VICENTE DE PAÚL EN CHATILLON (II)

Mitxel OlabuénagaEn tiempos de Vicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: .
Tiempo de lectura estimado:

LA SITUACIÓN RELIGIOSA Y SOCIAL DE CHÁTILLON A LA LLEGADA DE VICENTE

A la llegada del nuevo párroco en 1617 Chátillon contaba con unas 200 familias, alrededor de 1.200 habitantes, bautizados la mayor parte y practicantes en la Iglesia Católica. Había también un pequeño grupo de 28 familias de confesión reformada, unas 160 personas. Vicente de Paúl consiguió en su breve estancia en Chátillon la conversión al catolicismo de algunas de esas personas, pero con toda seguridad no la de Jean Beynier, en cuya casa se hospedó Vicente por un corto tiempo antes de poner su residencia en la casa parroquial, adherida a la de Beynier y necesitada de alguna repara­ción cuando llegó a Chátillon. Pero no estaba de ninguna manera en minas la casa parroquial, ni tampoco el templo parroquial, como se lee en muchas biografías y lo describe tan gráficamente, y con tan poca fidelidad a la historia, el film «Monsieur Vincent».

Decíamos que no hay que contar la conversión de Beynier al catolicismo como obra de Vicente por la sencilla razón de que el presunto converso fue bautizado en la Iglesia Católica, como consta en los libros de bautismos existentes en Chátillon desde 1573, y de que nunca abandonó la Iglesia. Beynier es además uno de los testigos firmantes de la toma de posesión de la parro­quia por parte de Vicente (X, 51), un hecho que en aquellos tiem­pos difícilmente se hubiera permitido a un no católico.

La parroquia de Chátillon contaba ordinariamente con los ser­vicios de un párroco ayudado por un vicario. El informe de los vecinos de 1664 nos dice que al llegar Vicente la parroquia esta­ba vacante por defunción del párroco anterior, el señor Soyront (X, 52). Este es el primer error de ese informe, pero no el último; consta por documento oficial (X, 47) que el párroco anterior, Jean Lourdelot había resignado su cargo en manos del arzobispo de Lyon, posiblemente por sugerencia del mismo arzobispo, con la idea de dejar el puesto libre al sacerdote recomendado por Bérulle. El documento, que no especifica a favor de quién se hace la renuncia, está firmado en la casa de los oratorianos de Lyon el 19 de abril de 1617 (X, 48 —CEME— dice por doble error de imprenta «diez de abril de 1017»).

Había también en la villa un pequeño número de sacerdotes conocidos como «societarios». Estos no tenían competencias pastorales concretas en la parroquia, aunque a veces también bau­tizaban, pero estaban obligados al rezo en coro y a decir las misas de fundación en las diversas capillas de la iglesia parroquial. Lejos de ser estos sacerdotes escandalosamente indignos, tal como los suelen describir las biografías, consta por testimonio de alabanza del arzobispo en su visita pastoral habida en 1614, sólo tres años antes de la llegada de Vicente, que cumplían fielmente sus obliga­ciones y llevaban vidas dignas de clérigos. Y no se piense que el dicho arzobispo lo vería así porque tal vez el mismo sería a su vez un alto clérigo de «manga ancha» y costumbres dudosas, cosa no del todo extraña en aquel tiempo. Al contrario, era de ánimo refor­mador, y fue además el mismo arzobispo que, aunque amigo per­sonal de san Francisco de Sales, le obligó a que encerrara en clau­sura estricta a las monjas de la orden de la Visitación que el santo había fundado poco antes con una forma de vida algo menos exi­gente que la clausura femenina común en aquel tiempo.

