- LAS COFRADÍAS DE LA CARIDAD AL SERVICIO DE L MISIÓN
Dos instituciones, estrechamente relacionadas entre sí y dedicadas directamente a la Caridad, llegó a establecer Vicente de Paúl al servicio de la Misión: la Cofradías de la Caridad y las Hijas de la Caridad.
A partir, sobre todo, de la experiencia de Chátillon en el verano de 1617, Vicente se da cuenta de que «el servicio a los pobres es el signo de quien cree que Dios es el defensor de la causa de los pobres, y la caridad la expresión visible y creíble de la Iglesia de Cristo». Ve también claramente que la caridad, si quiere ser eficaz, ha de estar organizada, y que en cada una de las parroquias deben fundirse evangelización y caridad.
4.1. Organización de la primera Cofradía de la Caridad al servicio de la Misión
En una conferencia a las Hijas de la Caridad el 13 de febrero de 1646, Vicente relata una vez más el hecho que dio origen al establecimiento de la primera Cofradía de la Caridad: «Estando yo cerca de Lyon, en una población de la que la Providencia me había hecho párroco, un domingo, mientras me revestía para celebrar la santa misa, vinieron a decirme que a una distancia de un cuarto de legua todos estaban enfermos, sin que quedase uno para asistir a los demás, y todos en una miseria indecible. No dejé de recomendarlos con mucho afecto en el sermón, y Dios tocó el corazón de los oyentes, de suerte que todos se compadecieron de aquellos desgraciados.
Después de mediodía hubo reunión en casa de una buena señora para ver de qué modo se les podría ayudar, y todos estaban dispuestos a visitarlos y confortarlos de palabra y socorrerles con los propios medios. Después de vísperas tomé conmigo un hombre, vecino de la población, y nos pusimos en camino para ir a verlos. Encontramos mujeres que nos adelantaban y de allí a poco, otras que volvían. Y como era verano y hacía mucho calor, las buenas mujeres se sentaban al borde del camino para descansar y refrescarse. Total, hijas mías, eran tantas que hubiérais creido ver una procesión.
… Se miró el modo de socorrerlos y yo propuse a todas aquellas personas que la caridad había conducido a aquella casa, que se turnasen día por día para hacer la olla no sólo a aquellos, sino a cuantos se presentasen en lo sucesivo. Aquel fue el primer lugar donde se estableció la caridad».
Esto ocurría el 20 de agosto de 1617. Tres días más tarde, Vicente reunía a un grupo de señoras de la villa asociadas para asistir a los pobres enfermos. Había nacido la primera asociación de Caridad.
A los tres meses, Vicente de Paúl redactó un Reglamento detallado en donde se dice que la asociación se llamará «Cofradía de la Caridad», y sus miembros «sirvientas de los pobres o de la Caridad» y tendrá por patrono al mismo Jesucristo.
«Estas sirvientas de los pobres toman por patrono a Nuestro Señor Jesucristo y como finalidad el cumplimiento de aquel ardentísimo deseo que tiene de que los cristianos practiquen entre sí las obras de caridad y de misericordia, deseo que nos da a conocer en aquella palabras suyas: ‘Sed misericordiosos como mi Padre e misericordioso’ y aquellas otras: ‘Venid, benditos de mi Padre, poseed el reino que se os tiene preparado desde el comienzo del mundo; porque tuve hambre y me disteis de comer; estuve enfermo y me visitasteis; pues todo lo que hicisteis con uno de esos pequeños, a mí me lo hicisteis».
En el Reglamento se describen minuciosamente los oficios de que consta la Cofradía y sus obligaciones y se señala con cuidado el carácter apostólico-misionero de la asociación: «Y como la finalidad de este instituto no consiste solamente en asistir a los pobres en lo corporal, sino también en lo espiritual, las sirvientas de los pobres procurarán y pondrán todo su interés en disponer para vivir mejor a los que sanen, y a bien morir a los que mueran, dirigiendo a esta finalidad su visita, rezando con frecuencia a Dios por ello y teniendo algunas pequeñas elevaciones del corazón a Dios para este efecto.
