30 marzo 1648
Vicente de Paúl, superior general de la congregación de la Misión, a nuestros queridos hermanos en Cristo Carlos Nacquart y Nicolás Gondrée, salud.
Puesto que, según las reglas de nuestro instituto, estamos obligados a atender con esmero a la salvación de las almas en cualquier sitio adonde Dios nos llame, sobre todo en los lugares donde hay mayor necesidad y faltan otros operarios evangélicos, y sabiendo que en las Indias, especialmente en la isla de Madagascar, llamada también de San Lorenzo, hay una gran penuria de operarios y es muy abundante la mies, tanto de católicos que necesitan afianzarse en la fe como de gentiles que son llamados al catolicismo, habiéndonos suplicado y rogado que atendamos a esta misión el ilustrísimo y reverendísimo señor nuncio apostólico ante nuestro rey cristianísimo y los honorables señores encargados de los asuntos temporales de las Indias por convenio con el rey cristianísimo, deseando obedecer a esta invitación divina y confiando en vuestra piedad, doctrina, experiencia y celo de las almas, os destinamos y os enviamos por las presentes a dicha isla y a las demás partes de la India para que, según las funciones de nuestro instituto, os dediquéis a la salvación de las almas con todas vuestras fuerzas, ayudados por la gracia de Dios. Por lo cual, les rogamos a nuestros señores prelados, párrocos y demás superiores de las diversas iglesias que os permitan a los dos o a cada uno de vosotros celebrar la santa misa, administrar los sacramentos de la eucaristía y de la penitencia, especialmente a las personas que se trasladan con vosotros a dicha isla y desempeñar todas las demás funciones de nuestro instituto, una vez que les conste que estáis libres de toda censura eclesiástica. Además, rogamos a todos los reyes, príncipes, virreyes, gobernadores, alcaldes, guardias de fronteras, policías de ciudades, caminos y puertos marítimos, que se dignen concederles su favor y permiso para ir y volver con libertad y seguridad, por amor a aquel que es Rey de reyes, Señor de los que dominan, al que entretanto elevamos nuestras devotas preces por su felicidad y la prosperidad de nuestra congregación.
En fe de todo lo cual firmamos y sellamos con nuestro sello las presentes.
Dado en París, el tercer día antes de las calendas de abril del año 1648.







