La vida de una comunidad se puede analizar desde múltiples aspectos. Normalmente la documentación es abundante y sus responsables han procurado ponerla a salvo en momentos cruciales para la comunidad.
Con todo, no siempre ha sido posible y, por una u otra razón, se han producido desapariciones, en muchos casos irreparables. Aunque la Congregación nunca ha sido en España muy significativa (salvo sea el periodo de los años 50 y 60 del siglo XX, debido a la incidencia de la Hermandad Misionera) no por ello ha dejado de documentar gran parte de sus trabajos. Tanto a nivel externo (Anales) como interno (Libros de Cuentas, Libros de Misas, Libros de Ministerios, Libros de Misiones y Libros de Ordenanzas).
De sus páginas rezuma no sólo un trabajo sino una vida. Una vida tan compleja como la de cualquier grupo de personas con motivaciones similares y con un estilo bien regulado. Cuando en nuestros días hablamos de calidad, señalamos (entre otras cosas) la necesidad de realizar “auditorías” (internas y externas). San Vicente quiso para la CM (y para todas sus obras) la máxima calidad y, para ello, obligó a que cada cierto tiempo se “revisase” la vida de cada comunidad tanto a nivel interno (exámenes de conciencia diarios, ejercicios espirituales anuales) como a nivel externo (visitas de quienes tenían el “oficio” de la autoridad cada tres o cuatro años).
De esta documentación (“Ordenanzas”) podemos extraer las fortalezas, debilidades y sugerencias u órdenes para mejorar: “hemos juzgado a bien el dejaros las siguientes Ordenanzas, que servirán para prevenir algunos defectos a que nuestra naturaleza inclina”[1]. En definitiva, bastantes rasgos de su vida cotidiana. La mayoría de ellas se realizan “para la gloria de Dios, para la común edificación de la familia y también para la perfección de cada uno de sus miembros”[2]. Su importancia es grande por cuanto incidían en aspectos concretos y diarios de la vida de la comunidad. Por ello, debían leerse con determinada frecuencia: “Estas Ordenanzas leerá el superior, o las hará leer a la familia después del Capítulo del primer viernes de cada mes, y la amonestará de las faltas que se hagan contra ellas, y algunas de ellas tomará por materia de las conferencias espirituales de la familia”[3].
1.- Los libros de Ordenanzas o Visitas
Son libros manuscritos realizados por los delegados del Superior General o Visitadores al finalizar su visita “por oficio” a cada una de las casas y comunidades. Contienen los “avisos” que se dejan a la comunidad en función de sus obligaciones y de la organización interna. Son sumamente interesantes por cuanto nos muestran el estado de la comunidad en cada momento.
Hemos consultado los correspondientes a Ávila, Ayamonte, Badajoz, Barakaldo, Barcelona, Ervedelo, Gijón, Granada, Iglesuela, La Laguna, La Orotava, Las Palmas, Los Milagros, Madrid, Murguía, Málaga, Pamplona, Palma de Mallorca, Santa Cruz de Tenerife, Tardajos, Teruel, Villafranca del Bierzo y Zaragoza[4].
Respecto a Barcelona diremos que se conservan dos volúmenes: uno en el Archivo Provincial de Madrid (Carpeta Barcelona) y otro en la Biblioteca de la Universidad de Barcelona. Bastantes de dichas Ordenanzas fueron trascritas por el P. Benito Paradela en “Colección de Documentos para la Historia de la C.M. en España”, Madrid, 1931 y “Los Visitadores de la Congregación de la Misión”, 1928. Nos basaremos en estas trascripciones para nuestro trabajo que hemos delimitado a los años previos a la configuración de la Provincia de España. Elegir Barcelona no es capricho. En varias de las Ordenanzas se indica que, por ser la primera, debe ser ejemplo para todas las demás. Así, por ejemplo, “siendo esta casa como la madre de las otras, porque aquí se reciben y se crían los sujetos, y siendo aun como la fuente que se derrama para fertilizar a las otras casas del reino que, gracias a Dios, se van aumentando, os debéis considerar más obligados a llenaros del espíritu propio de la Congregación, y a tener lejos cualquiera relajación que, introducida en esta casa, se haría luego común a las demás…”[5]. Otra muy significativa: “Rogando a los más ancianos que den buen ejemplo por hallarse en esta casa en donde se reciben los postulantes y se crían los seminaristas”[6].
