Día de Reyes de 1651
Siento una doble y triple alegría al saber que le escribo en el mismo día que nació usted a este mundo, a la vida de gracia y a la compañía . ¡Dios mío! ¡Qué grande tiene que ser este día para usted y para nosotros! Y no hablo del misterio que hoy celebramos, en el que el Rey de reyes fue reconocido como tal en su infancia y en medio de su pobreza, sino de los títulos gloriosos que usted ha recibido en este día de súbdito suyo y de su servidor doméstico, por lo que le doy gracias a Dios y se las daré toda mi vida, tanto por su felicidad particular como por el interés de nuestra pequeña congregación que, al recibirle a usted, ha recibido de Dios un regalo inestimable, en honor de aquellos que su Hijo recibió de los magos. ¡Que pueda usted para siempre publicar las grandezas de ese Niño al que adoraron, atrayendo a su conocimiento y a su amor a las almas alejadas de él, a fin de que la suya sea algún día del número de las que habrán de juzgar a las doce tribus de Israel para reinar con ellas en la gloria del divino Soberano!