El estado religioso del pueblo recibe también en el informe de la visita pastoral un juicio positivo que se compara ventajosa­mente con el estado religioso de pueblos cercanos. La población de Chátillon estaba formada en su conjunto por una feligresía de cristiandad, en la que prácticamente todos recibían el bautismo al poco de nacer, acudían regularmente a misa los domingos y recibían los demás sacramentos a su debido tiempo. En Chátillon la presencia y la influencia de los reformados fue mucho menor que en las localidades vecinas. No se dieron apenas en Chátillon de manera tan aguda las rivalidades religiosas que tanto daño hicieron a la Iglesia y a la paz social en otros muchos lugares de Francia en aquel tiempo.

La comuna cuidaba de manera regular, con repercusión sobre los presupuestos municipales, de los casos extremos de pobreza y abandono social, tal como el de los niños sin familia. Mante­nía a sus expensas un pequeño hospital dentro de las murallas de la población, y otro fuera de ellas para los afectados por enfer­medades contagiosas.

Éste es a grandes rasgos el panorama religioso y social que se encontró Vicente a su llegada a Chátillon en cuaresma o en julio de 1617. La más temprana descripción de la actuación de Vicen­te en los nueve o los cinco meses en que estuvo allí se la debe­mos a su primer biógrafo, Abelly. Lo que dice en ella se parece muy poco a la descripción de la misma actuación dada por los vecinos, ni tampoco a lo que dicen la mayor parte de las biogra­fías posteriores, comenzando, como se dijo arriba, por la segun­da edición de la biografía del mismo Abelly.

Asi resume Abelly en la primera edición la actuación de Vicente en Chátillon: «Marchó a ese lugar de Chátillon, y habiendo llegado allí, una de las cosas primeras que hizo fue animar a cinco o seis eclesiásticos que encontró allí a vivir jun­tos en una especie de comunidad, para de este modo darse con mayor perfección al servicio de Dios y de su Iglesia. Eso hicie­ron convencidos por él, y han seguido haciéndolo durante mucho tiempo después, con gran edificación de toda la parro­quia. Se dedicó también a trabajar con su celo acostumbrado en la instrucción de la población y la conversión de los pecadores, por medio de la catequesis y exhortaciones públicas y privadas, lo cual hizo con un gran fruto. No se olvidó de los pobres y de los enfermos, y les procuraba todo tipo de consuelo y de asisten­cia, y se dedicó con gran bendición a la conversión de algunos herejes, como diremos más adelante».

Así se expresa Abelly en el capítulo 9 del primer libro de su obra. Tal como lo anticipa al final de ese resumen que acabamos de citar, dedica el capítulo 11 al tema de los herejes convertidos por su acción, de los que nombra dos casos. El primero es el del ya mencionado señor Jean Beynier, del que dice Abelly que era «nacido de padres herejes que lo habían instruido con el mayor esmero en sus errores». Pues bien, las investigaciones en los ar­chivos de Chátillon no dejan lugar a dudas de que entre los muchos Beynier de esa localidad no hubo jamás uno solo que no estuviera bautizado en la Iglesia Católica y no permaneciera fiel a ella. En cuanto al Beynier mencionado por Abelly, ya dijimos arriba que hizo de testigo en la toma de posesión de la parroquia por parte de Vicente. Los otros reformados mencionados por Abelly como convertidos por influencia de Vicente lo fueron efectivamente, tal como uno de ellos lo atestigua en carta escri­ta a Vicente de Paúl cuarenta años después (III, 31). Se trataba nada menos que de siete hermanos de la familia Garron. En cuanto al padre, lejos de dejarse convertir, denunció a Vicente ante los tribunales y murió de pesar al ver los nuevos rumbos religiosos de sus hijos.

Otro tema que menciona Abelly es el de la atención a enfer­mos y a pobres por parte de Vicente. Lo menciona como de paso en el capítulo 9, pero luego le dedicará todo un capítulo, el 10. En este último se narran las circunstancias de la creación de la pri­mera Cofradía de Caridad parroquial. A este tema de la acción de Vicente de Paúl en Chátillon dedicamos las páginas que siguen.

Jaime Corera

CEME, 2008

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.