Hemos recogido las siguientes: 1722: 1 de mayo (Juan Bonnet)[7]; 1724: 23 de octubre (Bernardo de la Torre)[8]; 1732: 17 de mayo (Guillermo de Viellescases)[9]; 1736: 16 de junio (Bernardo de la Torre)[10]; 1747: 14 de agosto (Edmundo Perriquet)[11]; 1752: 22 de enero (Juan José Testori)[12]; 1757: 19 de agosto (Juan José Testori)[13]; 1762: 20 de agosto (Juan Chaume)[14] y 1769: 9 de septiembre (Vicente Ferrer)[15].
2.- Vida cotidiana de la casa de Barcelona a través de sus Ordenanzas.
Como pórtico de esta exposición diremos que la casa de Barcelona “imita en el régimen interno las costumbres que regían en San Lázaro en París”[16] y no debía ir mal cuando en las Cartas del Superior General se afirma que “la comunidad de Barcelona, bajo la dirección del Sr. Salvador Barrera, marcha bien” (1 de mayo de 1719); “Nuestra casa de Barcelona está en el mismo estado que el año anterior: pobre, pero fervorosa y entregada por entero al cumplimiento de sus deberes” (1 de enero de 1723)[17].
Las posibilidades de análisis de cada una de las Ordenanzas son múltiples: por fechas, por visitadores, por destinatarios… Hemos optado por el agrupamiento temático y diacrónico. Ello nos ha obligado a vaciar con detenimiento cada una de los puntos tratados y agruparlos por temas, prescindiendo (aunque con las correspondientes anotaciones a pie de página) de la cronología.
A fin de facilitar su lectura, presentamos los temas por orden alfabético siendo conscientes de la posibilidad de agruparlos de otras maneras.
1) ACTOS DE PIEDAD
Muestran las Ordenanzas un amplio abanico de sugerencias que, con matices, vienen a remediar aquello que o no funciona o debe hacerse mejor. Destacan los referentes a la Confesión (“se confesarán a lo menos una vez en la semana con los confesores señalados por el Visitador”)[18], Corrección fraterna (“Avisar a los otros, sin respetos humanos … sin manifestar el menor desabrimiento, ni tocar defectos interiores, ni– a aquellos que causarían risa o son gravemente notables, los cuales basta referir en particular al Superior, pero fuera de tiempo no deben darse avisos)[19], Eucaristía (“Celebrará la Eucaristía cada uno precisamente a la hora señalada, y los unos a los otros se la servirán mutuamente. No se da jamás este oficio a los Estudiantes)[20], Limosna (“Se procurará alargar la limosna según la posibilidad de la casa”)[21], Meditación (“Os ejercitéis en la meditación, dándola no sólo el tiempo competente, sino haciéndola como se debe)[22]; “Todos harán lo posible de no perder ni un momento del preciosísimo tiempo de la oración…, y se aplicarán a excitar la voluntad al amor de la virtud o al aborrecimiento del vicio, sacando resoluciones prácticas de ejecutarse en el mismo día”[23]; “Todos los días, aun de descanso, debemos hacer una hora entera de oración”)[24], Mortificación (“Todos se abstendrán de todo lo que puede ser nocivo a su salud, y aun de mortificaciones extraordinarias poco convenientes a nuestro continuo trabajo apostólico, y en lugar de demasiados remedios, que algunos toman muy frecuentemente sin gran necesidad, guardarán un buen régimen de vida, huyendo todo exceso en la aplicación, no exponiéndose al rigor de las estaciones, usando por ejemplo el fuego en el invierno, si ocurre necesidad, mudándose cuando estén sudados, teniendo siempre bien limpio su cuerpo, ropa y aposento, y observando exactamente el orden del día, sea en velar, dormir o en recrearse”)[25], Lectura espiritual (“a lo menos media hora”), Conferencias espirituales ( “con el debido modo, para que salgan fructuosas)[26], Prudencia (“Evitar el ocio, la muy grande comunicación con los externos y la imprudencia en el hablar de cosas que tocan a otras Comunidades, o al gobierno sea eclesiástico o político”)[27] y Silencio: (“Se guardará siempre con mayor rigor el silencio en la sacristía. Se guardará asimismo en toda la casa; pero más aun que en otro lugar, en la portería y en el claustro a ella anejo”[28].
2) AMISTADES
Varias son las consideraciones que se hacen respecto a este tema. Para lograrlo (por cuanto seguramente había algún exceso) se citan las siguientes: “Cuidar las amistades o aversiones particulares”[29], “No comunicarse (referido a quienes iban a la casa de descanso conocida con el nombre de La Torre) con la gente de casa, y mucho menos con las mujeres; se les hará habitación separada de la nuestra, o se dispondrá de manera que ellos no puedan entrar por la parte interior de la casa en la habitación nuestra, ni nosotros tengamos necesidad de entrar por la puerta principal. En misión se procurará tener cerrada la puerta de nuestra habitación”[30] y, por último, “Que no se pida, y menos se conceda, el hacer visitas a mujeres, si no en caso de grave necesidad o enfermedad u otros semejantes motivos graves, y entonces se debe ir con gran cautela; se asignará un compañero de confianza, jamás dejará solo el uno al otro ni se perderán de vista; y en caso de haber de confesar a una enferma, será con la puerta abierta y el compañero no muy apartado y puesto en parte pública”[31]. Por lo leído, el detalle de la Ordenanza última es lo suficientemente claro y detallado.
