3.2. La Congregación de la Misión existe para la Misión
Después de haber ido repasando los pasos dados hasta llegar a la aprobación definitiva de la Congregación, podemos detenernos a analizar el fin que se propone.
- a) El fin de la Congregación en los documentos fundacionales
— En el Contrato de Fundación
«Eclesiásticos que se dedicasen por entero y exclusivamente a la salvación del pueblo pobre, yendo de aldea en aldea… predicando, instruyendo, exhortando y catequizando…»
— En la Aprobación Episcopal
«Eclesiásticos que se ocupan de las misiones, en catequizar, predicar y preparar las confesiones generales de las pobres gentes del campo».
— En el Acta de Asociación
«…para vivir juntos en forma de congregación, compañía o cofradía y para trabajar por la salvación del pueblo pobre del campo».
— En la Patente Real
«…habrán de dedicarse por entero y solamente a la instrucción espiritual del pobre pueblo, yendo… a predicar, confesar, exhortar y catequizar a esas pobres gentes de las aldeas».
— En la aprobación de «Propaganda Fide»
«… ejercer el ministerio de las misiones».
— En la Bula papal «Salvatoris Nostri»
«…buscar junto con su propia salvación la de las alma que residen en los pueblos, aldeas, tierras y lugares más humildes…, ejercicios a ordenandos, culto especial a Ia Santísima Trinidad, al sagrado misterio de la Encarnación y a la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios».
En todos los documentos permanece siempre la idea de «misión», pero se van suprimiendo o añadiendo algunos complementos. Así por ejemplo, el «por entero exclusivamente» del contrato fundacional, y que se repite en la patente real, desaparece en el acta de asociación en el texto de «Propaganda Fide» y en la Bula. En esta hay una precisión nueva: «y en los lugares más humildes (sin especificar dónde), añadiéndose también dos fines más: «ejercicios a ordenandos y culto a la Santísima Trinidad, Encarnación y Virgen María». Vemos pues, cómo, ha habido una evolución que amplía la idea original.
- b) Finalidad de la Congregación de la Misión en la Bula «Salvatoris Nostri»
De los documentos anteriores, la bula papal del año 1633 es la que merece sin duda una atención especial, no sólo por la importancia y trascendencia del documento sino porque coloca definitivamente a la Congregación servicio de Dios, de la Iglesia y de los pobres.
A lo largo de la Bula se va recogiendo el carácter apostólico de la Congregación de la Misión. Queda constancia del trabajo realizado en este sentido e infunde optimismo cara al futuro.
«El fin principal y el objetivo especial de esta congregación y de sus miembros ha de ser, con la ayuda de Dios, buscar junto con su propia salvación la de las almas que residen en los pueblos, aldeas, tierras y lugares más humildes. Pero en las ciudades donde hay arzobispo, obispo, concejo o baile, los clérigos y sacerdotes de esta congregación no desempeñarán públicamente ninguna de las funciones de su instituto, aunque privadamente habrán de instruir a los que hayan de ser promovidos a las sagradas órdenes, procurando que hagan ejercicios espirituales y confesión general…»
En el contexto del fin, se habla de la devoción a la Santísima Trinidad, que san Vicente había expresado en sus peticiones a Roma, así corno la devoción al misterio de la Encarnación. La Bula menciona igualmente la devoción a la Virgen, detalle que no aparece explícito en las peticiones previas. Por tanto, los elementos que integran el fin de la Congregación son:
- Trabajar por la propia salvación (se deja el término «perfección») y en la salvación de las gentes del campo.
- Honrar los misterios de la Santísima Trinidad y Encarnación y la devoción a la Virgen.
- La atención a los ordenandos.
A continuación de estos objetivos se van enumerando una serie de funciones complementarias como la fundación de las cofradías de la Caridad; atención a los rectores de las iglesias parroquiales; calmar las riñas, disensiones y discordias con mucha caridad…
Estos contenidos del fin de la Congregación de la Misión se mantendrán, con ligeras modificaciones, en las Reglas Comunes que el mismo Vicente de Paúl elaborará años más tarde.
- c) Fin de la Congregación en las Reglas Comunes
El primer texto de las Reglas aprobado por el Arzobispo de París en 1653, y que encontramos en el llamado «códice de Sarzana», formula así el fin de la C.M.:
1º Hacer en todo la voluntad de Dios.
2º Evangelizar a los pobres, especialmente a los del campo.
3º Ayudar a los eclesiásticos en la adquisición de la ciencia y virtudes necesarias a su estado.
Vemos en el primer aspecto cómo san Vicente no ha copiado lo que se decía en la Bula («buscar junto con su propia salvación la de las almas»), sino que aquí quien dejar clara su doctrina espiritual: la perfección está en cumplir en todo la voluntad de Dios.
