Nadie duda en nuestro tiempo de la relación existente entre una escritura y su autor, como íntimo reflejo de la personalidad. El estudio grafológico, realizado científicamente, se ha convertido en un medio de investigación del temperamento, carácter y personalidad de un individuo. Además la escritura, expresión gráfica de nuestro pensamiento, demuestra el tipo de inteligencia, sensibilidad, tendencias… que poseemos. Por otra parte, los rasgos gráficos son gestos que denuncian a su escritor, como el lenguaje oral descubre al orador.
Que nosotros conozcamos, no existen otras investigaciones publicadas sobre grafología vicenciana que las hechas por Siiri Juva y la Asociación Española de grafosicología, a cuyo presidente J.J. Simón entregamos algunas muestras de cartas auténticas de san Vicente para el estudio grafológico. Tendremos en cuenta, en el comentario, los resultados a que llegaron ambos investigadores, aunque no logran ahuyentarnos algunos recelos sobre los frutos obtenidos.
Si cotejamos la escritura manuscrita de las distintas etapas de la vida de Vicente: juventud, madurez y ancianidad, observamos que se mantienen fundamentalmente los mismos rasgos. Pequeñas diferencias en el tamaño de la letra, en la inclinación y firmeza de la misma, confirman la evolución sufrida por el paso de los años. No siempre el conocimiento inicial que tenemos del Santo, por la lectura de sus biógrafos, coincide con los juicios expresados por los calígrafos y grafólogos. Para valorar la escritura de Vicente, partimos, principalmente, del análisis de tres cartas correspondientes a otras tantas etapas de su vida: al señor de Comet, 24 de julio de 1607, a la madre María Eufrosina Turpin, 23 de julio de 1643, y al P. Felipe Le Vacher, entre mayo y agosto de 1659.
«Era de temperamento bilioso y sanguíneo»
Según los datos de Abelly, Vicente «poseía un porte grave y benigno. Era de temperamento bilioso y sanguíneo, y de una complexión bastante fuerte y robusta». Basándose en estos mismos datos del primer biógrafo del Sr. Vicente, Juva juzga, en relación al temperamento del Santo, que «si hacemos excepción de algún rasgo de melancolía, prevalece en él una naturaleza biliosa y sanguínea… El rasgo colérico del Santo no puede sino acentuarse bajo el ascetismo de su vida, a expensas del predominio sanguíneo natural».
Respecto al carácter de Vicente, Juva lo estudia según los biotipos de Kretschmer, basados en la morfología corporal. Ella se plantea fundamentalmente la cuestión sobre si Vicente de Paúl pertenece a uno de estos tres tipos: el leptosomo-asténico, el atlético o el pícnico. Y responde: «No es un Greco semigótico, tipo clásico del asceta, sino un caso intermedio entre el atlético y el pícnico…; representa un tipo mixto entre los esquizotímicos y los ciclotímicos».
Juva confiesa que no es fácil clasificar al Sr. Vicente en ninguno de los tipos puros propuestos por Kretschmer, sin embargo se esfuerza en explicar su conducta y su lenguaje según los esquemas concebidos por el psiquiatra alemán. Hemos de confesar que las aportaciones de Juva arrojan poca luz al conocimiento de la personalidad de Vicente de Paúl, y que no pocas veces resultan oscuras y confusas. Llama la atención la dependencia que, según ella, existe entre la «complexión psíquica» de Vicente y las posibles influencias orientales, dado que la «fisonomía del Santo presenta rasgos de dos tipos: de la raza del Asia anterior y, aunque menos pronunciados, de la raza oriental». Aún supuesto el asentamiento de los pueblos orientales en el sur de Francia, bien en tiempos prehistóricos bien en siglos más cercanos, nos parece desmesurado el juicio de nuestra diplomacia en ciencias psicológicas.
En cuanto al testimonio de la escritura manuscrita del Sr. Vicente, Juva se limita a decir que, basándose en las observaciones de Klages, «la letra flexible y ágil del Santo es la de un ciclotímico, siempre con alguna tensión esquizotímica». Los datos referidos en general a esta clase de biotipos son aplicados, sin más, a la escritura del Sr. Vicente, lo mismo que hiciera antes la doctora al considerar la «constitución física» del hombre y santo nacido en Pouy. El trabajo de Juva fue un primer intento de interpretación de la letra vicenciana que ha sido superado recientemente con nuevas y más ricas aportaciones de grafología.
«Le resultaba difícil sustraerse a las explosiones de genio»
El informe grafológico de Vicente de Paúl por la Asociación española de grafosicología es más completo y comprometido; contempla aspectos de la personalidad, no atendidos hasta ahora. A la espera de otros informes que confirmen, corrijan o desmientan los resultados obtenidos, transcribimos íntegro el realizado por tal Asociación:
«En el aspecto intelectual, la captación de las situaciones se realiza mediante síntesis, generalizando una vez percibidos los detalles. Existían, sin embargo, ciertas dificultades para obtener una panorámica absolutamente clara en lo que al mundo de las ideas se refiere.
Sus planteamientos eran fundamentalmente prácticos, siendo la velocidad de su razonamiento mesurada como término medio, apreciándose variaciones más o menos importantes, así como una clara tendencia a la aceleración, con posibilidad de bloqueos de diferente intensidad.