3) CONFESIONES A SEGLARES
Tres Ordenanzas hacen referencia a los destinatarios. Las dos primeras son generales (seglares) “Mandamos al portero, al sacristán y a todos los otros de Casa de no avisar alguno de nuestros sacerdotes para oir en esta Casa las confesiones de los seglares”[32] , “Para quitar tal deformidad (uso indiferente de las confesiones a los seglares) ordenamos expresamente que de ahora en adelante no sea lícito a alguno el oír las confesiones de las susodichas personas, las cuales cuando quieran ser oídas en confesión de los nuestros, deberán contentarse de valerse de aquellos que serán para eso destinados o bien confesarse en otra parte[33] y la tercera cita expresamente a las mujeres “Prohibimos confesar a personas de otro sexo de esta ciudad y que por ningún pretexto pasen las noches en casa de ellas para asistirlas en su muerte y si el caso absolutamente lo pide, darles un compañero que nunca los deje[34]. Un último detalle “Ninguno de los nuestros administrará el sacramento de la penitencia sin sobrepelliz”[35].
4) EDIFICIO
No hay muchas referencias pero, alguna de ellas, es harto significativa: “Sería mucho para desear que se perfeccionase el edificio de la casa. Mas como al día de hoy no haya medios suficientes, debiéndose reservar, a lo menos, dos mil libras por las necesidades que pueden acaecer, todo el otro dinero que ahora se tiene y en adelante se tendrá, se emplee sin tardanza en esta construcción, comenzando desde el atrio de la casa y continuando el edificio comenzado hasta al cabo donde se debe terminar, según el diseño o planterreno que dejamos aprobado y firmado. Después habiendo dinero, se haga el nuevo refectorio, con la cocina, sirviendo en el ínterin o entretanto las piezas más acomodadas a este uso; y por sacristía se podrán servir de aquella sala por la cual a la izquierda se entra a la iglesia”[36]. Junto a esta, de objetivo general, hay algunas otras más detalladas referentes a la Iglesia (“Haciendo resplandecer en las alhajas sagradas la policía, de los altares, de la iglesia y de todo lo que pertenece al culto de Dios, que es el espíritu tan propio de nuestro Instituto”[37]; “Todos cuidarán mucho de tener limpios los altares, la iglesia y todo lo que sirve al Sagrado Ministerio, mudándolo según manda la regla del Prefecto de la iglesia”[38]), el refectorio (“Tratar con honor, así en los aposentos como en el refectorio, a los que vienen a hacer los ejercicios espirituales; darles sábanas limpias de colada”[39]) como el Archivo (“El Archivo debe estar cerrado con dos llaves, de las cuales él tenga una y otra el Superior)[40].
5) ENFERMOS
Un tema que se repite y que tiene unas cuantas Ordenanzas. Sorprende que, a pesar de todo, en 1762, se diga “Siento un vivo dolor observando que toda esta vuestra ciudad nos acusa de no tener la conveniente caridad con nuestros enfermos, y oyendo sus quejas que nos han sido sugeridas sobre esta materia, que se verifican bastantemente con el número que de ellos se hallan en casa de sus parientes”[41]. Si a los enfermos “se advierte de sufrir en santa paciencia, si en algún caso o por inadvertencia o por mera impotencia les viniese a faltar alguna cosa, debiendo practicar en tal ocasión la virtud, la cual in infirmitate perficitur”[42] o “Exhortamos a los enfermos a dar pruebas de su religión y de su paciencia; a no murmurar ni jamás quejarse con los externos”[43] al resto de la comunidad se le indica que debe tener un “cuidado solícito y amoroso de los enfermos que deben ser asistidos, aliviados y proveídos con toda caridad de todo lo necesario, aun cuando hubiésemos de adeudarnos o vender los vasos sagrados”[44]. Esta exhortación se repite años más tarde “el Prefecto y enfermero velarán que no falte nada a nuestros enfermos, procurarán todos los alivios espirituales y corporales y los visitarán con frecuencia”[45]. No sólo eso sino que se exhorta “a todos y a cada uno en particular a visitar los enfermos algunas veces, sea en los hospitales, o en sus pobres casillas y recomendamos al Superior y al Asistente de no negar a ninguno la licencia para visitar de tiempo en tiempo dichos pobres enfermos, y aliviarles[46]. Terminamos con un curioso detalle que, sin duda, refleja alguna práctica: “supuesto que so pretexto de visitar los pobres, no se tomen otras libertades menos convenientes a nuestro estado”[47].