Además, convendrá que lean de vez en cuando algún libro devoto en presencia de los que sean capaces de sacar algún provecho de ello; les exhortarán a soportar la enfermedad con paciencia, por amor de Dios, y a creer que Él se la envía para su mayor bien; les harán hacer algunos actos de contrición, que consiste en tener pesar por haber ofendido a Dios por amor a El mismo, a pedirle perdón y a hacer el firme propósito de no volver a ofenderle nunca; y en el caso de que se agravase su enfermedad, procurarán que se confiesen lo antes posible. En cuanto a los que estén en peligro de muerte inminente, se encargarán de avisar al señor párroco para que les administre la extremaunción, les moverán a que tengan confianza en Dios y que piensen en la muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo encomendándose a la Santísima Virgen, a los ángeles, a los santos, y especialmente a los patronos de la ciudad y a aquellos cuyo nombre llevan; harán todo esto con un gran celo de cooperar en la salvación de las almas y de llevarlas como de la mano hasta Dios.
Las sirvientas de la Caridad se preocuparán de que entierren a los muertos a costa de la Cofradía, darles una mortaja, mandar que hagan la fosa …, y asistirán a los funerales de aquellos a quienes hayan atendido durante su enfermedad, si pueden hacerlo cómodamente ocupando en todo esto el lugar de madres que acompañan a sus hijos hasta el sepulcro; de esta manera practicarán por entero y con mucha edificación las obras de misericordia espiritual y corporal».
El 24 de noviembre, el vicario general de Lyon aprobaba oficialmente el reglamento de la Asociación. Y el de diciembre, festividad de la Inmaculada Concepción se procedía a la constitución de la misma en una solemne sesión celebrada en la capilla del hospital de la ciudad de Chátillon-les-Dombes, en presencia de numerosos testigos.
4.2. Desarrollo de las Cofradías de la Caridad
Vicente de Paúl deja Chátillon en Navidad de 1617 y regresa a París. Se dedicará a partir de este momento a misionar todos los núcleos de población de las tierras de los Gondi. En todos ellos fundó la Cofradía de la Caridad.
Los reglamentos de las diversas Cofradías de la Caridad muestran una exquisita delicadeza para llegar a la eficaz atención corporal y espiritual de los más abandonados. Se describen los oficios y obligaciones de cada asociada, los actos de piedad que se han de practicar, recepción de los enfermos, el método para inducirles a la recepción de los sacramentos, la manera de asistirles darles de comer…
Aunque en un principio las Cofradías habían sido concebidas para canalizar la caridad femenina, pronto Vicente de Paúl vio la posibilidad de organizar caridad, masculinas. La primera de la que tenemos constancia es la creada conjuntamente en las aldeas de Folléville, Pai-llart y Serevillers, el 23 de octubre de 1670.
Las actividades de las caridades femeninas y masculinas eran diferentes. Los hombres se ocupaban «de asistir a los pobres sanos de uno y otro sexo que viven en dichos lugares», creando incluso talleres para el aprendizaje de un oficio. Y las Cofradías de mujeres atendían a los pobres enfermos.
Surgieron también caridades mixtas, como las de Joigny, Macon, Courboin, Montreuil. Pero parece ser que no funcionaban convenientemente.
A medida que la acción misionera de Vicente y sus colaboradores iba propagándose por distintas diócesis, crecía igualmente el número de Caridades.
Las Cofradías de la Caridad resultaron ser un medio muy eficaz para perpetuar los frutos de las misiones que siguieron dando los sacerdotes de la Misión.
«En los lugares en que desempeñen las funciones catequesis y de predicación procurarán fundar, bajo autoridad del ordinario, las llamadas cofradías de Caridad para auxilio de los pobres enfermos».







