Victor-Jacques Julienne nació en Tours, el 17 de septiembre de 1738 y entró en el seminario interno de la Congregación de la Misión en París el 25 de septiembre de 1761. En 1763, no siendo todavía más que diácono, se embarcó con destino a Alepo, en compañía del Sr. Bossu, sacerdote de la Misión. Estaba en Seyde, en el Levante, el 26 de septiembre de 1763, día en que pronunció los votos de la Congregación. En 1782, 1783 y 1784, le encontramos en San Lázaro. Es bastante probable que fue del personal de esta casa hasta la gran Revolución. Los que le conocían tenían una alta idea de su saber y de su espíritu sobrenatural. El abate Jauffret, más tarde obispo de Metz, decía de él que era un «sacerdote eminente en doctrina y en piedad». Era director de retiros cuando el saqueo de San Lázaro, el 13 de julio de 1789. A pesar de la invasión de la casa por una multitud de asaltantes, él se quedó valerosamente en su habitación y no pensó en marchar hasta las ocho de la mañana. Los bandidos le ayudaron a meter sus efectos más preciosos en una maleta, que ellos mismo quisieron llevan hasta la escalera. Apenas había salido de la habitación cuando sus muebles volaban en pedazos a los golpes redoblados de los malhechores. Cuando la persecución se hizo más violenta, tomó, con el Sr. Cayla, el camino del exilio; pero Dios permitió que le reconocieran y le detuvieran. Fue internado en la prisión de Bicêtre, en la ciudad de Amiens, el 13 de mayo de 1793, y allí murió el 10 de octubre.
Victor-Jacques Julienne (1738-1793)