Pero en la redacción definitiva de las Reglas Comunes en 1658, se vuelve a lo que Vicente expresó en la: peticiones de aprobación de su Compañía y que la Bula recoge con algunos cambios de terminología. El fin de la Congregación queda así:
1.° Dedicarse a la perfección propia, tratando de practicar en la medida de sus fuerzas las virtudes que este Supremo Maestro nos quiso enseñar de palabra y con el ejemplo.
2.° Evangelizar a los pobres, sobre todo a los del campo.
3.° Ayudar a los eclesiásticos a adquirir la ciencia y las virtudes exigidas por su estado.
En cuanto a la veneración a la Santísima Trinidad, Encarnación y Virgen María, en las Reglas ya no aparece en el capítulo que habla sobre el fin, sino más adelante: en el capítulo X sobre las prácticas piadosas de la Congregación (números 2 y 4):
X, 2: «Por la bula de fundación de nuestra Congregación debemos venerar de manera especial los misterios inefables de la Santísima Trinidad y de la Encarnación».
X, 4: «La misma bula nos recomienda expresamente que veneremos también con un culto especial a la Santísima Virgen María, cosa que debemos hacer también por otras muchas razones».
- d) El fin de la Congregación de la Misión expuesto por Vicente de Paúl
Vicente de Paúl tuvo con sus misioneros una conferencia el 6 de diciembre de 1658 en la que trató precisamente sobre las primeras palabras de las Reglas Comunes, que corresponden al fin de la Compañía.
Vicente, en un clima de oración, habla a sus misione. ros cuando se cree ya muy cerca del final de una vil larga en experiencias y en obras. La extensa pero fundamental conferencia pretende ser un resumen y asegurar E pervivencia de esas obras que se encuentran ya en la; manos de quienes están escuchando.
Las Reglas Comunes establecen claramente un paralelismo entre el fin de la vida de Jesucristo y el fin de la Congregación de la Misión. Desde aquí se sigue con los medios que utilizó Cristo para llevar a cabo su salvación y los que utiliza la Congregación para la imitación de Jesucristo. Esquemáticamente:
- fin de Jesucristo: salvar a la humanidad.
- fin de la C.M.: imitar a Jesucristo como salvador.
- medios que utiliza Jesucristo: Obras: práctica de las virtudes. Palabras: evangelización de los pobres y formación de los apóstoles.
- medios que utiliza la C.M.: Obras: práctica de las virtudes de Jesucristo y trabajar en la propia perfección. Palabras: evangelizar a los pobres, sobre todo a lo del campo, ayudar a los eclesiásticos en su formación.
Vicente interpela a los misioneros que están escuchando diciéndoles:
«Si nos preguntasen: ¿Por qué está usted en la Misión?’, habría que reconocer que es Dios el que la ha hecho, para que trabajáramos en ella: primero, en nuestra perfección; segundo, en la salvación de los pobres; y tercero, en el servicio a los sacerdotes; y decir: ‘Estoy aquí para eso’. Padres y hermanos míos, ¿qué os parece esta finalidad? ¿Podía nuestro Señor darnos una vocación más santa y santificante, más conforme con su bondad infinita y más adecuada a su providencia en la preocupación que él tiene por llevar a los hombres a su salvación? Nuestra finalidad, por consiguiente, es la de trabajar en nuestra perfección, evangelizar a los pobres y enseñar la ciencia y las virtudes propias a los eclesiásticos».
Queda claro, pues, que el fin de la Congregación de la Misión instituida por Vicente de Paúl es seguir a Jesucristo: con-formarse con su manera de ser y de obrar, tratar de adquirir la figura de Jesucristo, imitar sus acciones y no-acciones. Este fin último se consigue poniendo en práctica lo que se presenta como el fin inmediato de la Congregación, un fin que se compone de tres miembros: la dedicación a la propia perfección, la evangelización de los pobres y la formación de eclesiásticos.
A esta formulación trimembre, que figura en las Reglas Comunes, ha llegado Vicente de Paúl por el convencimiento de que el seguimiento de Jesucristo exige revestirse de su espíritu tendiendo a su misma perfección y trabajar, como el mismo Cristo, en la evangelización de los pobres y en la formación de los evangelizadores de los pobres.
La empresa y la tarea que asume la Congregación no es fácil, pero también es verdad que el fin que se propone no lo ha escogido ella, sino que ha sido señalado por Dios a la Congregación de la Misión desde toda la eternidad: «Éstas son, hermanos míos, las primeras palabras de nuestras reglas, que nos hacen ver el plan de Dios sobre la Compañía y cómo, desde toda la eternidad, tuvo la idea del espíritu y de los servicios de la misma Compañía”.







