[1650]
Hemos hecho la visita a los pobres de este lugar y de las demás aldeas de este valle, donde las calamidades que hemos visto sobrepasan a todo cuanto se le haya podido decir; pues, comenzando por las iglesias, han sido profanadas, el Santísimo Sacramento ha sido pisoteado, los cálices y los copones robados, las fuentes bautismales rotas, los ornamentos desgarrados, de manera que hay más de veinticinco iglesias en esta pequeña comarca en donde no puede celebrarse la santa misa.
La mayoría de los habitantes han muerto en el bosque, mientras que el enemigo ocupaba sus casas; los demás han regresado únicamente para poder acabar allí sus días, ya que por todas partes no se ven más que enfermos. Tenemos a más de mil doscientos, además de otros seiscientos que van desfalleciendo, todos ellos distribuidos por más de treinta aldeas arruinadas; están tumbados por tierra y en casas medio destruidas y sin tejado, sin asistencia alguna. Encontramos a los vivos con los muertos, a los niños al lado de sus madres muertas.