La capacidad de creación se presenta como francamente importante, siéndolo igualmente la facilidad para llevar sus pensamientos teóricos al terreno práctico. La exuberancia de la imaginación propicia las salidas de la realidad cotidiana con la que no terminaba de sentirse satisfecho.
La intuición cumple un importante papel en la captación del entorno, complementándose con la capacidad de razonamiento lógico. Pese a lo versátil de su personalidad, era capaz de mantener un nivel de intensidad laboral que le permitía la imprescindible continuidad para el desarrollo de las tareas.
Diligente, activo, dinámico e inquieto por naturaleza, tenía dificultades para centrarse en una única actividad, tendiendo a la multiplicación de iniciativas. Resulta admirable su deseo de aprovechar el tiempo al máximo. Es notable así mismo el esfuerzo a nivel consciente por conseguir un adecuado grado de concentración.
La memoria, muy selectiva pero francamente agudizada, sobre todo en aquello que, de una forma o de otra, impresionaba su sensibilidad.
Se aprecian dificultades en lo que a orientación física se refiere, consecuencia de unas aptitudes espaciales no excesivamente desarrolladas.
Su actitud ante la vida era tanto teórica como firmemente práctica; en efecto, su potencial creativo se complementaba con un decidido deseo de plasmar en realidades los planteamientos ideológicos.
La búsqueda del orden es dificultosa, dado lo anárquico de su personalidad. Ello no es óbice para que exista una delicadísima captación de los detalles, aunque estos procesos no tuvieran lugar de una forma metódica ni excesivamente ordenada.
Existe en su personalidad un componente que podríamos denominar de «orgullo», que le hacía mostrar una cierta resistencia hacia la autoridad en general. Ello le creaba algunos problemas de conciencia, por lo que intentaba «rebajar» en lo posible su carácter altivo, con desiguales resultados.
La capacidad de iniciativa supera a la decisión; a veces, con objeto de tomar decisiones se veía obligado a hacerlo de forma precipitada, so pena de verse bloqueado en sus acciones por exceso de reflexión.
Su tipología vivencial resulta ser introtensiva dé fondo, lo que proporciona un carácter tendente a la retracción. En este caso se da un tipo de mimetismo con el ambiente que el llevaba a fundirse con el medio, a integrarse en el grupo humano que le rodeaba y con el que se sentía identificado, aunque no pudiera evitar el sobresalir del mismo, dada su innegable valía personal.
El sentimiento supera la razón, la emotividad está presente a flor de piel, existiendo una fuerte lucha a nivel interior para dominar en lo posible sus emociones.
La inestabilidad emocional es también causa de frecuentes altibajos de ánimo, muchas veces en función de las circunstancias.
Aunque existen algunos rasgos de primariedad, la tipología vivencial resulta secundaria, es decir, que los efectos se encontraban, por regla general, adaptados a la realidad.
La fuerza del «yo» es importante: hay un buen potencial de defensa ante las agresiones del medio. El autoconcepto es también elevado, aunque trate de disminuirlo de la forma que antes apuntábamos. El autocontrol es bueno, pero con fisuras que dejaban escapar no pocas expresiones de su gran energía interior, no siempre controlable. Generalmente confiaba más en sus propias posibilidades que en las ajenas, manteniéndose ala expectativa con respecto a las actuaciones y modos de comportarse de los demás. La capacidad de relación viene disminuida, por tanto, debido a estas prevenciones ante los otros.
No obstante, su potencialidad de desenvolvimiento social era muy importante, y quizás esa profusión de contactos con personas de muy diferente índole fue causa determinante de esa actitud de «estar en guardia», precisamente como mecanismo inconsciente de defensa del propio «yo».
Por otra parte, existe un indudable componente de timidez, que intentaba compensar mediante una especie de «fusión» con el ambiente que le rodeaba, como ya hemos apuntado anteriormente. Este afán mimético potencia su adaptabilidad, que resulta verdaderamente notable. Lo es asimismo la espontaneidad que preside su comportamiento, que le hace mantener posturas críticas, en ocasiones incómodas para el «status».
La capacidad dialéctica, unida a su facilidad de captación de las situaciones, le convertían en un personaje dotado especialmente para polemizar de forma absolutamente brillante. Su tendencia instintiva al goce por vía sensual era canalizada por la razón, desviándose esta energía hacia cuestiones de orden intelectual y propiciando asimismo un incremento de su nivel de actividad, ya notable de por sí.
De carácter susceptible (no olvidemos su elevado nivel de sensibilidad), le resultaba difícil sustraerse a las «explosiones de genio», así como a actuaciones de carácter impetuoso, aunque procurase controlarlas en la medida de lo posible. Ello podía llevarle hacia estados de malestar interno, así como a ligeras depresiones de las que era capaz de salir gracias, sobre todo, a su notable nivel de energía y su capacidad de acción».
Todo lo que nosotros podemos asegurar acerca de los rasgos gráficos de Vicente de Paúl se reduce a tres conclusiones ciertas. Su escritura manuscrita:
- Representa un alto nivel de creatividad conjugada por el don de la imaginación y del realismo.
- Sugiere una actividad prodigiosa en el plano social, pero canalizada por el sentido de la responsabilidad.
- Manifiesta el autocontrol entre las tendencias terrenales y espirituales, entre la obediencia al cuerpo y al espíritu, de donde le vino al Santo la semejanza psicológica con su divino modelo, Jesucristo evangelizador de los pobres.