6) FORMACIÓN
La preocupación por la formación se refleja en varas Ordenanzas que afectan tanto a los candidatos como a los ya ordenados. Por ello se indica, como principio, que cada uno debe “irse siempre más habilitando con el estudio, cada cual según su propio talento, para las sólitas funciones del Instituto”[48].En este sentido es significativa la reflejada en 1747 que dice “Los jóvenes sean plena y perfectamente enseñados de todas las cosas que pertenecen al culto divino, para que ellos en algún tiempo puedan instruir a los clérigos y seglares y servirles de ejemplo. Por tanto, nos ha parecido muy del caso que a más de los ejercicios privados con que son instruidos en el canto gregoriano y en las ceremonias, no sólo se cante la misa solemne en todos los días de fiesta y domingos, sino también las vísperas, no en la tribuna y sin sobrepellices como se ha hecho hasta ahora, sino en el coro. Ninguno se proponga para ser recibido en esta casa, sino después de una diligente información de la vocación, costumbres, ingenio, capacidad, natural y forma, etc. El mismo Director del Seminario cuidará que los seminaristas se apliquen a la lección y estudio del Nuevo Testamento y del Catecismo romano. No serán aplicados a otro algún estudio los seminaristas en los dos años”[49].
A los propios Estudiantes se les dice que deben “desterrar de sus recreaciones el aire taciturno y melancólico, a alegrarse en el Señor. Les prohibimos en sus recreaciones mayores de campaña el separarse sobrado los unos de los otros”[50] y se les recomienda “juntar en uno estas tres cosas: espíritu, ciencia y salud”[51]. Por si fuere poco, se remata “(les) encargamos la claridad con sus Directores y la virtuosa y ciega obediencia, de cuya falta suelen nacer sus desmedros y desamparos”[52].
No basta, sin embargo, la formación inicial sino que se afirma que “Todos los Clérigos y nuevos Sacerdotes se ejercitarán a aprender bien el Canto Gregoriano, y no menos las Sagradas Ceremonias, Ritos, y Rúbricas del Misal, Breviario, Ritual y Pontifical, para estar prontos a enseñarlas y a soltar las dificultades, que les sean propuestas”[53]. En esta misma línea se doce que “Procurará cada uno hacer provisión de ciencia y doctrina, para hacer dignamente y con frutó las conferencias a los señores Eclesiásticos y para enseñar la Teología, y el modo de ejercitar todos las funciones eclesiásticas a los Seminaristas”[54].
7) HERMANOS COADJUTORES
Es el apartado que más incidencias muestra. Posiblemente derivado del origen rural y poco formado de los mismos. Sabemos, por otra parte, que el nivel de Hermanos que abandonan o son expulsados de la Congregación es mayor que el de clérigos o sacerdotes. De momento se recuerda a los sacerdotes que “a los Hermanos Coadjutores no les tenemos como simples domésticos o servidores o pajes”[55] y que “cobren a los Hermanos verdadero amor y santa caridad”[56]. Eso no obstante, a los Hermanos se les recomienda “el debido respeto a los sacerdotes y la exacta dependencia a los oficiales[57]” y que “sirvan a los sacerdotes en todos los oficios de su estado con humildad y amor y tengan gran cuidado de la limpieza de la casa”[58].
La relación de recomendaciones es sumamente amplia: “silencio por la casa[59] y, sobre todo, en la sacristía[60]; limpieza de las oficinas, corredores, escaleras y huertos[61]; limpieza de los aposentos de los Ordenandos y Ejercitantes que deben de ser decentemente provistos de cama y alhajas[62]; la puntualidad en los oficios[63]; huir el ocio[64]; estrecha unión con Dios[65]; hacer lavar y remendar los vestidos que deben servir en caso de necesidad antes de darles, principalmente si los ha usado algún enfermo o están manchados de sudor[66]; no entretenerse jamás con los externos sin licencia, y nunca hablarán con ellos de nuevas del siglo[67]; no tratar jamás familiarmente con mujeres[68]; no comer ni beber jamás fuera de tiempo sin licencia, aguando siempre el vino[69]; procurar servir la santa misa con vestido decente y con la capa; pero jamás con aquel vestido de tela que usan para trabajar, con el cual no sólo ni en la iglesia, mas ni aún en el oratorio y refectorio, u otros lugares públicos en que se halla la comunidad, deben parecer[70]; aplicarse al trabajo acostumbrado después de haber oído misa y empleado un cuarto de hora en dar gracias por la sagrada comunión[71]; no fomentar jamás entre sí, ni amistades particulares, ni aversiones[72] sino tener más caridad los unos con los otros, ayudarse gustosamente en sus oficios y soportarse mutuamente[73]; santificar sus recreaciones de la noche con discursos de piedad, sin tratar jamás de lo que mira a comer y beber, y sobre todo no hablar de lo que pertenece a la administración de la casa[74]; jamás hablen con mujer alguna si no en caso de indispensable necesidad, y entonces sea en parte pública o delante de otro misionero[75]; velen para que no se les escape alguna palabra dura u ofensiva”[76].
