN SAN VICENTE DE PAUL Y EN LAS VOLUNTARIAS VICENTINAS

Jesucristo y San Vicente si hicieron esa opción de verdad. El texto bíblico de Luc. 4,18-19 es el que inspira la espiritualidad de San Vicente de Paúl: «El Espíritu del Señor me ha enviado a evangelizar a los pobres». No creo que, después de Cristo, haya habido alguien que haya hecho tan de verdad como Vicente de Paúl, la opción por los pobres: «Los pobres son mi peso y mi dolor», dijo muy expresivamente.

LA POBREZA REAL O SOCIAL de los pobres es lo opuesto a Dios, es lo que hay que eliminar cuanto sea posible. La pobreza real, en un mundo donde los bienes deberían de ser para todos, es un contravalor, signo máximo de los anti-Dios y de la anti-fraternidad. Mientras no se haga un frente común contra ella en todas sus formas, Dios no podrá manifestarse plenamente en este mundo. Y en ese frente común es donde se ubica la principal tarea de la Nueva Evangelización para toda la familia vicentina, porque ese es su carisma en la iglesia y en el mundo.

LA POBREZA DE ESPIRITU, (mejor diríamos la pobreza POR el espíritu), no puede significar que con alguna limosna de cuando en cuando o con una hora de servicio asistencial a la semana, ya tenemos abierta la puerta del cielo.

Jesús habló mucho en contra de las riquezas, no es que odiara a los ricos, simplemente aspiraba al Reino, es decir, a un mundo mejor, más humano, más justo. El no quería que nadie viviera mal, quería que todos vivieran bien. Sin compartir esto no es posible, compartir no solo el tiempo, o los conocimientos, o la capacidad de acompañar, sino también los bienes materiales.

LA POBREZA SOLIDARIA. La pobreza como solidaridad con los pobres. Equivale a sobriedad en gastos y consumos, en función de la penuria de tantos. ¿Tengo derecho a vivir sin escasez cuando existen multitudes cerca o lejos de nosotros que mueren por no tener el mínimo indispensable? Cristo se encarnó hombre, pero hombre pobre: nos dio su riqueza y tomó nuestra pobreza.

La vida de nuestro Santo nos demuestra que el actuó en los tres niveles del itinerario hacia el amor y la justicia. Esto es Evangelizar de palabra y obra, es lo más perfecto, es hacer lo que nuestro Señor practicó. Dos cosas nos dice aquí San Vicente:

1°. Asistirles nosotros y hacer que les asistan los demás.

2°. De todas las maneras: en lo espiritual, en lo material, en lo psicológico, en lo social, en lo local, nacional, internacional, en asistencia, promoción, y justicia…

No hemos tratado exhaustivamente la espiritualidad Vicentina, pero si tocado elementos o dimensiones suyas muy importantes. Sigamos estudiándola y, más que nada poniéndola en práctica. Ser Voluntaria Vicentina es una gran vocación, es una actitud y una práctica para toda la vida. Nuestro fundador nos habla de grandes y santos ideales:

«Mantengámonos firmes en nuestra vocación. Esforcémonos por tener vida interior, en concebir amor y grandes ideales para el servicio de Dios. Hagamos el bien que se nos presente, lo que Dios nos de a conocer que pide de nosotros. Nosotros somos para El y no para nosotros. Si aumenta nuestro trabajo, también aumentara nuestra fuerza» (IX398)

P. Vicente de Dios C.M.

PARA REFLEXIONAR

  • La caridad de Jesucristo: Lucas 4,18-19, Lucas 18-,29
  • La sencillez de Jesucristo: Lucas 2, 6-7, Mateo 8,20
  • La humildad de Jesucristo: Mateo 20,28, Filipenses 2,6

COMPROMISO

Ir desarrollando poco a poco, día con día, el estilo de vida, de SER, que nos identifica con el sello característico que nos define como seguidoras de Jesucristo al estilo de San Vicente y Santa Luisa es el anhelo y el camino para todas nosotras.

Y como San Vicente está hoy realmente entre nosotros y nosotros así lo experimentamos, vamos a terminar escuchando y diciendo en nuestro interior la oración con que él terminó la plática que el 11 de Julio de 1657 les dirigió:

ORACIÓN

«OH Dios, te damos gracias por esta reunión. Acepta con agrado este nuevo ofrecimiento que vamos a hacerte. Entregándonos a tu divina majestad con todo nuestro corazón, para recibir de tu bondad infinita el espíritu de caridad.

Concédenos la gracia de responder con ese espíritu a los designios que tienes sobre cada una de nosotras en particular, y sobre la Asociación en general, y de suscitar por todas partes ese espíritu de fervor por la caridad de Jesucristo. A fin de merecer que derrame abundantemente en nosotras y que haciendo producir efectos en este mundo, nos haga agradables a su Divino Padre eternamente en el otro» AMEN.

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