Vicente de Paúl y la Misión (IV)

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

CREDITS
Author: .
Estimated Reading Time:

LA APROBACIÓN DE LA MISIÓN

Hasta el año 1625 Vicente de Paúl se entregó a labor misional y caritativa a título personal, ayudado sólo por compañeros de ocasión, que se asociaban con él objetivos concretos y determinados.

El año 1624 comenzó a tratar con la mujer que, a vez que recibiría de él una influencia decisiva, iba influir en él más que ninguna otra persona: Luisa Marillac, fundadora junto a Vicente, diez años más tarde, de la Compañía de las Hijas de la Caridad. «Luisa iba a recibir de Vicente la paz del alma y el descubrimiento del verdadero sentido de su vida. Pero Vicente iba a encontrar en Luisa la más indispensable de las colaboradoras». En la primera carta conservada que el señor Vicente dirige a la señorita Le Gras le dice: … espere siempre con paciencia la manifestación de su santa y adorable voluntad. Por experiencia sabía que esa voluntad acaba por manifestarse siempre.

Más o menos por el tiempo en que Vicente comienza a dirigir a Luisa de Marillac, inició éste otra amistad que iba a resultar bastante extraña por la forma en que terminó; nos referimos a Juan Duvergier de Hauranne, conocido en la historia como el abad de Saint Cyran.

«Aunque la amistad y casi posterior ruptura con Saint Cyran han impresionado fuertemente a los historiadores, más importante para la vida del señor Vicente fue otro hecho callado y pequeño que tuvo lugar también proba­blemente muy al comienzo del año 1624 o tal vez a fines del año anterior. El hecho consistió en unos días de ejer­cicios espirituales en Soissons, cuyo fruto fue la segunda fundación de Vicente, la de la Congregación de la Misión al año siguiente.» Gran influencia tuvo en esta decisión el buen señor Duval, director y consejero espi­ritual del señor Vicente en este tiempo.

Con el consentimiento del General de las Galeras, Vicente con el señor Portail, primer sacerdote incorpo­rado a la nueva Compañía, se traslada al colegio de Bue­nos Hijos. El 17 de abril de 1625 el señor Vicente de Paúl firma con los señores de Gondi el contrato de fun­dación de la Misión. A los pocos meses de la firma muere Margarita de Silly, señora de Gondi.

En los años siguientes la Compañía va adquiriendo, de la mano de Vicente, una personalidad propia también en el terreno jurídico, aspecto que no fue fácil en las ins­tancias vaticanas. El ya excesivo número de órdenes religiosas, muchas de ellas necesitadas de reforma, había frenado la aprobación de otros institutos aunque no fueran de carácter propiamente «religioso». Además, Vicente tenía muy claro que la nueva fundación no había de incluirse entre los religiosos sino entre el clero secular. En el acta de asociación firmada en septiembre de 1626 por los cuatro primeros miembros se deja constancia que son unos cuantos eclesiásticos reunidos y asociados para trabajar en la catequesis y la predicación al estilo de misiones y para preparar la confesión general del pobre pueblo del campo.

El 24 de abril de 1626, la Congregación de la Misión había sido aprobada por el Arzobispo de París. En 1627 san Vicente suplica por primera vez al papa Urbano V la aprobación de la Misión. Mientras tanto obtiene aprobación del rey de Francia Luis XIII, y el reconocimiento (que no aprobación) de la recién creada Sagrada Congregación de Propaganda Fide.

En junio de 1628 vuelve san Vicente a suplicar aprobación al papa; la petición la firman los ya nueve miembros de la Compañía. El rey Luis XIII también intercede personalmente ante el papa y a través de su embajador ante la Santa Sede. De nuevo en agosto Vicente insiste a su Santidad. Como respuesta, la Sagrada Congregación de Propaganda Fide decide no aprobar la Congregación considerando que esas peticiones traspasan los términos de la Misión y tienden a la institu­ción de una nueva religión.

Los párrocos de París también se oponen a la aproba­ción de la Congregación por miedo a que los sacerdotes de la Misión acepten cargos en las ciudades del reino o interfieran, sin permiso expreso del obispo y de los párrocos, en el servicio ordinario de cada iglesia».