8) MISIONES
Sabemos por otras fuentes que el Reglamento de las Misiones era una de las piezas clave en este ministerio fundamental de los misioneros. Muchas de las Ordenanzas no son sino repeticiones de lo contenido en el citado reglamento que, por lo visto, no era cumplido con el “rigor” que deseaban quienes realizaban las visitas “por oficio”. Parece fundamental la que dice que “Nunca se excusará nadie de hacerlas bajo pretextos vanos[77]”.
A partir de aquí el número de recomendaciones es amplio y abarca múltiples aspectos relacionados con este ministerio. Antes de la misión: “entera sumisión al director de ellas[78]; cuanto a los viajes que por lo más se hacen por ocasión de las misiones, será igualmente de la obligación de cada uno el ser bien circunspecto, particularmente en las coyunturas de los alojamientos que será siempre bien de no aceptar en las casas de los particulares, por más que nos sean ofrecidos con grande instancia; mas tomarles en los públicos mesones[79]; observar fielmente el reglamento en la distribución de los tiempos y de los empleos, en el andar y volver a la iglesia y a casa a horas señaladas y juntos[80]; no ir jamás ninguno solo por el país[81]. En la misión: “no admitir mujeres en casa, ni aun en el umbral, pórtico o zaguán de ella[82]; no oír confesiones en días de recreación[83] ni admitir con facilidad externos[84]; no hablar de los vicios o defectos que se hallan en el país, mucho menos de los sacerdotes, ni de las cosas oídas en confesión[85]; practicar la disposición acerca del uso de la campanilla, por el señal final de la prédica que en los días de trabajo no debe pasar de los tres cuartos, y los de fiesta la hora entera; por esto ordenamos al Director de llevar siempre a las misiones dos relojes de arena de justa e igual medida, uno para el predicador y otro para el que cuidará de tener la campanilla[86]; cada uno en la iglesia tendrá su confesionario cómodo y de su medida, y en casa su silla, y si se puede su cama particular[87]; el Hermano cuide mucho de dar en la comida, lo que la Regla permite, bien guisado; no olvidándose de tener calientes las camisas de los predicadores, para cuando salgan sudados del púlpito[88]; sean todos uniformes en el modo de hacer los sermones, las pláticas, y particularmente la doctrina, que debe hacerse con claridad, amenidad y brevedad[89]; uniformidad en dar la bendición al pueblo, que debe darse con la mano y no con el Santo Cristo[90]; exhortar a hacer confesiones generales y oirlas con paciencia; prohibimos aceptar limosnas de misas; prohibimos el confesar sin roquete; ceñirse escrupulosamente al reglamento[91]; que no se nos escape ni en el púlpito ni en el confesonario palabra alguna grosera o menos pura o que tenga el menor resabio de ternura”[92]. “Asimismo en las misiones, en tiempo de cuaresma o en otros días de ayuno, no se dé por colación con la fruta otro plato de hierbas cocidas”[93].
9) OFICIOS
Antes de entrar en los diversos “oficios” y sus responsabilidades señalaremos algunas cuestiones generales. “El buen orden de la familia o Comunidad pide que en ella cada uno ejercite su oficio. Por esto el asistente, el procurador los otros oficiales de esta casa procurarán cumplir con su obligación, según la disposición de sus reglas, y velará el superior en que el uno no se meta en el oficio del otro”[94], “que cada uno cumpla con exactitud su oficio y vivir en soledad interior”[95].
