Vida apostólica de la Asociación de la Medalla Milagrosa

Francisco Javier Fernández ChentoAsociación de la Medalla Milagrosa, Virgen María1 Comment

CRÉDITOS
Autor: Andrés Pato, C.M. · Año publicación original: 2001 · Fuente: Revista Virgen Milagrosa.
Tiempo de lectura estimado: 4 minutos

logo-ammEl termómetro de la temperatura de una buena vida espiritual, te­ma catequético tratado en el Bo­letín pasado, lo marca la entrega, el compromiso, el servicio a los demás, la vida apostólica. El com­promiso de la fe, la vida de após­tol en el mundo, es misión de to­do creyente. “Las asociaciones no se establecen para sí mismas, sino que debe servir a la misión que la Iglesia tiene que realizar en el mundo”. (art. 16.1)

La Iglesia es “sacramento univer­sal de salvación”. Lo es por la predicación de la Palabra de Dios, la administración de los sa­cramentos, y la vida de sus fieles, llamados a contribuir, cada uno según su condición, a extender el mensaje evangélico y hacer presente a Cristo en todos los ambientes.

Todo laico, por estar incorporado a la Iglesia por el Bautismo, parti­cipa de la triple condición de Cris­to: Sacerdote, Profeta y Rey. La vocación cristiana es servicio he­cho misión, un servicio que revele al hombre el amor que Dios le tie­ne. “El apostolado de los laicos es participación en la misma misión salvífica de la Iglesia, apostolado al que todos están destinados por el mismo Señor, en virtud del Bau­tismo y de la Confirmación” (LG 33). Idea que recogen los Estatu­tos de la A.M.M., en el art. 16.2, casi al pie de la letra.

El Papa Juan Pablo II, en la Exhor­tación “los fieles laicos”, explicitó los campos concretos de mayor importancia en que los laicos tie­nen que vivir la misión de su vo­cación en el mundo (36-44). Enu­mero algunos de los más signifi­cativos para los miembros de la A.M.M.: la defensa del derecho de la vida, la dignidad de la per­sona, la familia, la solidaridad, la justicia. Es ahí donde hay que vi­vir “la restauración del orden temporal y, conducidos en ello por la luz del Evangelio y por las enseñanzas de la Iglesia y movi­dos por la caridad cristiana, obren directamente y de forma concre­ta, cooperando unos con otros”(art. 16.3).

La A.M.M. además de eclesial es vicenciana. La misión pertenece al núcleo de la espiritualidad y actividad de San Vicente de Paúl. El laico vicenciano tiene que ser, en todo lo que es y hace, “revelador del amor de Dios a todos los hombres, especialmente a los pobres”. El carisma vicenciano es evangelizar a los pobres haciendo creíble el evangelio por la practica de la caridad: “Evangelizar de palabras y con obras es una exigencia de nuestro carisma” (art. 16.4). Siempre el testimonio de las obras ha sido necesario para ser creíble en la evangelización, pero, en esta cultura de mentiras de nuestra sociedad de hoy, la palabra para gozar de credibilidad tiene que ir avalada, respaldada por las obras. “La caridad de las obras corrobora la caridad de las palabras” (NMI 50). Ya antes Pablo VI había escri­to que “el hombre de hoy da más crédito a los testigos que a los ma­estros” (EN. 15, 20).

Los os pobres son la encomienda que Dios nos ha hecho a los se­guidores de Cristo evangelizador de los pobres. Por eso, ellos de­ben tener siempre preferencia en lo que somos y hacemos, en nues­tro servicio evangelizador (art. 16.5). No olvidemos que todo ser­vicio que le prestemos a los po­bres, para que sea vicenciano, tie­ne que revelar siempre el “amor de Dios”. Las obras de justicia, so­lidaridad, misericordia y compa­sión, al estilo del buen samarita­no, deben acompañar siempre a nuestras palabras, si queremos que nos crean aquellos a los que­remos evangelizar.

Ser cristiano hoy, vivir la fe es difí­cil En el pasado bastaba dejarse llevar por los demás. En el presen­te quien se deje llevar, precisa­mente por eso, dejará de ser cris­tiano. Es muy difícil mantener la fe en un clima generalizado de in-creencia, de indiferencia religiosa o de un cristianismo aburguesado sin apoyo de los demás creyentes. Por eso, para los cristianos del si­glo XXI, tendrá una importancia decisiva el hecho de estar integra­dos en pequeñas comunidades cristianas donde se viva y se comparta juntos la fe y sus experien­cias. Por algo el P. General nos pi­de que hagamos de cada uno de los Centros de la A.M.M. “Lugares de apoyo mutuo en la fe”. Y, Car­vajal, en Cristianos para el Siglo XXI, nos pide ser “comunidades de Contraste en la cultura de la in-creencia”.

Muchos de nosotros convivimos o tenemos contacto con familiares y amigos que se han ido distancian­do de la fe. ¿Por qué les hemos de ocultar tanto nuestra experiencia creyente, nuestras convicciones y las motivaciones que animan nuestra fe? ¿Por qué hemos de si­lenciar los creyentes nuestra visión cristiana de la vida, cuando otros manifiestan públicamente su acti­tud increyente? Este testimonio a través del contacto personal es de gran importancia, pues, en el fon­do, “¿hay otra forma de comuni­car el evangelio que no sea la de transmitir a otro la propia expe­riencia de fe?” (E.N. 46). “Esta pa­sión suscitará en la Iglesia una nueva acción misionera, que no podrá ser delegada a unos pocos “especialistas”, sino que acabará por implicar la responsabilidad de todos los miembros del Pueblc de Dios” (NMI 40)

El modelo y ejemplo al que todc miembro de la A.M.M. debe mirar e imitar, para vivir su vocación mi­sionera de servicio a los pobres, de anunciar y testimoniar su fe, e! a María (art. 16.6). Ella acoge Cristo -Anunciación-, lo lleva y cl¿ -Visitación- Tener a Cristo, llevarle y sentir la necesidad de comuni carlo, de darlo sirviendo, es la ex periencia imprescindible para po der evangelizar.

La Visita domiciliaria, medio prin cipal del apostolado junto con e servicio a los pobres, está inspira da en estas escenas bíblicas y la actitudes de María que nos narre el Evangelio (Lc 1,1-56) deben se las que dinamicen estos medios d( apostolado (art. 16.5).

Francisco Javier Fernández Chento

Director General y cofundador de La Red de Formación Vicenciana.

Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregación de la Misión y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia canónica de Zaragoza (España) de la Congregación de la Misión.

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One Comment on “Vida apostólica de la Asociación de la Medalla Milagrosa”

  1. Un abrazo con cariño y Gratitud, por todo lo que recibimos en nuestro Caminar en Nuestra Familia Vicentina.
    Aunque yo soy miembro activo de la AMM, pero siempre estamos al día con FAMVIN.
    Muchas gracias.

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