Vicente de Paúl, Carta 1365: A Renato Almeras, Superior de Roma

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Vicente de Paúl · Año publicación original: 1976 · Fuente: San Vicente de Paúl. Obras completas. Tomo IV. Correspondencia 4. Abril 1650 - Julio 1653. Trad. de A. Ortiz sobre la edición crítica de P. Coste. Salamanca : Sígueme, 1976. 610 p. ; 22 cm..
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3 de enero de 1651

Le pido a Nuestro Señor que le dé ánimos para aprovecharse bien de ese estado de sufrimiento que está pasando, de forma que reciba de él la misma gloria que recibiría con sus trabajos. Debe usted suspender toda su actividad, tal como ya le dije, obrando únicamente en la casa de la misma manera que obra el alma en el cuerpo, esto es, dando el movimiento a todas partes, sin cansarse ella.

Le agradezco que haya atendido al expedicionario que se ha encargado de nuestra súplica para la aprobación de los votos. Dios determina ciertas cosas para determinados momentos, y no quiere que se realicen en otros; como no sabemos el tiempo que Dios ha destinado para concedernos esta gracia, hemos de proseguir nuestro esfuerzo sin desanimarnos, aunque haya poca probabilidad de conseguir éxito según la máxima de Hipócrates, que quiere que mientras el enfermo dé aún signos de vida, se le atienda y se le den remedios. Si este asunto no puede salir adelante de la manera propuesta, habrá que presentar otra súplica en un momento más oportuno y por otro nuevo recurso. He hablado hace poco con una persona de mucho juicio, muy entendido y experimentado en estas materias, que opina que debe haber algún vínculo entre nosotros, y de nosotros con Dios para remediar la inconstancia natural del hombre e impedir que se disuelva la compañía; si no, muchos entrarán en ella solamente para estudiar y para capacitarse a fin de actuar en público, y marcharse luego; otros, aunque hayan entrado al principio con buena voluntad, no dejarán de abandonarlo todo al primer disgusto que reciban o a la primera ocasión que se les presente de establecerse en el mundo, si no hay nada que los retenga. Ya hemos experimentado demasiadas injusticias por el estilo; en estos mismos momentos en que le escribo, tenemos a uno que, después de haberlo mantenido y educado en los estudios desde hace 13 ó 14 años, apenas se ha visto ordenado de sacerdote nos ha pedido dinero para retirarse y no hace más que esperarlo para poder salirse. ¿Qué remedio podremos entonces utilizar para atajar este mal? ¿Cómo evitaremos que los bienes que nos han dado para trabajar en la salvación de los pueblos se gasten en gentes así, que tienen otros planes, si no tenemos la manera de retenerlos por algún motivo poderoso de conciencia, como es el voto de estabilidad o algún juramento?

Esta forma de vincularse no carece de ejemplos. Se le permitió en otros tiempos a una compañía que se fundó en Italia exigir el juramento de permanecer en su vocación, que consistía en cuidar de los pobres huérfanos. Me parece que su fundador era veneciano. Le ruego que se informe de los datos de esa institución que, con el tiempo, pasó a ser una orden religiosa; nosotros no podremos hacer eso nunca, ya que habrá que poner esa condición.

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