Será el 12 de enero del año 1633, cuando el papa Urbano VIII con la Bula Salvatoris nostri, apruebe ofi­cialmente la Congregación de la Misión —este sería ya el nombre definitivo— como instituto de derecho pontifi­cio. Como consecuencia, la Misión salía de los límites diocesanos de París hacia toda Francia, incluso con la posibilidad de ensanchar los horizontes hasta los límites del orbe, cosa que aun parece que no estaba en los planes del fundador.

Con los años se añadirán algunos aspectos a la estruc­tura de la Congregación, en particular el asunto de la emisión de los votos, que, aunque se seguirán conside­rando privados, se convertirán en obligatorios a partir del año 1655, cuando el papa Alejandro VII así lo dicte e el breve Ex commissa Nobis.

Mientras tanto llegaría una nueva actividad para el grupo misionero. Vicente personalmente, a petición del obispo de Beauvais, se había encargado de dar unos retiros a los ordenandos de aquella diócesis, para instruirlos tanto en los ejercicios de piedad como en los deberes y ministerios propios. La verdad es que había una necesidad urgente de dedicarse a formar al clero diocesano francés.

Los AMPLIOS HORIZONTES DE LA MISIÓN

En el año 1631 el Arzobispo de París daba un decreto haciendo obligatorios los ejercicios a ordenandos de la diócesis, ejercicios que se debían hacer en Buenos Hijos bajo la dirección de los misioneros del señor Vicente.

Los primeros días de 1632 el señor Vicente con doce compañeros de su joven congregación, que en total contaba unos treinta miembros, dejó el modesto colegio de Buenos Hijos para trasladarse al priorato de San Lázaro.

Al año siguiente, en la misma casa de San Lázaro se comenzó una nueva forma de trabajo en la formación de los eclesiásticos que vino a ser conocida como Conferen­cias de los Martes por celebrarse en ese día de la sema­na. Estas Conferencias reunían a lo mejor del clero de París y después del resto de provincias para tratar sobre las virtudes propias de su estado. El Reglamento especifica que la asociación se funda para honrar la vida de Nuestro Señor Jesucristo, su sacerdocio eterno, su santa familia y su amor a los pobres. Desde este amor a los pobres, Vicente orientó a los eclesiásticos a dar misiones primeramente en zonas e instituciones de París (a albañiles, artesanos, soldados, pobres hospitalizados), lo que la propia Con­gregación de la Misión no podía hacer por fundación más que en el mundo rural. En adelante las Conferencias se encargarán de misionar otras ciudades con mucho éxito: París, Metz, Cháteaudun, Dreux…

En cuanto a las actividades seguirán predominando, hasta la muerte de Vicente, las misiones rurales y los diversos trabajos para la formación del clero. La evange­lización de los pobres en general, y no sólo los del mundo rural, será una idea que unificará todo el ser de la Con­gregación.

Luisa de Marillac, estrecha colaboradora de Vicente, a partir de 1629 va dedicándose por entero a las Caridades que se han ido fundando en los pueblos misionados, y a las que ella misma establece en las parroquias de París. Vicente y Luisa, inspirados por el Espíritu, pondrán en marcha una nueva cofradía, integrada por buenas muchachas del campo, deseosas a la vez de servir a los pobres y de ser de Dios. La primera fue Margarita Naseau; después fueron llegando muchas otras. El 29 de noviembre d 1633, Vicente accede a que se reúnan en casa de Luisa de Marillac. Nace la Compañía de las Hijas de la Caridad. En los años siguientes, Vicente y Luisa, atentos al paso de la Providencia, irán conformando el carácter propio de esta nueva forma de vida en la Iglesia.

A partir del año 1634 y hasta su muerte, Vicente tiene prácticamente perfilada la Misión. La atención a los pobres está asegurada desde frentes diversos bien estructurados.

El P. J. Morin sintetiza admirablemente el cambio producido. «Si volvemos la mirada hacia atrás, veremos en agosto de 1617 a un Vicente cuyos horizontes estaban fijados en la pequeña parroquia rural de Chátillon-les Dombes. Al año siguiente su territorio pastoral se extiende a todas las tierras de los Gondi y, diez años más tarde el 1 de agosto de 1628, escribe al papa Urbano VIII hablándole de los trabajos de sus primeros misioneros: «Cumplen su piadoso ministerio con gran éxito, gracias a la ayuda de Dios, no sólo en las villas y aldea situadas en las tierras del mencionado señor y señora fundadores [los Gondi], tierras que tienen que evangelizar cada cinco años, sino además en otras muchas partes de este reino de Francia, como en los arzobispados de París y de Sens, en los obispados de Chálons en Champagne, de Troyes, Soissons, Beauvais, Amiens y Chartres, donde ejercen sus funciones para el mayor bien del pueblo pobre…».

