Vicente de Paúl y Luisa de Marillac. Cuál fue su relación (II)

Mitxel OlabuénagaEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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  1. MUTUO DESCUBRIMIENTO (1627-1629)

Poco a poco, según se entrevistan y a través de la correspon­dencia, Vicente y Luisa van descubriendo la personalidad respec­tiva. El tono de sus cartas cambia progresivamente. Desde 1628 se ve que quieren, que desean entrevistarse. Lo manifiesta el señor Vicente en varias cartas:

Si no fuese tan tarde como es, le iría a ver esta noche para saber de usted el particular de que me habla; será mañana, con la ayuda de Dios (SVP, 1, 134).

El correo es recibido con alegría. El señor Vicente lo dice con toda sencillez:

Mi querida hija, ¡cómo me consuelan su carta y los pensa­mientos en ella consignados! (SVP, 1, 132).

Vicente de Paúl, atento a la miseria humana, advierte que Luisa, esa mujer ultrasensible, está hondamente señalada por la dureza de la vida: entiende mejor su sufrimiento, exagerado a veces, su ansiedad. Observa lo tensa que está por cumplir la voluntad de Dios: una tensión que amenaza con dañar tanto su equilibrio físico como el psíquico. Él hará todo lo posible por apaciguarla:

Mi querida hija, ¡cómo me consuelan su carta y los pensa­mientos en ella consignados! Realmente, es preciso que le con­fiese que el sentimiento se ha extendido por todas las partes de mi alma, y con tanto mayor placer cuanto que esto me ha hecho ver que está usted en el estado que Dios le pide. ¡Ánimo!, con­tinúe, mi querida hija, manteniéndose en esa buena disposición y deje obrar a Dios. Pero ha disminuido mi consuelo al conocer el estado de enfermedad en que se halla y que antes me había ocultado. ¡Bendito sea Nuestro Señor por todo! Tenga mucho cuidado de la salud por su amor de él (SVP, 1, 132, 133).

También ha comprobado Vicente de Paul la gran inquietud de Luisa de Marillac frente a su hijo. Muy sencillo: se convertirá en educador de Miguel, guiándole en los estudios, y aconsejándole cuando las relaciones entre madre e hijo se hacen difíciles:

¿Qué le diré ahora de su hijo? … Déjele, pues, y entrégue­lo todo al querer o no querer de Nuestro Señor. Sólo a Él le pertenece dirigir a esas pequeñas y tiernas almas (Miguel tiene 15 años). Más interés tiene Él que usted, ya que a Él le pertene­ce más. Cuando tenga la dicha de verla, le diré el pensamiento que tuve un día y que le dije a la señora de Chantal sobre este asunto, con lo que ella se vio consolada y libre, por la miseri­cordia de Dios, de una pena semejante a la que usted puede tener (SVP, I, 107).

Luisa de Marillac por su parte descubre en el señor Vicente una rica personalidad: admira su acción entre los pobres del campo, sabe que este sacerdote, que le pareció un simple, tiene la obsesión del pobre, que es capaz de movilizar energías para ir en socorro de aquellos que sufren. Ella acepta tomar parte en la acción caritativa que se pone en marcha en numerosas aldeas bajo la forma de Cofradías de Caridad, asociaciones que tienen como fin socorrer a los pobres en sus casas, llevándoles alimen­tos, vestidos y remedios.

Sirvan estas pocas líneas para agradecerle el haber acepta­do en su casa a esa buena joven y el envío de las doce camisas (SVP I, 109).

En este tiempo de descubrimiento mutuo, el señor Vicente juega un papel preponderante. Él es quien orienta, quien devuel­ve la confianza. Humildemente, Luisa se deja guiar, expresando con sencillez lo que vive.

Elisabeth Charpy

CEME 2010

 

 

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