Vida de la Asociación de la Medalla Milagrosa

Francisco Javier Fernández ChentoAsociación de la Medalla Milagrosa, Virgen MaríaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Miguel Pérez Flores, C.M. · Año publicación original: 2001 · Fuente: Revista Virgen Milagrosa.
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La formación

Apuntalando el edificio de la Asociación en los primeros cuatro capítulos de los Estatutos, pasan a exponer los elementos necesarios para que dentro del edificio haya vida, la vida propia de la Asocia­ción. El capítulo quinto aborda los aspectos vitales, como son el de la formación, el de la vida espiritual y el del compromiso apostólico de sus miembros.

Hoy voy a ofrecer algunas reflexiones sobre la formación a la luz del capítulo quinto, artículo 14, de los Estatutos.

Los miembros de la Asociación, como cristianos, deben dar razón de su fe. Es evidente que el cristiano es consciente de los profundos y rápidos cambios que se están dando en todos los sectores de la vida. No pueden ser meros espectadores de lo que acontece, sino contribuir acti­vamente en la instauración del Reino de Dios.

Causa admiración la confianza que la Iglesia ha puesto en la vida y en el actuar de todo cristiano considerado, bien como persona particular o asociada y la impor­tancia que da a la formación de los mis­mos. Entre las muchas recomendaciones que da la Iglesia, recojo una, hecha ley universal en el canon 229: Para que pue­dan vivir según la doctrina cristiana, pro­clamarla, defenderla cuando sea necesa­rio y ejercer la parte que le corresponde en el apostolado, los laicos tienen el de­ber y el derecho de adquirir conocimien­tos de esa doctrina, de acuerdo con la ca­pacidad y condición de cada uno.

No se trata de que los miembros de la Asociación sean especialistas, pero sí sufi­cientemente ilustrados de lo que evange­lio enseña y de lo que enseña el magiste­rio de la Iglesia, para no caer en la igno­rancia, ni en la confusión y saber distin­guir entre el trigo y la cizaña, de lo que es pura información, de lo que es infor­mación tendenciosa y no dejarnos em­baucar por los medios de comunicación social o por revistas y libros tendenciosos. Si, como dije antes, los cambios rápidos y profundos exigen la formación básica y continua o permanente, para el cristiano o miembro de la Asociación la formación es necesaria para ser coherentes y fieles a lo que, como cristianos y miembros de la Iglesia creemos, profesamos y vivimos.

La formación es un gran medio para afrontar al misterio de iniquidad que de mil maneras intenta apoderarse, de las personas y de las Instituciones, de tal ma­nera que venza la injusticia, la increencia y la fobia contra la Iglesia y sus ministros.

La Iglesia, como la fe cristiana, no está fuera de la crítica, pero es necesario que esta sea razonable y se haga desde el amor.

Siguiendo la exhortación del Santo Pa­dre, la formación de los fieles laicos de­ben armonizar los siguientes sectores:

  • La formación doctrinal. Todo cristia­no debe hacer crecer su vida de fe y saber situarse ante los acontecimien­tos, preguntas, interrogaciones que surgen cada día, Este requiere, no só­lo estar al tanto de lo que se dice y sucede, sino también la actualización de la formación para discernir lo que se dice, se ve, o se escribe.
  • La formación doctrinal social de la Iglesia. Esta formación es necesaria para todo cristiano que debe dar tes­timonio en el mundo. No puede prac­ticarse la caridad sin practicar las exi­gencias de la justicia. No puede ha­ber paz y convivencia humana si no se da a cada uno sus derechos y se le trata como exige su dignidad de hombre creado a semejanza de Dios.
  • Para que los laicos puedan realizar activamente el propósito de hacer re­conocer y estimar los valores huma­nos, no bastan las exhortaciones, sino que es necesario ofrecerles la debida formación de la conciencia social, es­pecialmente en la doctrina social de la Iglesia, la cual contiene principios de reflexión, criterios de juicio y di­rectrices prácticas.
  • El tercer campo de la formación con­cierne a los valores humanos, necesa­rios para la convivencia y para cum­plir con los fines de su trabajo y pro­fesión por muy humilde que esta sea. En el Vaticano II, en el decreto sobre la Actividad apostólica se afirma: Los laicos tengan también en cuenta la competencia profesional, el sentido de la familia, el sentido del compor­tamiento cívico y todas aquellas vir­tudes relativas a las relaciones socia­les, es decir, la probidad, la cortesía, la sinceridad, la fortaleza de ánimo, sin las cuales la vida humana sería pobre y ciertamente no habría vida cristiana.

La Asociación de la Medalla Milagrosa dispone de algunos medios que bien uti­lizados contribuyen a la formación y a imitar a Cristo. Los Estatutos, en el artícu­lo 14, indican algunos:

  • La lectura de la Palabra de Dios. La Catequesis de adultos, teniendo siempre presente las directrices del magisterio de la Iglesia.
  • La lectura del Boletín de la Asocia­ción cuando trata temas de interés humano, cristiano, eclesial, mariano, social y vicenciano.
  • Asistir a los encuentros programados, donde se puede captar las preocupaciones de los asociados.

Sin embargo el compromiso personal en la formación es imprescindible. De nada servirían los medios si la persona no tu­viera ilusión y hambre de aprender. El que ansía saber, se aprovecha de los me­dios que tiene o busca otros. Para for­marse es necesario antes, hacer nacer en uno mismo la ilusión de saber y ser per­sona cristiana siempre dispuesta a dar ra­zón de lo que cree y vive.

Lee, reflexiona y comparte

  • ¿Eres consciente de que la Forma­ción de adultos es «nuestra asigna­tura pendiente»?
  • ¿Sabes dar razón de lo que crees y vives?
  • ¿Te aprovechas de los medios que la Asociación de la Medalla Milagrosa te ofrece para formarte: Lectura de la Palabra de Dios, Catequesis, Boletín y los Encuentros de formación programados? (Est. 14.1)
  • ¿Te esfuerzas por estar al día en te­mas marianos?

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