Y después del reino de Francia, serán Italia, Polonia, Irlanda, Argelia, Túnez y finalmente Madagascar en 1648.

Ciertamente, durante el último tramo de su vida, el impulso misionero de Vicente encuentra su campo de responsabilidad y de acción: TODOS los pobres, ALLÍ donde estén:

  • En 1635, Vicente de Paúl funda en Toul la prime­ra casa de la congregación de la Misión fuera de París.
  • En 1636, Vicente envía quince misioneros en cali­dad de capellanes del ejército francés».
  • En 1638, envía a los miembros de las Conferencias de los Martes a misionar Saint Germain des Pres y la Corte. Funda las casas-misión de Richelieu, Troyes y Luçon.
  • En 1639, organiza el socorro a Lorena y las misio­nes a los loreneses refugiados en París, en el Hótel Dieu. Envía ayudas y misioneros para los galeotes.
  • En 1641, comienza a funcionar la casa-misión de Annecy y se da permiso a Luis Lebreton para fundar en Romalw.
  • En 1643, muerto Luis XIII y siendo Ana de Austria regente durante la minoría de edad de Luis XIV, Vicen­te es nombrado miembro del Consejo de Conciencia (cargo en el que permanecerá hasta 1653). Vicente tiene un nuevo campo de misión para buscar la voluntad de Dios y el bien del pueblo pobre de Francia. En el mismo año 1643, los misioneros dan en Roma sus pri­meros ejercicios a ordenandos; en Marsella se predican misiones en las galeras; se fundan las casas-misión de Cahors, Marsella y Sedán.
  • En 1644, tiene lugar la fundación de las casas de Saintes y Montmirail, y hay un proyecto de fundación en Barcelona.
  • En 1645 llegan los misioneros a Túnez.
  • En 1646 llegan los misioneros a Argel e Irlanda.
  • En 1648, por sugerencia de Propaganda Fide a tra­vés del nuncio en París, el señor Vicente toma la misión de Madagascar como algo que Dios deseaba que asumie­ra su pequeña compañía misionera. La fundación de la Misión de Madagascar fue para Vicente una etapa muy importante y una revelación comparable a la de Folléville o Chátillon. Su caridad toma las dimensiones de la Iglesia y del mundo de los pobres.
  • En 1651, se establece la Misión en Limerick (Irlan­da) y llegan los primeros misioneros a Polonia y Escocia. Ese mismo año se fundaban en París las Misiones Extran­jeras.
  • En 1658, se establece la Misión en Metz.
  • En 1660, las Hijas de la Caridad, en número de 170, están establecidas en 60 comunidades en territorio francés más una en Polonia y sirven en 74 establecimientos.

 

«¡QUÉ DICHA PARA UN MISIONERO MORIR CON LAS ARMAS EN LA MANO!»

La semblanza que se desprende de los datos analiza­dos corresponde a un hombre concreto, un hombre de experiencia, que necesita ver, mirar, para analizar y emprender, y que va asumiendo apasionadamente y hasta las últimas consecuencias cada una de las opciones de su vida.

Siente que la caridad de Cristo le empuja y que está llamado a prolongar su misión. Sin detenerse a tomar aliento, continúa, imperturbable, animado sólo por el Espíritu. Desea morir con las armas en la mano. Seis años antes de su muerte, escribe a un sacerdote de la Misión, entusiasmado por los éxitos de un compañero:

«He de decíroslo con toda sencillez, que eso me da tan nuevos y grandes deseos de poder, en medio de mis achaquillos, ir a terminar mi vida cerca de un zarzal, trabajando en alguna aldea, que me parece sería dicho­so, si pluguiese a Dios concederme esta gracia».

El Señor quiso disponerlo de otro modo. Le llamó a la Misión del cielo, sentado en su silla y rodeado de los suyos, al amanecer del 27 de septiembre de 1660. Poco antes había muerto el señor Portail, último misionero que quedaba con vida de los tres que firmaron junto a Vicente el Acta de Asociación. Había muerto también Luisa de Marillac (15 de marzo). Quedaban vivas, como herencia, la Misión y la Caridad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *