Vicente de Paúl, un cristiano revestido del espíritu de Cristo (V)

Mitxel OlabuénagaEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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  1. VICENTE DE PAÚL Y SU IRRADIACIÓN EN LA IGLESIA

Si es cierto que «el espíritu de Jesucristo está extendido por todos los cristianos que viven según las reglas del cristianismo y sus acciones y sus obras están penetradas del espíritu de Dios», hemos de procurar reflejarlo en razón de nuestro propio ser en la Iglesia. Puso el fundador tanto empeño en que sus fundaciones aprendieran la lección sustancial del revestimiento del espíritu de Jesucristo evangelizador de los pobres, que produjo un impac­to realmente contagioso; y no sólo en los que le oyeron y trata­ron sino en las generaciones futuras, que se inspirarían y partici­parían en su carisma y espíritu.

El secreto de su eficacia radicaba en el espíritu de fe y de amor con que hablaba y obraba. El Hno. Bertrand Ducourneau, secretario del Sr. Vicente, destacó la importancia capital de vivir el espíritu del santo fundador: «Es importante —escribe en sus Memorias— que las charlas del señor Vicente se perpetúen en la Compañía, para que, si Dios quiere mantenerla, descubran en todo tiempo y a todas las naciones cuál es el espíritu de este hombre apostólico, que será tanto más apreciado cuanto más semejante parece al espíritu evangélico; y esta estima, necesaria para los fundadores de las comunidades, contribuirá notable­mente a multiplicar y a santificar la nuestra».

Otro testigo, Jacques-Bénigne Bossuet, obispo de Condom y más tarde de Meaux, y miembro destacado de las Conferencias de los Martes, consideraba a los misioneros «dichosos de poder ver y oír todos los días a un hombre tan lleno de Dios».

Lo que viene a continuación, entiéndase como un simple complemento del tema presentado y como irradiación del espíri­tu vicenciano en la posteridad. Fue en torno al año 1990 cuando dejó de emplearse la expresión «doble familia», referida a la Congregación de la Misión y a las Hijas de la Caridad, para com­prender «una Gran Familia Vicenciaana», con distintas ramas que participan de la misma savia o espíritu.

En 1995 ofrecía José María Román el siguiente criterio para saber quiénes son y quiénes forman parte de ella: «En sentido amplio, pertenecen a la Familia Vicenciana todas aquellas insti­tuciones que de modo directo o indirecto se inspiran en san Vicente a la hora de fijar sus fines o definir su fisonomía espiri­tual… En sentido estricto, la Familia Vicenciana se restringe a aquellas congregaciones o asociaciones que o bien deben su nacimiento a la iniciativa directa del propio san Vicente o cual­quiera de sus sucesores, o han declarado explícitamente su voluntad de sentirse descendientes espirituales suyos».

Después de Román, se expresarán en el mismo sentido otros autores. El Documento final de la XXXIX’ Asamblea General de 1998 aclaraba: «La expresión Familia Vicenciana no debe ser entendida en sentido jurídico-canónico, sino como un término pastoral. Con la expresión Familia Vicenciana pretendemos refe­rirnos al conjunto de congregaciones, organismos, movimientos, asociaciones, grupos y personas que, de forma directa o indirec­ta, prolongan en el tiempo el carisma vicenciano, fundados directamente por san Vicente de Paúl o que encuentran en él la fuente de su inspiración y dedicación al servicio de los pobres».

Figuran como obras directas de Vicente de Paúl: La Cofradía de la Caridad, de 1617, llamada hoy Asociación Internacional de Caridad (AIC); la Congregación de la Misión (C.M.), de 1625 y la Compañía de las Hijas de la Caridad (H.C.), de 1633. De este viejo tronco nació un árbol frondoso extendido hoy por todo el mundo.

Nuevas investigaciones están demostrando que la semilla de la Misión y Caridad plantada por san Vicente de Paúl ha germi­nado y extendido hoy tanto que difícilmente puede abarcarse de un solo golpe de vista. Cada día aparecen ramas nuevas que demuestran su vigor y actualidad. Según las necesidades de cada tiempo y lugar, el Espíritu se encarga de dar nacimiento a comu­nidades y movimientos apostólicos que tienen su inspiración remota o próxima en el carisma y espíritu vicenciano. En la Carta a los Visitadores de la C.M., del 1 de octubre 1996, el P. Maloney no dudaba en afirmar: «Nuestra Familia Vicenciana tiene en todo el mundo más de 2.000.000 de miembros. Puede ser una enorme fuerza al servicio de los pobres».

Se consideran ramas nacidas del tronco vicenciano: La Socie­dad de San Vicente de Paúl (SSVP,), de 1833; Juventudes Maria­nas Vicencianas (JMV), de 1847; la Asociación de la Medalla Milagrosa (AMM), de 1909; los Misioneros Seglares Vicencianos (MISEVI), 2001.

Pero no son éstas las únicas ramas, existen otras muchas que están injertadas en el árbol de Vicente de Paúl. Según Sor Betty Ann McNeil, «componen la Familia Vicenciana 268 instituciones, de las que 239 son Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, 21 son Asociaciones laicales y 8 son Congrega­ciones Anglicanas. De todas estas instituciones perviven 165».

Permítanme que de esta multitud de instituciones nombre, al menos, algunas más relacionadas con nosotros, unas extranjeras y otras de origen español. Entre las primeras están: Las Herma­nas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret, antigua Hija de la Caridad, que funda en Besangon (Francia), el 11 de abril de 1799, bajo la protección de san Vicente de Paúl su Congregación religiosa. Juana Antida hubo de dejar la Compañía a causa de la revolución, aunque continuara su vocación caritativa. Su Con­gregación, aprobada el 23 de julio de 1819 por el Papa Pío VII, lleva todos los rasgos de una auténtica obra vicenciana. Ella quiso agregarla a la Compañía de las Hijas de la Caridad, pero el obispo de Besangon, Mons. Le Coz, se opuso. Juana Antida fue canonizada por el Papa Pío XI el 14 de enero de 1934.

La Federación de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana Isabel Seton. La fundación se debe a Ana Isabel Seton en Emmisburgo, en 1809, que recibió primero el nombre de Herma­nas de la Caridad de San José. Por medio de los PP. Sulpicianos obtuvieron las Reglas Comunes de las Hijas de la Caridad de París. Isabel Ana Bayley Seton fue canonizada el 14 de septiem­bre 1975 por el Papa Pablo VI.

Los Religiosos de San Vicente de Paúl (RSVP), fundados en 1845 por Jean-Léon Le Prévost, antiguo miembro de las Confe­rencias de San Vicente de Paúl, fue ordenado sacerdote el 22 de diciembre de 1860. Formado en la escuela de san Vicente de Paúl y de san Francisco de Sales, Le Prévost participa de la espi­ritualidad de ambos, sobre todo del primero por su entrega a la caridad con los pobres. Llamados, primero, Hermanos de san Vicente de Paúl, luego fueron aprobados como Congregación de Religiosos de san Vicente de Paúl, naciendo y desarrollándose sobre todo en Francia, en 1884.

La Compañía de la Pasión de Jesús Nazareno, fundada en 1865 por el Beato Marco Antonio Durando, C.M. y Luisa Bor-giotti, en Turín, será conocida con el nombre de Hermanas Nazarenas. En 1901, la comunidad de las Nazarenas es «afilia­da» a la de las Hijas de la Caridad de san Vicente de Paúl. El ser­vicio a los enfermos, tanto a domicilio como en hospitales públi­cos, y otras misiones apostólicas, como la desarrollada en Madagascar, hacen que estén consideradas parte de la Familia Vicenciana.

Los Hijos de la Caridad (FC), Instituto fundado por el sacer­dote Juan Emilio Anizam, fue aprobado por el papa Benedicto XV el 25 de diciembre de 1918. Anizam, al cumplir los 18 años, entró a formar parte de las Conferencias de San Vicente. En 1910 era nombrado Superior General de los Hermanos de San Vicen­te de Paúl.

