[San Quintín, 1650]
¿Qué medios habrá para socorrer a siete u ocho mil pobres que se están muriendo de hambre, a mil doscientos refugiados, a trescientos cincuenta enfermos a los que sólo se les puede alimentar con potajes y con carne, a trescientas familias de pobres vergonzantes, tanto de la ciudad como de los campos, a los que hay que asistir en secreto para sacar a muchas jóvenes del último naufragio y evitar lo que se creyó que iba a pasarle el otro día a un joven que, obligado por la necesidad, quiso matarse con un cuchillo y habría cometido ese crimen si no hubieran corrido para impedírselo, a cincuenta sacerdotes a los que hay que alimentar con preferencia sobre los demás? El otro día se encontró a uno de la ciudad, muerto en su cama, y se descubrió que era por no haberse atrevido a pedir con qué vivir.







