2 de octubre de 1650
Sabía muy bien, padre, que lo único que podía esperarse de usted era una-pronta aceptación de las disposiciones de la Providencia y una profusión de corazón para con la familia, tal como lo ha demostrado usted cediéndole su cargo de superior al padre Lucas y poniéndose bajo las órdenes del que era su inferior, para edificación de los demás. Ya me han dicho de qué manera se ha comportado usted, que no podía ser mejor ni más conforme a mis deseos. También me han dicho los deseos que tienen todos ustedes de seguir siempre y en todas las cosas testimoniándose un aprecio mutuo y sincero, por lo que doy gracias a Dios. Le ruego que no sean ustedes más que Un solo corazón y una sola alma. Así me lo prometo de parte de usted, mientras que el padre Lucas me hace esperar lo mismo. He sentido una alegría especial con su carta, acordándome de la bondad de su corazón al que quiero tanto como usted sabe.