Junto con Teresa Jolly funda la Congregación de las Auxilia­doras de la Caridad, el 15 de diciembre de 1926, misioneras con­templativas para la evangelización del mundo obrero y popular57.

Entre las congregaciones de origen español es obligado men­cionar a las Hermanas de la Caridad de san Vicente de Paúl, fundadas en 1798 por el sacerdote mallorquín Antonio Roig y Rexach, en Felanitx. Don Antonio conocía bien la doctrina y obra de caridad de san Vicente de Paúl. Las Hijas de la Caridad, que hacía poco habían llegado a España, serán el modelo espiri­tual y apostólico de sus Hermanas de la Caridad en Mallorca. De ahí que éstas profesen una gran devoción a san Vicente y a santa Luisa y a todo lo relacionado con la Virgen de la Medalla Mila­grosa.

Las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, congregación fundada en 1804 por María Ráfols Bruna y el sacerdote Juan Bonal en Zaragoza, se distinguió por el cuidado de los enfermos durante la guerra de la Independencia. Se considera el 28 de diciembre de 1804 el día y año de la fundación. La dedicación a los enfermos y el espíritu que las anima les hace muy próximas a las Hijas de la Caridad. Sor Manuela Lecina, H.C. contempo­ránea de Madre Ráfols, solía parar junto a ella en Zaragoza, en sus desplazamientos de Madrid a Barbastro. En sus conversacio­nes no faltó el tema de las Reglas Comunes, tomando buena nota Madre Ráfols del espíritu y costumbres de las Hijas de la Caridad. Hubo intentos de unirse con las Hijas de la Caridad en momentos de crisis de la Hermandad de Caridad, pero no logra­ron fraguar. El Papa Juan Pablo II declaró beata a María Ráfols el 1 de octubre de 1994.

Las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación (NSC) fueron fundadas en 1857 por María Rosa Molas y Vallvé en Tortosa (Tarragona). María Rosa Molas había sido Hija de la Cari­dad en Reus. Como subscribe la historiadora María Esperanza Casaus, copiando al P. Vargas C.M.: «Las Hermanas de la Con­solación son un vástago del viejo tronco de la caridad organiza­da por san Vicente de Paúl». El nombre de la Congregación proviene del «consuelo» y solidaridad que procuran suscitar las Hermanas en los enfermos. Rosa Molas fue beatificada el 8 de mayo de 1977 por el Papa Pablo VI.

En 1875 nacían las Hermanas de la Compañía de la Cruz, Compañía fundada en Sevilla el 2 de agosto de 1875 por Ángela Guerrero González, más conocida con el nombre de Angela de la Cruz. Ángela Guerrero había pertenecido a la Compañía de las Hijas de la Caridad, de la que salió por enfermedad, pero conser­vando de ellas el espíritu de sencillez y caridad para con los pobres, propio de las Hijas de san Vicente de Paúl. El Papa Juan Pablo II la canonizó el 4 de mayo de 2003 en la madrileña Plaza de Colón.

Finalmente, las Misioneras de María Inmaculada, Siervas de las Obreras, son fundadas por María Francisca Ramón y Muñoz de Bustillo el 4 de mayo de 1952, en Madrid. Sor María Francis­ca había sido Hija de la Caridad durante 28 años, hasta que sin­tió el carisma de fundadora de la nueva Congregación. El espíritu que le había mantenido fiel a Jesucristo y a sus compromisos con los pobres, durante su permanencia en la Compañía de las Hijas de la Caridad, es el mismo que viven hoy sus hijas espiri­tuales.

CONCLUSIÓN

Sin duda alguna, la Familia Vicenciana del futuro depende del esfuerzo que hagamos hoy por dejarnos transformar por el Espíritu. A fuerza de ser coherentes, es obligado concluir con la exhortación paulina: «Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu» (Ga 5, 25). Poco importan las contrariedades que sobrevengan, porque el amor es más fuerte que la muerte. Dios cuidará de su obra si somos fieles a su designio; de lo contrario, se desvanecerá ella sola y otros vendrán a ser y a hacer lo que nosotros dejamos de realizar por falta de espíritu cristiano y misionero.

Antonino Orcajo

CEME 2011

 

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