[1650 o enero de 1651]
Acabamos de visitar treinta y cinco aldeas del arciprestazgo de Guisa, en donde hemos encontrado a unas seiscientas personas en tal miseria que se arrojan sobre los perros y sobre los caballos, después de que los lobos han hecho allí su pitanza. Solamente en la ciudad de Guisa hay más de quinientos enfermos retirados en unas cuevas y en los agujeros de unas cavernas, que son lugares más apropiados para las bestias que para los hombres.