Entre los diversos oficios se señalan: El superior: “como buen padre de familias debe providenciar que nada de lo necesario falte a los súbditos, singularmente enfermos. No niegue el tocino que se suele comer. Dése pan más tierno. La fruta, verduras, pescado y otros alimentos no se compren los más baratos ni los más caros, sino los de mediano y honesto precio. En cuanto a camisas, pañuelos, toallas y demás ropa de lino, como y otra de vestir, se hagan de tela o paño semejante a las cualidades que por ejemplar hemos señalado[96]”; “cada semana, una vez o dos, y siempre que sea menester, congregará y oirá a sus consultores acerca de las cosas así espirituales como temporales de esta casa. No emprenderá ni mudará cosa de algún momento sin haberla antes propuesto a la deliberación común, guardándose de manifestar alguna inclinación más en una parte que en otra, para no oponerse a la libertad de los votos”[97]; “hacer dar cada ocho días purificadores limpios a nuestros señores Sacerdotes y a los Sacerdotes externos que celebran habitualmente en nuestra iglesia, y hacer mudar a lo menos de tres en tres semanas los amitos”[98]; “no comprar sino tela fina para los purificadores, corporales y amitos, y de hacerlos hacer, así como también las albas, de lo largo prescrito por las rúbricas”[99]; “velar porque la juventud sea instruida de todo lo que es necesario para el desempeño de nuestras funciones, sin emplearla en los santos ministerios, hasta estar bien seguro que los podrá desempeñar dignamente”[100]; “no conceder licencias para comprarse con su dinero aquello que podemos necesitar; mas antes proveer a las necesidades que pueden ocurrir”[101]; “hacer pasar en el invierno a los aposentos que están a mediodía los enfermos que habitan y duermen a la otra parte. Que las disposiciones de los médicos sean fiel y exactamente cumplidas. Visitar frecuentemente a nuestros enfermos. Velar sobre la salud de los jóvenes, para que no la pierdan por exceso en el trabajo, mortificaciones y retiro”[102]; “mudar a los Hermanos alguna vez de oficio y exonerarles de él”[103].
El Procurador “andará de cuando en cuando a visitar los huertos, la viña y las posesiones, y velará que a su tiempo se hagan las provisiones de trigo, vino, leña, legumbres y otras cosas necesarias”[104]; es el encargado de “proveer de Santo Cristo y Reglas cuando hacen los votos, ropa interior bastante para el invierno, gorra de lana para dormir, cortaplumas…sin que a ningún particular por ningún pretexto se le permita comprar con su dinero ropa mejor o más acomodada, ni otra cosa alguna”[105]. El Prefecto de la Sacristía se encarga de que “el vino para las misas sea bueno y no de inferior calidad al que se sirve en la mesa; los ornamentos sagrados y demás ropa, si no rica, a lo menos muy decente y limpia; no de materia basta, ni muy remendada”; igualmente de que “a lo menos una vez por semana, hará reconocer los corporales, purificadores y amitos, y lo demás con frecuencia, para que se mude todo aquello que no tenga la decencia, especial limpieza y aseo que profesamos; cuidará que la ropa de la sacristía, por mayor reverencia, se lave y no se ponga en la colada común”[106].
El Director de las Misiones “debe velar en que se observe fielmente el reglamento; que en la doctrina no se digan truhanerías (bufonadas, patrañas) para hacer reír y no permitirá que, dada la hora, se quede alguno en la iglesia confesando, ni solo ni con compañero. Y para que los jóvenes más fácilmente y sin cansarse puedan prepararse, y mejor y con más fruto desempeñar las funciones, se les darán para copiar y aprender aquellas más metódicas, fáciles, claras, prácticas y sólidas a juicio del Superior, y ellos no se cansarán en componer cosa de substancia hasta que tengan experiencia de las mismas funciones”[107]. Se recomienda a los Directores de Ejercicios “que se empleen con todo el celo a esta función, guardándose de hablar con los ejercitantes de cosas impertinentes”[108].
Se ruega al señor Prefecto de Estudios “de aplicarse atentamente a que dicha juventud sea reglada en sus estudios”[109]; el que toca la campana “cuidará de ser muy exacto en tañerla a su tiempo, en el preciso momento que el reloj acabará de tocar y todos obedecerán puntualmente al primer toque de la campana, como a la voz de Dios, dejando aun la letra comenzada”[110]. Para que los sacerdotes puedan dar al estudio aquel tiempo que les sobra de los empleos comunes y particulares, hemos resuelto de “vestir un sexto Hermano, a fin que uno de ellos sea siempre aplicado al oficio de sacristán, bajo la dirección de aquel sacerdote que sea nombrado prefecto de la iglesia”[111].
10) VIDA EN COMÚN
El principio vital es la caridad por lo que recomienda con suma viveza “cuidar la vida de caridad, paz y unión”[112] guardándose “no sólo de censurar o criticar, más aun de dar quejas o tener tratados, aunque secretos, sobre las órdenes y modo de gobierno de los mismos superiores”[113]. Para lograr esto “cada uno evitará todo género de conventículo sea en tiempo de silencio, sea en tiempo de recreación; y si alguno entiende que otros de la Congregación tienen pláticas y discursos contra los Superiores o contra los sujetos, o contra las Reglas y pragmáticas de la Congregación, o tengan particulares amistades o aversiones entre sí, dará de ello puntual aviso al Superior”[114]. En definitiva “que no haya chismes, ni discusiones” entre los misioneros[115]
Resumimos una breve serie de ordenanzas de muy diversa índole sobre la vida de la comunidad: “sería conveniente que cada uno de los sujetos tuviese una llave común, no para abrir los aposentos de los particulares, sino para entrar a la iglesia, sacristía, refectorio, huertos, jardín y salas comunes: Más la llave de la cocina, despensa y cueva debe ser particular, pero duplicada, para que la una esté en poder del Superior y la otra del oficial u oficiales de dichas oficinas, y aún es necesario, por el buen orden de la Casa”[116]; “no deben los inferiores salir al huerto sin licencia del superior; mas el superior, como buen padre de sus inferiores, debe concederla sin duda a cualquiera que la quiera con razón o necesidad, y que paseará en silencio, y con observar todas las buenas conveniencias”[117]; “cuanto a la ciudad es menester parecer en ella [lo] menos nos que sea posible y sólo cuanto es necesaria por las necesidades de la Casa o de los enfermos de los cuales somos tal vez llamados. Hemos observado que no pocos han frecuentemente pedido el salir por motivos que no nos parecieron a nosotros de mucha urgencia”[118]; “todos tendrán gran cuidado de instruir en todas las ocasiones, sea de viaje, o de paseo a los muchachos e ignorantes”[119]; “en tiempo de invierno se termine la siesta medió hora antes de Vísperas”[120]. Por último, “no se venderá en nuestras Torres [casas de campo] vino al por menor. Por ningún pretexto asistamos a los testamentos que hacen los enfermos y nos excusaremos siempre que fuéremos para ello llamados[121].
Conclusión
Las “Ordenanzas” que dejan manuscritas quienes realizan la sistemática visita “por oficio” a una Comunidad“ tienen una función profiláctica: “prevenir algunos defectos a que nuestra naturaleza inclina”. Estas Ordenanzas están recogidas en el correspondiente Libro.
Los encabezados de cada párrafo suelen señalar “puntos fuertes” de la vida y del actuar de la comunidad para, a continuación, incidir en las “debilidades” que muestra y, finalizar con una propuesta de medidas a adoptar. Estas medidas suelen tener diversidad de grados: “se recomienda”, “se sugiere”… “se manda”.
En la amplia gama de “ordenanzas” se tocan no sólo aspectos básicos de la comunidad sino también las diversas obras. Se refieren no sólo a la Comunidad “en general” sino a los diversos “responsables” sean estos el Superior o el último de los Novicios. Se “ordenan” actuaciones no sólo “generales” sino de “detalles” que, a simple vista, nos parecen, desde la perspectiva actual, sumamente nimios.
La utilidad de estas Ordenanzas fue grande sobre todo para lograr la tan requerida “uniformidad” de la casa de Barcelona con la casa General de París. El interés de las autoridades era profundo por cuanto, como ya se indicó, la casa de Barcelona debía ser el espejo del resto de fundaciones en España. Diremos, para finalizar, que la reiteración de “ordenanzas” sobre las mismas cuestiones es una prueba de que no siempre se modificaban los comportamientos.
[1] 17 de mayo de 1732
[2] 1 de mayo de 1722
[3] 1 de mayo de 1722
[4] Olabuenaga, M.: “Misiones Populares de la CM en España (1704-1975. Contribución a la Historia Social y Religiosa de España”, 2006, Tesis Doctoral publicada en www.vicencianos.net.
[5] 19 de agosto de 1757
[6] 19 de agosto de 1757
[7] Paradela, B.: “Colección de documentos…” pp. 48-50
[8] Paradela, B.: “Colección de documentos…”, pp. 50-55.
[9] BPUB. Sign. 16-5-33, págs. 5-13, y AMCM. Sig. 6, fol. 445.
[10] BPUB. Sig. 16-5-33, págs. 47-54, y AMCM, Sig. 6, fol. 467.
[11] Paradela, B.: “Colección de documentos…”, pp. 96-104.
[12] Paradela: “Colección de Documentos…” pp. 117-121
[13] BPUB. Sig. 16-5-33, y AMCM. Sig. 6, fol. 488.
[14] Paradela, B.: “Colección de documentos…”, pp. 137-142
[15] Paradela, B.: “Los Visitadores de la Congregación de la Misión” 1928, I, 333-347
[16] Olabuenaga, M.: “Historia abierta de la Congregación de la Misión en España (1704-2000)”. CEME, 2015, pg. 70
[17] Olabuenaga, M.: “Historia abierta…”, pg.41
[18] 17 de mayo de 1732
[19] 17 de mayo de 1732
[20] 17 de mayo de 1732
[21] 9 de septiembre de 1769
[22] 19 de agosto de 1757
[23] 17 de mayo de 1732
[24] 9 de septiembre de 1769
[25] 17 de mayo de 1732
[26] 9 de septiembre de 1769
[27] 17 de mayo de 1732
[28] 22 de enero de 1752
[29] 1 de mayo de 1722
[30] 9 de septiembre de 1769
[31] 9 de septiembre de 1769
[32] 17 de mayo de 1732
[33] 16 de junio de 1736
[34] 20 de agosto de 1762
[35] 14 de agosto de 1747
[36] 14 de agosto de 1747
[37] 19 de agosto de 1757
[38] 17 de Mayo de 1732
[39] 20 de agosto de 1762
[40] 9 de septiembre de 1769
[41] 20 de agosto de 1762
[42] 23 de octubre de 1724
[43] 20 de agosto de 1762
[44] 23 de octubre de 1724
[45] 9 de septiembre de 1769
[46] 17 de mayo de 1732
[47] 17 de mayo de 1732
[48] 23 de octubre de 1724
[49] 14 de agosto de 1747
[50] 20 de agosto de 1762
[51] 9 de septiembre de 1769
[52] 9 de septiembre de 1769
[53] 17 de Mayo de 1732
[54] 17 de Mayo de 1732
[55] 1 de mayo de 1722
[56] 1 de mayo de 1722
[57] 23 de octubre de 1724
[58] 1 de mayo de 1722; [58] 19 de agosto de 1757
[59] 23 de octubre de 1724
[60] 20 de agosto de 1762; 9 de septiembre de 1769
[61] 23 de octubre de 1724; 17 de mayo de 1732; 16 de junio de 1736
[62] 17 de mayo de 1732
[63] 23 de octubre de 1724
[64] 23 de octubre de 1724; 17 de mayo de 1732
[65] 23 de octubre de 1724
[66] 17 de mayo de 1732
[67] 17 de mayo de 1732
[68] 17 de mayo de 1732
[69] 17 de mayo de 1732
[70] 14 de agosto de 1747
[71] 14 de agosto de 1747; 19 de agosto de 1757
[72] 22 de enero de 1752
[73] 20 de agosto de 1762; 9 de septiembre de 1769
[74] 20 de agosto de 1762
[75] 9 de septiembre de 1769
[76] 9 de septiembre de 1769
[77] 17 de mayo de 1732
[78] 23 de octubre de 1724
[79] 16 de junio de 1736; 19 de agosto de 1757
[80] 23 de octubre de 1724; 22 de enero de 1752
[81] 23 de octubre de 1724
[82] 23 de octubre de 1724
[83] 23 de octubre de 1724
[84] 23 de octubre de 1724
[85] 23 de octubre de 1724
[86] 23 de octubre de 1724; 22 de enero de 1752; 1 de mayo de 1722; 14 de agosto de 1747
[87] 17 de mayo de 1732
[88] 17 de mayo de 1732
[89] 17 de mayo de 1732
[90] 17 de mayo de 1732
[91] 20 de agosto de 1762
[92] 9 de septiembre de 1769
[93] 14 de agosto de 1747
[94] 14 de agosto de 1747
[95] 9 de septiembre de 1769
[96] 14 de agosto de 1747
[97] 14 de agosto de 1747
[98] 20 de agosto de 1762
[99] 20 de agosto de 1762
[100] 20 de agosto de 1762
[101] 22 de enero de 1752
[102] 20 de agosto de 1762
[103] 20 de agosto de 1762
[104] 17 de mayo de 1732
[105] 9 de septiembre de 1769
[106] 9 de septiembre de 1769
[107] 9 de septiembre de 1769
[108] 22 de enero de 1752
[109] 20 de agosto de 1762
[110] 17 de mayo de 1732
[111] 16 de junio de 1736
[112] 1 de mayo de 1722
[113] 23 de octubre de 1724
[114] 17 de mayo de 1732
[115] 20 de agosto de 1762
[116] 17 de mayo de 1732
[117] 1 de mayo de 1722
[118] 16 de junio de 1736
[119] 17 de mayo de 1732
[120] 14 de agosto de 1747
[121] 9 de septiembre de 1769
Seminario de Historia de la CM
Iván Juarros, Josico Cañavate, Mitxel Olabuenaga (Coord.)






